Saroa Bikandi: «La afición por la lectura nace del placer de la experiencia literaria»

  • Saroa Bikandi: «La afición por la lectura nace del placer de la experiencia literaria»
    (Foto: Asun Agiriano)

En el contexto del Día Internacional del Libro, el Observatorio Vasco de la Juventud presentó datos sobre los hábitos de lectura de la juventud. Más allá de lo numérico, en Kulturklik hemos querido ahondar en los hábitos literarios y sus implicaciones, con la ayuda de Saroa Bikandi. Especialista en literatura infantil, entiende su trabajo como una intermediación entre las personas y la literatura, y como tal lo desarrolla junto a su compañero Peru Magdalena, a través de diferentes talleres y actividades. 

 

Hace ya algunos años que trabajas en el ámbito de la literatura infantil. ¿Cómo empezaste? ¿Cuáles fueron tus inicios en ese mundo?

Anteriormente había estado en una asociación cultural, y, gracias a eso, tenía conocimiento de las actividades que se programaban en las bibliotecas. Cuando fui madre dejé el trabajo; después empecé a realizar sesiones de cuenta-cuentos en bibliotecas, por mi cuenta o con ayuda puntual. Nada más empezar me di cuenta de que no quería limitar mi trabajo a la actividad de cuenta-cuentos; quería dar una continuidad a la relación especial que surgía con los niños y niñas, padres y madres; quería sacarle más provecho. Profundizar en la afición por la lectura de los niños y niñas, ser parte de ello. Así arrancó nuestro primer proyecto: “Liburuen poltsa” - “La bolsa de libros". El proyecto es una especie de club de lectura dirigido a familias. Tiene una continuidad a lo largo del año -canto, cuentos, juegos de palabras o poemas, entre otros- y trabajamos la literatura infantil. Empezamos con este proyecto hace seis años.

En aquella misma época, yo tenía también otra idea en mente, desde que hice un curso de masaje infantil y en torno a la filosofía llamada Cuentos sobre la piel. Con todas esas ideas en la cabeza, partiendo desde mi experiencia personal, surgió «Azalerako ipuinak» (Cuentos sobre la piel), sesiones que combinaban el masaje y la literatura dirigidas al público infantil. La acogida fue muy buena. Este proyecto nos ha aportado algo maravilloso. Ha sido todo un regalo para mí.

Afortunadamente, en nuestro país existe una rica tradición oral, y se está trabajando mucho por recuperarla. Nuestras herramientas son la piel y la palabra. La experiencia que se comparte con los padres y madres es muy enriquecedora. Se dan cuenta de que los niños y niñas están deseando sentir nuestra piel y escuchar nuestra voz, y tanto los padres y madres como los niños y niñas disfrutan mucho de esa maravillosa conexión. Es una experiencia emocionalmente muy enriquecedora, y trabajamos esa oralidad que los niños y niñas tanto necesitan.

 

(Material gráfico del programa "Azalerako ipuinak")

 

Los dos proyectos mencionados tienen a la infancia como eje fundamental. En esa línea, ¿hay alguna edad adecuada para sumergirse en el universo de la literatura?

Cualquier edad es buena, desde que los niños y niñas empiezan a comunicarse (antes de nacer), hasta que nos hacemos mayores. Pero la experiencia literaria la podemos tener antes de comenzar con la lectura.

En mi trabajo de fin de máster en Literatura Infantil he analizado la experiencia del proyecto «Azalerako ipuinak», con el objetivo de buscarle una justificación teórico-científica a esa idea. El cuerpo y la lengua mantienen una estrecha relación. La oralidad, el contacto físico, las caricias y los juegos son de gran ayuda en el desarrollo cognitivo, psicológico, emocional, sensorial y motriz. Los arrullos y la oralidad, en general, tienen una gran influencia en las primeras etapas de la infancia, pero la relación entre el cuerpo y las palabras también es muy evidente, y tiene una gran importancia para la interiorización del lenguaje, que vendrá después -incluido el lenguaje literario-. Si desarrollamos bien ese proceso, los niños y niñas tendrán una predisposición muy positiva hacia la lectura. Esto no quiere decir que todos los niños y niñas que hayan tenido estas experiencias se vayan a aficionar a ella, pero, de una forma natural, habrán tenido una experiencia literaria, antes incluso de comenzar a leer.

Los niños y niñas necesitan la narración oral antes de relacionarse con el texto; necesitan alimentar el lenguaje, para obtener un mayor nivel de comprensión, para comprender la estructura de la historia, para interiorizarla. Una simple estructura que se repite, por ejemplo, funciona muy bien, y es, a fin de cuentas, la base de la literatura.

Pero sí quisiera dejar claro que la motivación de las personas adultas resulta imprescindible. Y que hay que dedicarle tiempo. La motivación no viene sola, sino al darnos cuenta de la importancia de la experiencia. A menudo acuden a nuestras sesiones personas que han apuntado a sus hijos/as porque también venían sus amigos, o por algún otro motivo. Y se llevan una gran sorpresa, porque reciben una respuesta inmediata por parte de sus hijos e hijas, y ante ellos se abre un nuevo mundo. El desarrollo de la oralidad exige una comunicación por ambas partes. Además, en ese sentido, contribuimos al entendimiento mutuo entre generaciones y entre conocimientos; intentamos entender los conceptos de los demás, y, por último, nos introducimos en la literatura.

 

 

Siguiendo con este planteamiento, ¿cuándo podemos empezar a transmitir la literatura? Podemos empezar desde muy pequeños, y es lo más conveniente. Pero en caso de empezar más tarde, también tendremos una respuesta. Los niños y niñas tienen una necesidad de comunicación, necesitan el lenguaje para empezar a vivir, para relacionarse... Los relatos son de gran ayuda para conocer el mundo. Y no importa cuándo, porque la cuestión es que los están deseando. Se puede hacer la prueba: Dad la oportunidad a niños y niñas de 9, 10, 11 años: acerquémonos a ellos, compartamos la experiencia de la literatura, vivámosla. Sin duda, se mostrarán sedientos de lenguaje, sentirán el deseo del relato.


Para promover la afición por la lectura es fundamental la cercanía y la disposición de la familia, pero, ¿Qué conocimientos tenemos las personas adultas sobre este tipo de producción literaria? ¿Qué recursos u opciones tienen las familias para trabajar ese ámbito?

Los recursos están al alcance de todos, y las personas que estén motivadas y le dediquen un tiempo, los encontrarán. Pero insisto, hay que dedicarle tiempo, hay que cultivar esas inquietudes. Si tenemos que mencionar un recurso, este serían las bibliotecas municipales, sin duda. Las bibliotecas que tienen sección infantil, por supuesto. Y en este punto me gustaría reivindicar la figura de bibliotecarios y bibliotecarias de bibliotecas infantiles, que son quienes conocen la literatura infantil y le dedican tiempo.

Hay una gran diferencia entre las bibliotecas que tienen estas figuras y las que no las tienen. Si no hay una persona encargada, podemos tener un rincón de literatura infantil, con un montón de libros a nuestra disposición. Pero el servicio acaba ahí. Las personas encargadas del departamento infantil nos aconsejan, nos ayudan a elegir, realizan un gran trabajo de intermediación. Esta es una figura que no está muy extendida entre el personal de las bibliotecas, pero que deberíamos empezar a defender y a exigir. Las bibliotecas infantiles deberían contar con una persona especializada en el tema; puesto que así la relación que se establece entre el servicio y las familias es mucho más fluida, y la participación en las actividades es mucho mayor. Una persona con este perfil aporta estabilidad a la relación, y los padres y madres acceden con mayor facilidad a las actividades y servicios ofrecidos por la biblioteca.

 

Por otro lado, la oferta de literatura infantil que hay en el mercado es muy amplia. ¿Qué criterios debemos seguir para realizar una buena elección?

Aquí, como en el caso de las bibliotecas, la clave es ir a la librería, donde una persona especializada nos podrá aconsejar. De lo contrario, corremos el riesgo de no acertar en nuestra elección. Nuestro objetivo es encontrar literatura de calidad.

En este sentido, debemos preguntarnos, como lectores, qué es lo que le pedimos a la literatura. Para nosotros y para aquellas personas a quienes queremos acercar al mundo de la literatura. Debemos estudiar nuestro propio punto de vista, para saber hasta qué punto podemos ser «censuradores» (seamos honestas, casi siempre los somos). Este punto de vista lo trabajamos en los talleres sobre literatura infantil. A menudo, pedimos un único uso a la literatura (la explicación pedagógica de una situación difícil). Pero podemos darle alguna vuelta más. Como padres o amigos intermediarios, podemos plantearnos una pequeña reflexión en este camino de promoción de la literatura, dedicarle algo de tiempo, buscar información y prepararnos un poco, para que nos sea más fácil sumergirnos en el mundo de la literatura infantil. Eso es lo que podemos trabajar como personas adultas, para sentirnos más cómodas en este quehacer, más empoderadas.

 

(Material gráfico del proyecto "Liburuen poltsa")

 

Por otro lado, el desarrollo tecnológico está teniendo una gran repercusión en los contenidos y materiales que existen al alcance de niñas y niños. ¿Cuál es el ámbito que reservamos a la literatura en este contexto? ¿Cómo podemos trabajar ese tema en casa?

El uso que cada uno hace de las tecnologías es algo muy personal. Pero podemos decir que hoy en día existe la literatura digital, que utiliza textos e ilustraciones de gran calidad, para el entretenimiento. Hay muchas aplicaciones, en las cuáles tenemos al alcance de la mano una literatura de calidad, aunque aún haya poco material en euskera. La asociación Galtzagorri está en ello, trabajando en la creación de contenidos de calidad para el entorno digital. Podemos encontrar herramientas muy interesantes, pero las personas intermediarias tenemos todavía mucho que aprender sobre esto. Es un camino que queda por recorrer, está claro. Yo me voy a formar en ese tema, por ejemplo.

No podemos hacer caso omiso a la realidad digital, debemos entenderla como reto. Hay un mundo nuevo por descubrir: podemos jugar con la tablet, leer, y jugar con la propia literatura...

Sabemos, sin embargo, que el tema del uso y del control es delicado. Y como digo, cada persona debe saber cómo gestionar las tecnologías y con qué fin... Pero ese es otro tema.


Los centros educativos son un entorno muy adecuado para trabajar la afición por la lectura. ¿Qué puntos de vista debemos priorizar en el diseño de estrategias?

En el ámbito de la educación queda mucho por hacer. Nosotros queremos crear la afición por la lectura desde el placer, pero el recorrido que ha tenido la promoción de la lectura en el sistema educativo dista mucho de esta concepción. Se han realizado intentos, pero en la mayoría de los centros educativos cuesta mucho difundir esa idea, la idea del placer. Se promueve una lectura «de peso»; libros canónicos, literarios, obras importantes... Y sin darnos cuenta, se prioriza la cantidad, y no la calidad (hablo de la calidad de la experiencia lectora, no de la calidad literaria). Echo en falta una perspectiva más amigable, y no tan académicamente estricta. Harán falta algunos años para cambiar las inercias y plantearnos unos objetivos más «creativos». Pero bueno, aunque sea lentamente, algo se ha conseguido.

Si nos paramos a pensar, hay una gran diferencia entre la educación infantil y la primaria. En educación infantil, hay muchos espacios para «contar» cosas, pero, de pronto, en la etapa de educación primaria todo eso desaparece: desaparece el cuento, desaparece el corro, desaparecen los juegos mediante relatos, desaparece el libro como objeto... Solamente se promueve un tipo de lectura. La brecha es muy grande, y, en mi opinión es una pena. La afición surge desde el placer; es la única manera. Y vuelvo a decir que no todas las personas tenemos por qué ser aficionadas a la lectura, pero está en nuestras manos ofrecer experiencias literarias de calidad, agradables, no obligadas.

 

(Maleta de libros del proyecto "Liburu ibiltariak").

 

Debemos valorar positivamente la diversidad de lectores y lectoras, debemos autorizar a todos los tipos de lectores y lectoras: aficionados al cómic, a la novela, a los libros ilustrados, a la ficción... Debemos superar los prejuicios y ampliar nuestras miras. Si a un niño, niña o persona joven no le interesa la literatura «tradicional», deberíamos dejarle leer otro tipo de literatura, quizá sin tanto texto, una literatura que trabaje la narrativa de la imagen, por ejemplo.  La lectura es amplia, diversa, adecuada para todo tipo de gustos. Aceptémoslo y permitámoslo.

Todos estos conceptos deberían insertarse en el sistema educativo, el camino debe ser ese. Si las estrategias tienen en cuenta estos conceptos, el panorama cambiará mucho. De lo contrario, será complicado. Necesitamos un cambio integral.


Tenemos algunos ejemplos exitosos, por ejemplo, el programa "Liburu ibiltariak" en el cual trabajas como consejera y dinamizadora. ¿Cómo valoras la experiencia? ¿Qué resultados está dando?

El proyecto “Liburu ibiltariak” tiene como objetivo promover la afición a la lectura de los niños y niñas de las escuelas pequeñas, mediante libros en euskera de calidad. En la página web de Galtzagorri se explica debidamente que es un proyecto que tiene dos partes: “Una parte tiene como eje unas cajas con ruedas llenas de libros. Las cajas van de escuela en escuela, y en cada centro están más o menos un mes. Se abren las cajas y se realizan sesiones de dinamización sobre los libros seleccionados con la ayuda de las personas especializadas. La otra parte del proyecto es el Servicio de Asesoría Ambulante. Mediante ese servicio, ofrecemos asesoría en los centros que fueron en su día escuelas pequeñas, y que con el tiempo han ido creciendo como centros. Los objetivos de este proyecto son la formación del profesorado, la dinamización de las bibliotecas escolares y los criterios de valoración de los libros”.

En mi caso, la experiencia está siendo maravillosa. Imagínate, llegar a una escuela y encontrarte con una «barra libre»: una caja llena de libros, ¡aprovechemos la ocasión! Es algo mágico, sacar la maleta de libros y ver cómo se enciende la ilusión en la cara de los niños y niñas. Ahí está, en su más pura expresión: el deseo, la ilusión. Es un tesoro.


Para terminar, ¿Cuáles son los retos pendientes para asentar la afición por la lectura, en las escuelas y fuera de ellas?

Más que de retos, yo hablaría de actitudes. Debemos consentir el relato, el cuento, la oralidad. Aumentar su presencia, acostumbrarnos a ella.

 

(Sesión del programa "Liburu ibiltariak")

 

Pensemos que a medida que nos vamos haciendo mayores, la literatura se convierte en algo individual. Somos los adultos los que dejamos de contar cuentos. Pero la literatura se puede compartir a cualquier edad. Los niños y niñas aprenderán a leer; y lo harán, por supuesto. Pero debemos ayudarles en esta experiencia. Ellos seguirán buscando un modelo, y puede que necesiten una mano amiga para viajar a través de los textos... Debemos estar cerca. No rompamos la cadena del relato, ni en la escuela, ni en casa.

Aceptemos, como padres, madres, adultos, profesorado, que existen muchas maneras de leer, y que son todas igual de válidas. Si lo conseguimos, habremos recorrido un gran trecho en el fomento de la afición por la lectura.

 

(Especial publicado el 30 de abril de 2019).

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