Azken Muga, artea eta natura

  • Azken Muga, artea eta natura

El collado de Zarate, entre Gipuzkoa y Nafarroa, acoge cada verano el festival Azken Muga, un espacio de celebración de la naturaleza y el arte que propone la reivindicación del espacio rural y su modo de vida a través de diversas actividades culturales. En el ecuador de su cuarta edición, Klaus Armbruster, miembro del grupo de voluntarios que lleva adelante la iniciativa, nos revela las claves de esta interesante propuesta.

 

¿Cuál es el origen del Azken Muga? ¿Cómo surgió la idea de ponerlo en marcha?

AZKEN MUGA tiene dos orígenes: uno filosófico y otro práctico. La filosofía del encuentro buscaba sacar el arte de los museos, de los sitios urbanos y devolverlo a la zona rural, al monte, ofrecerlo a un público abierto. En cuanto a la parte práctica, queríamos dar a conocer un lugar emblemático –Zarate, entre Bedaio y Azkarate, entre Gipuzkoa y Nafarroa– que con el tiempo había quedado en el olvido, escondido entre zarzas y arbustos. Se trata de un sitio con mucha historia, la del contrabando, en una frontera que la población no podía aceptar, una frontera que las autoridades querían proteger con la unidad de los Mikeletes y sus instalaciones de control. Allí nació el nombre del festival, AZKEN MUGA.

 

(Vista del hayedo de Zárate).

 

Hablamos de arte, pero nos referimos también, por supuesto, a la cultura en general: la danza, las romerías, el bertsolarismo, la música. En Zarate se juntaron los pueblos vecinos para las fiestas. Con el tiempo, con las carreteras y las fronteras artificiales este espacio se perdió. AZKEN MUGA supera simbólicamente aquella vieja frontera.


Este año estáis celebrando la cuarta edición del encuentro. ¿Cómo ha ido configurándose en este tiempo? ¿Qué recorrido ha hecho?

El festival AZKEN MUGA comporta dos ámbitos, el artístico y el cultural.

Cada verano instalamos diferentes esculturas en el monte, en la campa de Zarate. Cada año con diferentes artistas. Las exposiciones en Zaratetxea, la cabaña de Zarate, también cambian. Cada verano son tres, la última era de Paul Montague, un artista inglés afincado en Araba. La mayoría de las obras son efímeras, es decir, son de materiales naturales y se deshacen con el tiempo. También hay algunas que se quedan, como la silla gigante de Guillermo Olmo del año 2016, o el pájaro de hierro de Corne Nuham de 2017, o también la escultura sin nombre de German de los Ríos del mismo año.

Lo que se repite es el programa cultural, pero con otros protagonistas: bertso saios, danza, romerías, conciertos. Este año 2019 tenemos por primera vez una pieza de teatro en el monte, al final de AZKEN MUGA en septiembre. Están participando mucha/os artistas internacionales, de Inglaterra, Alemania, Italia, Argentina, Suráfrica, México…

 

(Actuación de una edición anterior, con la silla gigante de Guillermo Olmo, símbolo del festival, como escenario). 


Este tipo de intervenciones efímeras en entornos naturales, con gran tradición en otros lugares de Europa y el mundo, son poco habituales en Euskal Herria. ¿Qué quiere aportar Azken Muga en este sentido?

Efectivamente, el arte en Euskal Herria se centra en los museos o en las casas culturales, sin que el público lo pueda tocar. En este sentido AZKEN MUGA es un evento único, no existen actividades similares.

Normalmente, los y las artistas quieren inmortalizarse con sus obras duraderas. Crear algo que se deshace en cuatro, cinco meses… es algo especial. Solo permanecen las fotos, lo que agradecemos mucho a las autoras y los autores. AZKEN MUGA puede ser un escaparate diferente para personas con interés en este tipo de prácticas. Además, el festival permite dar a conocer a artistas emergentes.


La implicación del concepto de frontera ha sobrevolado el encuentro desde sus inicios. ¿Cómo contribuyen el arte y la cultura a generar nuevos elementos de reflexión en torno a esta idea?

Inicialmente fue más una casualidad encontrar un sitio para llevar a cabo AZKEN MUGA. El nombre casi se imponía naturalmente. Zarate es prácticamente perfecto: un hayedo precioso para cualquier actividad, una campa para la txondorra, un haya centenaria suelta para dar sombra, como la andramari de Zarate, las ruinas de la antigua frontera, y entre Nafarroa y Gipuzkoa, lado a lado, bajo la guardia del monte Balerdi.

El concepto de frontera, hoy en día, está tristemente en boca de todas. Cuando se deberían eliminar muros y fronteras, ocurre lo contrario, en Palestina, Estados Unidos, además de la frontera invisible en el mediterráneo que está resultando la más mortal de todas. Las fronteras separan lo que puede estar unido, también entre Bedaio y Azkarate, donde así ocurrió de forma artificial con las tradiciones, los encuentros, las relaciones humanas…

La última frontera, como concepto, no está específicamente presente en todos los actos, pero sí que los sobrevuela. Las obras, de vez en cuando, interpretan estas fronteras. Este año nos ocurre con el trabajo de Ana Villaseñor en México (que lo describe) o el de Elena Scaratti en Italia (que lo enreda).

Hace tiempo, los pueblos de los dos lados del alto de Zarate se reunieron para organizar las fiestas y la romería. AZKEN MUGA intenta recuperar aquellas costumbres, en todos los valles vecinos entre Amezketa, Betelu, Altzo y Lizartza.

Además, el año pasado AZKEN MUGA superó las fronteras hasta Alemania, para participar activamente en el festival artístico-cultural Kulturelle Landpartie de la región norteña Wendland. Somos diferentes y nos reunimos para superar las diferencias y buscar cosas en común, con medios artísticos y culturales, cantando, bailando, comiendo, bebiendo.

 

(Instalación escultórica de Ana Villaseñor Godoy). 


Previamente a la instalación de las diferentes exposiciones e intervenciones, artistas y vecinos conviven en este espacio natural. ¿Cómo se desarrollan sus procesos de trabajo? ¿Cuál es el ambiente?

En Azkarate tenemos un baserri alquilado que nos sirve de campo base. Allí, las y los artistas tienen un hogar para luego subir al monte y crear sus obras. Es un espacio de intercambio y buena convivencia. Vecinos y vecinas acuden puntualmente a Zarate cuando hay actuaciones concretas.

Desde luego, toda colaboración es bienvenida. Los Ayuntamientos de Betelu y Lizartza nos apoyan como pueden, con el material que tienen, mesas, sillas, cubiertos, equipos de música, salas. Este respaldo es muy importante para AZKEN MUGA.


Este año el broche al festival lo pone, una vez más, el concierto de Et Incarnatus Orkestra. ¿Qué otras propuestas destacáis en la presente edición del Azken Muga?

Sin duda, lo más destacado este año ha sido la txondorra, la carbonera que montamos antes de empezar AZKEN MUGA. Lo encendimos el día de la inauguración, el 25 de julio. Ha pasado mucha gente para verlo durante su marcha. Nos ha ayudado el último carbonero de Euskal Herria, Miguel de Beloria, de Araba. Cuidarla durante 10 días y desmontarla era tarea nuestra, nos turnamos cada noche, era un trabajo inmenso. Hemos conocido de primera mano lo que era la vida cotidiana de los carboneros en su época, en medio del monte… Ha sido una experiencia única. Algunas personas nos visitaban cada día para ver el proceso de la txondorra. Las condiciones meteorológicas no han sido muy favorables, llovía cada día, lo que dificultaba mucho el trabajo y el desarrollo del carbón, claro. Pero al final llegamos a sacar alrededor de 250 kilos.

 

(Imagen de la Txondorra realizada en la presente edición). 

 

Destacar también que este año hemos llamado a todo el mundo a crear txorimaloak, espantapájaros y ponerles en el camino desde Azkarate hasta Zarate. Ya son unos cuantos los que bordean el sendero, y a los existentes se van a unir otros más.

Efectivamente, el plan es terminar AZKEN MUGA 2019 con un concierto de Et Incarnatus, pero tristemente esa clausura está a la espera de confirmación por problemas de presupuesto. Hasta el último momento las instituciones no nos están comunicando si nos apoyan económicamente o no. De momento solo lo ha hecho el Ayuntamiento de Tolosa. Tenemos que adelantar los gastos, esperando al beneplácito institucional.


Un festival con estas características, ¿hacia dónde y cómo quiere crecer?

No nos planteamos crecer, sinceramente. Lo que queremos es repetir con un programa diferente en cada edición. Pero vamos de año en año. Es mucho trabajo y somos pocos los que organizamos todo. Hay que valorar cada edición si las fuerzas son suficientes o no. Artistas e ideas no nos faltan, la cultura vasca es rica, quedan muchos proyectos por desarrollar.

El desafío es llevar a la gente a un sitio remoto, un sitio natural magnífico, encima de un valle muy simpático, con gente que nos apoya como puede. Porque al final, cuando el tiempo nos lo permite, no todo se lleva a cabo en Zarate. Hemos celebrado diferentes actividades en Azkarate, en Atallu, en Betelu, en Altzo…, en frontones e iglesias. Nuestra intención es seguir haciéndolo.

 

(2019ko abuztuaren 20an argitaratutako Berezia).

Euskadi, auzolana