Animakom, Bilboko Nazioarteko Animazio Zinemaldia

  • Animakom, Bilboko Nazioarteko Animazio Zinemaldia

Pedro Rivero ha estado unido profesionalmente al mundo audiovisual desde los primeros años 90. Cine, televisión, cómic, videojuegos... Su carrera como guionista, productor y director está jalonada por muchos premios, destacando los goya a la mejor película de animación en las ediciones de 2012 y 2017, por "Birdboy" y "Psiconautas, los niños olvidaos" respectivamente. Inquieto por naturaleza, en 2017 se embarcó en una nueva aventura, la puesta en marcha de un Festival de Animación en Bilbao. Hoy, aprovechando la inauguración de la cuarta edición de Animakom, recorremos con él la trayectoria de este encuentro.


¿Qué empuja a un director, ganador de dos goyas, a encarar el reto de organizar un festival como Animakom?

Quizás la oportunidad de hacer valer el prestigio para utilizarlo en algo que no sea solo para uno mismo. A lo largo de mi carrera, la acogida que han tenido mis películas no hubiera sido la misma sin el foco que suponen los festivales de cine de animación, y de algún modo me sentía en deuda con el trabajo tan esforzado y bienintencionado que hay detrás de ellos. Cada vez que viajaba a un festival me preguntaba, ¿por qué no podemos tener algo así en Bilbao, que es una ciudad rica y que aspira a proyectar una imagen de vanguardia cultural?

También necesitaba algo de pausa en la tensión que supone dirigir y producir una película de animación, especialmente en esos años que se tardan en confirmar que sea un proyecto viable, en obtener la financiación. Anímicamente quería abordar algo más tangible, que una vez que se decide hacer, se ejecuta en un tiempo determinado y se acaba en unos pocos días. Sentía que era algo más relajado y sencillo, pero creo que no sabía bien en qué lío me estaba metiendo…


¿Cómo fue el diseño de las líneas generales que definen Animakom (un concurso internacional con dos secciones, las menciones honoríficas, los tipos de premios…)?

A efectos del público general, la animación más artística, la que se realiza en la esfera del cortometraje, es una gran desconocida, y los festivales de cine de animación tienen que servir para que llegue a los aficionados.

 



No nos interesaba un festival que proyectara los grandes títulos o películas que todo el mundo conoce, así que desde el inicio nos planteamos que la base de Animakom, como ocurre con casi todos los festivales de prestigio, tenía que ser los cortometrajes, en sus dos vertientes, los profesionales y los realizados dentro de escuelas de animación, cuya calidad la mayoría de las veces no tiene nada que envidiar a los primeros.

A eso había que añadirle un jurado internacional que lo prestigiara y un palmarés suficientemente amplio como para ayudar al mayor número posible de obras a que tuvieran más visibilidad.


Uno de vuestros objetivos iniciales ha sido poner de manifiesto las producciones de mujeres en el mundo de la animación. ¿Qué papel está jugando el Festival en este sentido?

Entendemos que cada festival debe tener su personalidad, hacer valer una apuesta propia, y la nuestra es la de poner en valor el trabajo realizado por las mujeres que se dedican al cine de animación.

En mi experiencia como jurado o simple invitado a otros festivales, percibí que el porcentaje de directoras era mucho mayor que en el cine de ficción, y que, sin embargo, al igual que pasa en otras actividades artísticas, va disminuyendo igualmente a medida que se escala en su profesionalización. Es decir, hay muchísimos cortometrajes de escuela o de graduación dirigidos por mujeres, un número menor cuando son profesionales, y muy pocas directoras de largometrajes.

Mi primera reacción es de enfado, porque lo que uno desea es tener la posibilidad de seguir disfrutando del trabajo que hacen esas artistas y me niego a aceptar que una brecha de género nos impida hacerlo.

Así que decidimos poner un foco especial en ellas, comenzando con el Premio Animakom que otorgamos anualmente en reconocimiento a su trayectoria exclusivamente a mujeres, bien sean directoras, productoras o animadoras.

 

 

Además, contamos desde el inicio con la colaboración de colectivos de mujeres relacionados con el audiovisual y el cine de animación, como son el festival Zinemakumeak Gara! y las asociaciones (H)emen y MIA (Mujeres en la Industria de la Animación).


Esta cuarta edición va a estar, sin duda, condicionada por la situación sanitaria actual. ¿Cómo ha afectado la COVID-19 a vuestro proyecto?

Obviamente, a cuenta del estado de alarma tuvimos que aplazar el festival en la fecha que se celebra habitualmente, antes de la Semana Santa, pero tuvimos la fortuna de prever con acierto que la situación estaría relativamente normalizada para estas semanas y lo fuimos preparando todo para llegar a tiempo con la intención de realizar el festival del modo más similar a como estaba diseñado y no tener que cancelarlo.

Hemos tenido que adecuarnos a las normas sanitarias de seguridad que rigen en estos momentos este tipo de eventos y para ello hemos redoblado esfuerzos desarrollando paralelamente una edición online del festival, de modo que la reducción del aforo en Bilborock se compensa pudiendo seguir toda la programación desde casa, como están haciendo otros muchos festivales.

Para nosotros incluso esta situación es una oportunidad de crecimiento, porque a nivel nacional e internacional somos de los primeros festivales de animación en celebrarse tras la pandemia después de varios aplazamientos y cancelaciones, y esto es algo que no pasa desapercibido dentro de la comunidad internacional de la animación.


Animakom ha tejido una red local e internacional de colaboraciones con el sector profesional y con diferentes agentes (como puede ser Zinebi, la Asociación de Guionistas de Euskadi, Zinemakumeak gara!, como nos has comentado, o el mismo Festival Annecy, entre otros). ¿Es esta una de las claves que explican el éxito de la iniciativa?

Era evidente que al iniciar esta andadura teníamos que encontrar nuestro hueco dentro de los eventos de la ciudad, y quienes los organizan, sin molestar a nadie, e invitamos a todos a colaborar en un modo o en otro con la aspiración de que Bilbao pueda tener un festival de cine de animación acorde con su lugar en el mundo.

Para eso también teníamos que apoyarnos en la comunidad internacional de la animación, con la cual por mis películas he llegado a estar muy vinculado y eso ha facilitado contar desde el principio con apoyos importantes como el Festival de Annecy.

Encaramos las dificultades de los primeros años pensando en el futuro, sabedores de que esto nos iba a acarrear grandes esfuerzos y sacrificios tanto económicos como de tiempo de dedicación.  También hemos tenido alguna zancadilla, pero creemos que vamos por buen camino y fruto de ello es que se han fortalecido los lazos con otros importantes festivales internacionales de animación de un modo que muy pronto anunciaremos.

Quizás la clave resida en que no somos un grupo de gestores culturales queriendo hacer una carrera a cuenta de un festival, sino gente que ya tenemos una carrera tratando de aportar todo lo que podemos a un proyecto cuya finalidad es estrictamente cultural.


El Festival reserva cada año un espacio para diferentes eventos formativos y talleres. ¿Qué aportan estas actividades al conjunto del programa?

Un festival no se puede componer exclusivamente de proyecciones, si no, habría que llamarlo simplemente “muestra”.

A nuestro objetivo de hacer llegar al público local los mejores trabajos del año se une también un propósito divulgativo de lo que es en sí el cine de animación y sus diferentes profesiones, y el contacto directo con el trabajo de los profesionales a través de charlas y talleres acaba suscitando incluso más interés que el visionado de las películas.

 

 

Desgraciadamente las consecuencias de la pandemia nos han obligado a aligerar algunas de las actividades previstas para esta edición, especialmente los talleres formativos para niños, pero confiamos en poder volver a celebrarlos una vez se recupere la normalidad.


Las tres ediciones anteriores han dejado muchas imágenes para el recuerdo. ¿Qué momentos destacables nos va a deparar el cartel de 2020?

Personalmente, para mí será muy emotivo poder entregar, aunque sea de forma remota, el Premio Animakom de este año a la realizadora norteamericana Nina Paley, por la cual profeso una enorme admiración.

También esperamos una buena acogida para la master class de Juan Luis González acerca de la técnica de iluminación empleada en el multipremiado largometraje “Klaus”, y sobre todo, para la que darán los directores Amy Winfrey y Peter Merryman sobre la serie de Netflix “BoJack Horseman”, que cuenta con una legión de seguidores, habiéndose convertido casi desde su estreno y muy merecidamente en una obra de culto.

También nos hace especial ilusión inaugurar este año la sección competitiva de videoclips animados.


De cara a futuras ediciones, ¿existe algún aspecto del Festival que quisierais replantear o mejorar?

Siempre hay muchas cosas en las que uno quiere mejorar. Seguimos siendo un equipo muy pequeño y nos falta aire para llegar a algunas tareas, como, por ejemplo, la comunicación, donde necesitaríamos mucho más pulmón y algo más de apoyo institucional.

 

 

También desearíamos poder tener más músculo económico para acoger a más invitados nacionales e internacionales, porque nuestra hospitalidad ya se ha hecho legendaria y Animakom podría llegar a ser muy grande como cita anual para los profesionales.

Y en el aspecto programático tenemos un especial interés en dinamizar el festival como punto de encuentro de las escuelas de animación a nivel internacional, más aún cuando Bilbao se ha marcado como ciudad el objetivo de convertirse en un polo de atracción del conocimiento.

Paso a paso intentaremos llegar a todas estas metas.

 

(2020ko uztailaren 6an argitaratutako Berezia).

Euskadi, auzolana