Moving Artists edo nola erraztu sormenaren praktika eta fluxua

  • Moving Artists edo nola erraztu sormenaren praktika eta fluxua

La asociación Moving Artists inició su andadura en 2017 en Bilbao, con la convicción de que la práctica artística es un bien universal que nos forma y conforma, un patrimonio no tangible que en múltiples situaciones resulta difícil de desarrollar, difundir y proteger. Con el objetivo de facilitar esta actividad, pusieron en marcha un dispositivo que activa la movilidad de artistas en zonas de crisis o conflicto. Sus experiencias en Iraq o Palestina han curtido la trayectoria de la asociación y la han dotado de mecanismos que, en plena crisis de la COVID-19, se están aplicando en nuestro propio contexto. Ixone Sádaba, cofundadora del proyecto junto a Ignacio Rodríguez, nos explica cuál es su trabajo.


¿Cómo surge Moving Artists? ¿Cuál es su origen?

Moving artists surge a partir de nuestra propia experiencia en zonas cercanas a conflictos bélicos y sociales. Nos dimos cuenta de que nadie viajaba allí por miedo, ya que los medios relataban esos lugares como peligrosos y que para los y las artistas locales era literalmente imposible conseguir un visado para salir de allí.

La experiencia que estábamos viviendo y compartiendo con aquellos artistas era no solo rica, sino catalizadora en nuestras vidas, y extenderla a otros artistas, de uno y otro lado, generando movilidad, era lo natural. Visados que de otra manera pueden ser imposibles de conseguir, se pueden solicitar a través de proyectos artísticos. La cultura funciona, entre otras muchas cosas, como un facilitador diplomático, y es un poder, un valor, que no debemos menospreciar.

 

[Foto: Moving Artists]


¿Qué objetivos persigue vuestra asociación?

Uno de los principales objetivos de la asociación es que se valore y respete la práctica artística contemporánea como un bien del patrimonio inmaterial que debemos proteger para que pueda darse también en situaciones adversas o muy adversas. La práctica artística se vincula habitualmente al mercado, y a las instituciones culturales que la acogen. Esto obliga a depender de un “resultado” físico, o un objeto, haciendo imposible mantener la práctica artística en situaciones en las que no hay una red institucional o de negocio que la acoja (como en situaciones de conflicto o crisis). Por eso, creemos que considerar la práctica artística en si, la experiencia y el pensamiento más allá del objeto artístico, es muy importante, y algo que ayuda a que pueda subsistir en cualquier situación.

Para eso generamos movilidad, con la intención de romper diversos aislamientos, entre ellos el nuestro, ya que muchos artistas occidentales desconocemos la situación de nuestros compañeros y compañeras en otros lugares del mundo.


La búsqueda de diálogos entre realidades culturales y artísticas diversas se hace a través de los agentes de cada contexto. ¿Cómo se tejen estas redes de colaboración? ¿Qué capacidad de organización tienen los agentes artísticos en zonas de crisis, de conflicto o postconflicto?

Precisamente una de las cosas que hemos aprendido estos años es que hay muchos conceptos y formas de funcionar que son meramente occidentales y no tienen sentido fuera del entorno en el que surgen. El concepto de “agente” en el arte es totalmente occidental, así que hemos tenido que aprender a relacionarnos de diferentes maneras con diferentes contextos.

A su vez estos contextos son muy diversos, por lo que no podemos generalizar. Lugares y situaciones como las de Palestina, Afganistan, Madrid, Kurdistan o Bilbao son muy dispares entre si y cada uno requiere que se respete su especificidad.

En nuestro caso, establecemos las redes de colaboración a dos niveles. Por un lado, con un perfil bajo y de igual a igual, directamente con los y las artistas, reuniéndonos y viendo cuáles son sus deseos, necesidades, fortalezas o carencias... Y a otro nivel, con las instituciones locales, con quienes también nos reunimos. En base a lo que recibimos de ambos intercambios, diseñamos los programas específicos para cada contexto.

 

[Niga Salam, artista del Kurdustán iraquí, desarrolló su residencia en Bilbao durante 2018. Foto: Moving Artists]


Uno de los  proyectos clave de la asociación comporta un programa de residencias de doble vía: artistas de nuestro contexto conviven durante dos meses en estos países, y del mismo modo, artistas de estas zonas del mundo viajan a nuestro territorio. ¿Cómo es la labor de organización de estas residencias?

Organizar las residencias como tal no es especialmente costoso (todo lleva trabajo, obviamente). En nuestro caso, lo más complicado es el acceso inicial a un nuevo territorio, porque como decíamos, cada lugar es un mundo, y estructuras que aquí damos por sentadas no funcionan igual ni las encontramos de la misma manera en otros lugares. Hay que adaptar el programa para que sea posible.

En cuanto a los procesos de trabajo de las residencias, realmente dependen más de cómo es y se expresa cada persona que de su origen.


La crisis de la COVID19 se ha dejado notar en todo el mundo, poniendo en evidencia, precisamente, la fragilidad generalizada de muchas estructuras artísticas. ¿Cómo ha afectado a Moving Artists?

Nos ha afectado mucho el límite a la movilidad, obviamente, pero hemos seguido trabajando, aunque más a nivel local. Sí nos preocupa, y mucho, la oposición de Europa, Inglaterra, EEUU…  a la liberación de patentes para la producción de vacunas y el hecho de que Europa esté apoyando la existencia de un pasaporte COVID. Ya era muy complicado conseguir visados para que los y las artistas de ciertos países pudieran viajar y esto afectará drásticamente su movilidad en el futuro. Es algo que les aísla, y como consecuencia, a nosotros y nosotras también.

 

[Gashbin Ari Othman (Suleimaniya, 1998), artista iraquí en residencia el pasado año. Foto: Moving Artists].


En este contexto de crisis habéis puesto en marcha la iniciativa "Artea non-nahi" para apoyar a la red local de creadores y creadoras. ¿Es qué consiste y qué respuesta ha tenido?

Arte Non-nahi es un proyecto que ya se ha realizado en otros lugares. En concreto, nosotros lo vimos en Lituania. Se trata de sacar fichas técnicas de las obras de artistas locales a las calles de la ciudad.

Las piezas, expuestas en las marquesinas de Bilbao, muestran la ficha técnica de una obra, incluyendo autoría, técnica, medidas, año de creación y precio. Mediante un código QR se accede a una pagina web con un mapa de la ubicación y una galería virtual en la que se pueden adquirir las piezas expuestas. El dinero de la compra va integro para su autor o autora, no existe ningún tipo de comisión.

Se trata de activar el sector invitando también a las personas de a pie a iniciarse en el pequeño coleccionismo.

De momento la respuesta por parte de los y las artistas ha sido tremenda, hemos recibido 120 obras para llevar a cabo el proyecto. Esperamos que el público responda con el mismo entusiasmo y que este proyecto se pueda convertir en una iniciativa recurrente que repetir, tal vez cada año.

 

[Argazkia: Moving Artists]



¿Cómo afronta el futuro Moving Artists?

Moving Artists afronta el futuro con un llamamiento a los y las artistas útiles para la sociedad. Tenemos visibilidad y tenemos voz, lo que es muchísimo poder. Esta sociedad, en la que nos ha tocado vivir, necesita más que nunca a los y las artistas, su creatividad y posicionamiento crítico.

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(*) Material Adicional

Vídeo sobre la actividad de Moving Artists en Mosul (septiembre de 2019)

 

(2021eko martxoaren 30ean argitaratutako Berezia).

Euskadi, auzolana