Henri Roorda no era un ser enfermo, desesperado o embargado por una pasión imposible. Había sido un dandy, un degustador de “los alimentos terrestres”, un hombre sensual que gozaba con los placeres mundanos. Humanista, librepensador, escritor, pedagogo, profesor de matemáticas, hedonista y libertario, nos deja en este texto una clase magistral sobre el amor, la educación, el capitalismo,el matrimonio, la escuela, el deseo o la amistad.
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