Pedro, un jubilado sobreexplotado, acude a un ministerio para pedir una ayuda y, en poco tiempo, se cruza con personas estresadas, un perro encantador y una IA muy poco comprensiva. Caminando tranquilo, capea su mañana de gestiones con humor, canciones, rimas y mucha imaginación, hasta llegar, ya al atardecer, a un teatro, donde su experiencia como ser humano acabará convertida en una propuesta de lo más realista.