Dentro del festival Getxophoto 2026.
Nada representa mejor nuestra obsesión por el progreso, esa flecha que corre hacia el futuro con una fuerza a veces tiránica, que el intento por medir el tiempo. Primero fueron los relojes de sol y de arena que lo mostraban de manera orgánica, después el reloj mecánico que dividía el día en horas, minutos y segundos, y ahora el reloj atómico que da la hora exacta a través de un sistema internacional de sincronización llamado Standard Time: un tiempo único para todo el mundo. ¿Pero qué pasaría si esa técnica de alta precisión se viera sometida a los vaivenes del trabajo manual? ¿Si cada minuto fuera representado de forma física y de manera artesanal, inevitablemente imperfecta? La obra Standard Time del artista alemán Mark Formanek es una performance en la que, a lo largo de 24 horas, un equipo de 70 trabajadores va modificando el horario de un gigantesco reloj analógico que simula los dígitos de un reloj digital. Un gesto absurdo que evoca los límites de nuestra vana ambición por controlar el discurrir de un tiempo que se escapa, a veces de manera literal, de nuestras manos.
Nacido en Pinneberg, Alemania, en 1967, Mark Formanek es un artista conceptual afincado en Berlín. Estudió en la Art Academy de Münster, donde años más tarde fue profesor invitado, y en el Chelsea College of Arts and Design de Londres. Inicia su trayectoria expositiva con su participación en Quadratisch, Eckig, Kunst 10 x 10 x 10 en el Kunsthaus Wiesbaden (1991). Desde entonces, ha desarrollado una sólida carrera internacional que se extiende por más de tres décadas. Su exposición más reciente, Past Present, tuvo lugar en el Helmhaus Zürich (2025). A lo largo de 34 años de actividad, Formanek ha participado en varias exposiciones individuales y exposiciones colectivas. Aunque su presencia ha sido especialmente destacada en Alemania, también ha expuesto en Brasil, Francia, entre otros países. Su trabajo ha formado parte de cinco bienales internacionales, entre ellas la destacada 11º Bienal do Mercosul: Triângulo do Atlãntico (2018). Entre las instituciones que han acogido su obra se encuentran Collectors Room Berlin (Berlín) y el Kunstmuseum Bonn (Bonn). Su obra forma parte de la colección permanente del Städtisches Museum Abteiberg (Mönchengladbach).