Ante un espejo social cada vez más demandante, la única estrategia posible parece ser la de brillar cada noche con más intensidad todavía.
El precio de tanto consumo es el mismo que el que pagan las polillas por volar cerca de la luz: la posibilidad de arder en un burnout espontáneo.
Con un lenguaje físico y una estética muy cuidada, el espectáculo aborda el precio del sobreesfuerzo.