La presencia del silencio es fundamental tanto en la vida como en la música. Vivimos inmersos en un flujo constante de estímulos, lo que dificulta la escucha profunda y la reflexión. En este contexto el silencio adquiere un significado trascendental. Así mismo, en las obras que componen este programa, los silencios juegan un papel esencial: no son una ausencia, sino parte radical del propio discurso musical. Esta idea conecta con el pensamiento de Eduardo Chillida, en cuya obra el silencio se puede asemejar al vacío, y en este caso el vacío no es la nada sino que deviene un espacio de posibilidad, de encuentro y de resonancia interior.
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