"Sobre espaldas de gigantes", un recorrido por nuestra historiografía arqueológica

  • "Sobre espaldas de gigantes", un recorrido por nuestra historiografía arqueológica

"Continuar investigando sobre el pasado en función de las preocupaciones del presente para contribuir a construir el futuro". Es la clarificadora respuesta de Iñaki García Camino, director del Arkeologi Museoa de Bizkaia, preguntado por el gran reto de la arqueología en la actualidad. Hemos hablado con él sobre la exposición “Sobre espaldas de gigantes. Historiografía de la arqueología vasca”, un interesante viaje a través del desarrollo de esta disciplina en nuestro contexto, que puede visitarse en el edificio del centro histórico bilbaíno hasta el mes de noviembre y que, además, nos ha servido como punto de partida para, una vez recorridos los 200 años de su historia, acercarnos al horizonte de futuro de la arqueología.



“Sobre espaldas de gigantes” otorga un papel protagonista a la historia de nuestra arqueología, más allá de los objetos o descubrimientos que nos muestra. ¿Qué objetivos os habéis planteado en este sentido con la exposición?

Efectivamente, la exposición pretende mostrar la historia de la arqueología vasca, desde los primeros estudios realizados en el siglo XVIII hasta la actualidad.

Con el título “Sobre espaldas de gigantes” hemos querido reconocer la labor realizada por aquellos arqueólogos y arqueólogas que nos han precedido y sobre cuyas investigaciones se fundamenta nuestro conocimiento. Hemos de mencionar al etnólogo José Miguel de Barandiarán, al antropólogo Telesforo de Aranzadi y al geólogo Enrique Eguren, que hace más de 100 años afrontaron el estudio arqueológico de una cueva que hoy es un referente mundial: Santimamiñe. También a la doctora María Ángeles Mezquiriz, quien en la década de los años 50 del pasado siglo, asumió la dirección del museo de Navarra, convirtiéndolo en el centro de investigaciones arqueológicas del viejo reino pirenaico. Y a aquellos que nos formaron, como Juan María Apellániz, Armando Llanos, Jesús Altuna o Ignacio Barandiarán.

Junto a este reconocimiento a los “gigantes” que nos han precedido, la exposición también pretende mostrar cómo a lo largo de casi trescientos años los estudios arqueológicos han respondido a inquietudes y preocupaciones que reflejan los cambios profundos experimentados en la sociedad, por lo que veremos cómo la afición de los eruditos del país pertenecientes al clero o la burguesía se convirtió, a comienzos del siglo XX, en una ciencia para conocer el pasado y, en el XXI, para entender el presente y proyectar el futuro.

 

[Vista general de la exposición. Foto: Arkeologi Museoa].


La muestra, fruto de la colaboración entre varias instituciones, es un recorrido por la historia de la disciplina en nuestro contexto a través de más de cien piezas. ¿Cómo ha sido el diseño del discurso expositivo y la selección de los fondos a exhibir?

La exposición, coordinada por el Arkeologi Museoa de Bizkaia, se gestó en varias reuniones en las que, además de nosotros, participaron Jaione Agirre y Javier Bordegarai del Bibat (Museo Arqueológico de Álava), Jesús Sesma y Jesús García de la Dirección de Cultura Príncipe de Viana del Gobierno de Navarra y Elena Torregaray de la Universidad del País Vasco. Contamos también con la colaboración de Sonia San José de Godailua, el Centro de Depósito de Patrimonio Mueble de Gipuzkoa. En estos encuentros planeamos el guion general de la exposición y la selección de piezas que se iban a exponer.

En esta selección se ha recurrido a rescatar de los fondos de los museos aquellas piezas que normalmente no se ven, por estar en los almacenes, y así no alterar las correspondientes exposiciones de referencia.

El resultado muestra cómo ha ido cambiando el concepto mismo de patrimonio desde el siglo XVIII, cuando los materiales se valoraban por su carácter monumental o estético, hasta época más reciente, en la que se valora su aportación al conocimiento, por lo que una esquirla de hueso o unas semillas carbonizadas adquieren especial relevancia.

La exposición muestra igualmente cómo se ha ido modificando el concepto de arqueología, que de identificarse con la prehistoria, ha pasado a ser una herramienta de trabajo para estudiar las sociedades del pasado desde las preocupaciones del presente.


¿Cómo se estructura este viaje a lo largo de más de 200 años de disciplina en el espacio físico del museo?

La exposición está organizada en cinco unidades expositivas que muestran el desarrollo de la arqueología, incluso siglos antes de que se convirtiera en disciplina de carácter científico a comienzos del siglo XX. Cada unidad se ilustra con los materiales recuperados en cada una de las fases en que se ha dividido la exposición. Más de 100 piezas expuestas en función de la fecha de su hallazgo, lo que es reflejo del patrimonio que en cada época se ha valorado.

La primera corresponde al periodo en el que la arqueología era poco más que coleccionismo y en el que se recuperaron y valoraron piezas de gran valor, como el mosaico del caballo hallado en Pamplona y que puede verse en la exposición, o la cubierta del sepulcro de Argiñeta, traída de la ermita de San Adrián en Elorrio.

 

[Foto: Arkeologi Museoa].



Entre 1916 y 1936, la arqueología adquirió reconocimiento científico de mano de Barandiarán, Eguren y Aranzadi, quienes excavaron numerosos dólmenes en Aralar y distintas cuevas en Bizkaia y Gipuzkoa, recogiendo objetos, huesos humanos y de animales por constituir las huellas de nuestros antepasados y no por ser objetos estéticamente bellos. Así, podremos ver un yunque de piedra de Bolinkoba (Dima) utilizado hace 15.000 años para construir herramientas, o un asta de ciervo de Santimamiñe, de la que se extrajeron varillas para fabricar arpones, punzones o azagayas.

Se cierra la sección expositiva con una vitrina de la cueva de Urteaga en la que estaba excavando Barandiaran cuando estalló la guerra civil. En esta podremos ver uno de los cráneos que sirvieron para describir los caracteres físicos del tipo vasco, junto a una plaqueta y un canto decorado con figuras de animales dibujados con un trazo casi imperceptible.

Con Barandiarán en el exilio los estudios sobre prehistoria se estancaron en el País Vasco Peninsular. Sin embargo en Navarra y en menor medida en Álava se estudiaron más de una docena de yacimientos de la Edad de Hierro, como los poblados de Peña Saco en Fitero o El Alto de la Cruz en Cortes, de los que podemos ver cinco recipientes de cerámica en la muestra.

En 1953 Barandiarán regresó del exilio y continuó la labor interrumpida por la guerra, reactivando las investigaciones prehistóricas y formando a una nueva generación de profesionales.

En las vitrinas que ilustran este periodo podremos ver cuentas de collar de Txotxinkoba (Gizaburuaga) y hachas de piedra pulimentados de los dólmenes de la Galupa (Karrantza, Bizkaia) o de las cuevas sepulcrales de Kobeaga (Ispaster) o Ereñuko Aristi. También hachas de bronce que constituyen los primeros testimonios de metalurgia en el País Vasco y, lo que es más extraño, un molde de fabricación de estas hachas, encontrado en Aralar. También hay que destacar una cajita de cerámica decorada de la Hoya (Alava).

La última unidad de la exposición abarca de 1980 hasta la actualidad. La fecha de inicio viene marcada por la creación de las instituciones autonómicas y forales, que asumieron competencias en la gestión del Patrimonio Cultural, fomentando un mayor conocimiento y reconocimiento de nuestro Patrimonio. Ello provocó nuevas intervenciones y, sobre todo, nuevas formas de conocimiento, más acordes a la sociedad del momento, que permiten analizar el pasado desde diferentes perspectivas.

 

[Foto: Arkeologi Museoa].


En las vitrinas de la muestra veremos un espectacular -por su tamaño- cuenco de terra sigillata del siglo II encontrado en Iruña, una delicada aceitera de vidrio del siglo XV, unas monedas empleadas al final del Imperio Romano y escondidas en un lugar de Rigoitia, un peine de madera decorado de la Plaza del Castillo, unos anillos de oro y plata de las necrópolis de Aldaieta y Dulantzi, incluso unas sencillas llaves de Zarautz, que pueden ser interpretadas desde la arqueología de la producción, de género o del conflicto, abriendo nuevas perspectivas de investigación y, en definitiva, creando un discurso histórico poliédrico y enriquecedor.


La exposición quiere rescatar, además, el nombre de las mujeres que han ejercido su profesión en este campo. ¿Qué mecanismos son necesarios activar para recuperar su historia y contribuciones?

Más que rescatar el nombre de arqueólogas que ya aparecen mencionadas en el discurso de la exposición, hemos querido resaltar que el papel de las mujeres en la arqueología no ha sido reconocido hasta época reciente. De hecho, cuesta encontrar entre los referentes de la arqueología de la segunda mitad del siglo XX el nombre de una mujer, debido al contexto social por el que atravesaba el País y el continente. Sin embargo, en nuestro entorno, a mediados de los años 50 encontramos a una gran arqueóloga, la doctora María Angeles Mezquiriz, quien, gracias a su trabajo, a sus inquietudes por conocer el pasado, a su compromiso con su tierra y a su profunda formación, se abrió camino en un sector dominado por hombres, y en su mayoría clérigos.

También hemos querido destacar que en los últimos años se está desarrollando lo que se llama arqueología de género que, desde posicionamientos científicos, trata de visibilizar el papel de la mujer en la historia y desmontar visiones sesgadas y erróneas de las sociedades del pasado, resultado de los prejuicios y convencionalismo de nuestra sociedad patriarcal. Y es que los cambios que lentamente se han ido produciendo en nuestra sociedad en cuestión de género ha supuesto la formulación de nuevas preguntas sobre nuestro pasado y, por tanto, nuevas interpretaciones de las sociedades antiguas y de las personas que las conformaron.

Y para reflexionar sobre ello en la exposición, proponemos observar algunas vitrinas e imaginar qué objetos atribuimos a hombres y cuáles a mujeres, para comprobar que, en muchos casos, nuestra percepción está mediatizada por nuestros prejuicios y muy alejada de la realidad.


Las nuevas perspectivas de investigación arqueológicas están permitiendo, efectivamente, revisar los estudios tradicionales e incluir enfoques contemporáneos, como mencionas en lo referente al género. ¿Qué aportación hace la muestra a este respecto?

En la última sección de la exposición se muestran algunas de esas nuevas perspectivas de investigación que parten de considerar que la arqueología es un método científico que sirve para estudiar cualquier época histórica, ya que nos informan de aquello que otras fuentes silencian por ignorancia, interés, olvido o indiferencia. Y en este sentido es de destacar el importante papel de la arqueología en los procesos de recuperación de la dignidad de personas y colectivos asesinados y desaparecidos durante la Guerra Civil y la dictadura franquista.

Al igual que el tiempo, también se han diversificado los espacios cuyo estudio requiere la aplicación de metodología arqueológica, como los paisajes y edificios.

 

[Foto: Arkeologi Museoa].


Por su parte, el estudio de materiales, tanto de los recuperados en recientes excavaciones como de los conservados en los fondos de los museos, también se afronta con técnicas analíticas cada vez más complejas y precisas que exigen la concurrencia de distintas disciplinas en la investigación. Los estudios de antracología, antropología, ADN, C14, dendrocronología, termoluminiscencia, isotopos de carbono, nitrógeno y otros componentes químicos… están abriendo nuevas vías de conocimiento sobre las cronologías de determinados procesos, las formas de explotación del espacio, el nivel técnico adquirido, el comercio, la alimentación y, en fin, el funcionamiento de la sociedad.


¿Cómo se ha transformado el papel que juegan los museos en la divulgación de este patrimonio?

Aunque los museos arqueológicos y de ciencias naturales nacieron con vocación de ser centros de investigación, esta función se ha ido perdiendo en los últimos años con el pretexto de llegar a un mayor número de público y hoy en día se confunden, en muchas ocasiones, con salas de exposiciones, centros de interpretación o parques temáticos. Además, se corre el riesgo de que, deslumbrados por las posibilidades que proporcionan las nuevas tecnologías audiovisuales, perdamos el contacto con los objetos arqueológicos que son los testimonios materiales que nos han dejado nuestros antepasados de su paso por esta tierra.

Nuestro objetivo es consolidarnos como un centro dinamizador de la arqueología, que potencie la investigación al compás del desarrollo de las innovaciones que se producen en la disciplina, que conserve los restos materiales dejados por nuestros antepasados, que ofrezca un discurso de calidad, crítico y universal sobre nuestro pasado, que eduque, y que tenga una presencia física en el territorio para que todos los vizcaínos y vizcaínas se sientan identificados con él.


Después de la visión panorámica que esta exposición nos ayuda a dibujar, ¿qué retos crees que debe abordar la arqueología en el futuro más inmediato?

El reto de la arqueología en la actualidad es responder a una demanda social no formulada explícitamente: la de continuar investigando sobre el pasado en función de las preocupaciones del presente para contribuir a construir el futuro.

 

[Especial publicado el 7 de mayo de 2021].

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