Maider Oleaga, directora de cine: «Me gusta mucho trabajar de manera intuitiva»

  • Maider Oleaga, directora de cine: «Me gusta mucho trabajar de manera intuitiva»

Con motivo de la elección del cortometraje Irrits para el catálogo de Kimuak 2022 hemos querido hablar con su directora Maider Oleaga sobre la película, la pasión por el cine, el proceso de realización de películas, los premios, la transmisión, la situación del cine en Euskal Herria y los proyectos que tiene entre manos, entre otros.


Tu obra más reciente es la película de ficción Irrits, estrenada en el Festival de Cine de Málaga. ¿Qué nos cuenta? ¿Cómo surgió la idea?

El punto de partida de la película Irrits son el nacimiento del deseo que surge durante la adolescencia y su gestión. Entre dos adolescentes nace el deseo afectivo y sexual, y aborda cómo se gestiona ese deseo, cómo nos situamos ante él.

La historia transcurre en unas colonias de verano: el verano, el calor, el agua, el juego, el placer... son la base de la película, y así surgió: en un verano, en torno a esas sensaciones que nos ofrece el verano. Diría que es una película sobre el placer.


Es uno de los trabajos seleccionados para el catálogo Kimuak 2022. Es importante, ¿verdad? Además, este año, por primera vez, seis de los siete cortometrajes seleccionados están dirigidos y producidos por mujeres. ¿Qué lectura haces de eso?

Está claro que el estar en Kimuak es importante para nosotras por muchas razones: primero, porque da visibilidad a la película Irrits (el ser parte del catálogo Kimuak es un sello de calidad en muchos sentidos, y por eso nos alegró mucho que la película fuera seleccionada); por otro lado, Kimuak envía las películas a otros festivales de cine, es decir, se encarga de gestionar, bajo ese sello, la distribución de las películas, y eso facilita mucho la distribución y nos libera de una gran carga.

Yo estoy muy contenta con la selección de este año. Creo que es una selección bonita, diferente y variada. Hay puntos de vista muy diferentes en lo que respecta al cine y a las historias, formatos y formas. Creo que, por un lado, el cine que se hace hoy en día en Euskal Herria es variado y pone sobre la mesa esa variedad de perspectivas. Por otro lado, el catálogo también refleja que en Euskal Herria cada vez somos más las mujeres que tenemos la posibilidad de llevar a cabo, de producir nuestros trabajos. No sólo en lo referente a los cortometrajes; en lo que respecta a los largometrajes, cada vez más mujeres estamos consiguiendo esa oportunidad. Hay muchas mujeres con ganas de trabajar, pero otra cuestión es que luego tengan la oportunidad, el conseguir financiación, para poder llevar a cabo sus trabajos.

En general, estoy muy satisfecha con la selección de este año, tanto por la diversidad como por la presencia de mujeres.


¿De dónde te viene la fascinación por el cine? ¿Cuándo te diste cuenta de que querías ser directora?

Cuando era pequeña veía películas y me quedaba prendida, fascinada. En un primer momento, con lo que veía en la pantalla: las historias, los personajes, la posibilidad de entrar en otros mundos en cada película... Eso generó algo en mi interior, se convirtió en deseo: deseo de estar ahí, de crear eso. En un principio, como una intuición, pues era pequeña y no sabía muy bien cómo se realizaban las películas. Pero la fascinación por el cine quedó en mí.

Una vez pasada la adolescencia, cursé los estudios de audiovisuales en la universidad, y ahí se creó el vínculo con la creación de guiones y con la dirección. Allí aprendí qué es el cine y el hacer películas, y la fascinación del principio tocó suelo: entendí que detrás de cada película hay una producción, una historia, una manera de mirar al mundo, y ahí surgió el deseo de contar historias y de dirigir películas. Después, fui a la Escuela de Cine, y comencé a materializar y afianzar el deseo que tenía de niña.


Has realizado películas de ficción y documentales, cortometrajes y largometrajes. ¿Qué suele generar el deseo de convertir en película una idea que te ronda por la cabeza? ¿Y cuándo y cómo decides qué tipo de película vas a hacer?

Diría que cada película o proyecto hace su propio camino y nace de distintas maneras; no hay una única manera. A veces, una imagen o un conjunto de imágenes. Puede ser también un sonido, algo que escuchas, algo que te lleva a otros mundos u otras representaciones. U otra cosa, lo que ves, lo que escuchas, lo que crea algo en tu interior que muchas veces no puedes olvidar. Otras veces, nace de una historia que has leído o de un acontecimiento que te cuenta alguien. Muchas veces, el andar a través de los espacios me genera muchas sensaciones, y ahí también surgen las ideas (las cosas que escuchas o que ves cuando vas andando por la calle o por el monte...). Hay muchas maneras: a partir de una situación, de una historia... Otras veces, surge de aquello que no puedes expresar por medio de las palabras. Quizás, algo que percibes del exterior (una sensación), una representación impulsada por lo externo... Y, en cierto momento, sin poder quitártelo de la cabeza, sientes la necesidad de exteriorizar esa idea, sensación o universo.

Después, hay muchas maneras de dar forma a ese deseo de contar. La mayoría de las veces, suele haber un proceso de redacción: abres un universo en tu interior, e intentas materializar esa idea, primero en tu mente y luego en papel. En mi opinión la intuición juega un papel muy importante en ese proceso. Me gusta mucho trabajar de manera intuitiva, dejar espacio a la intuición y no sólo al pensamiento abstracto.


Has recibido muchos premios en tu trayectoria; el año pasado dos y no cualquier premio:  El documental Kuartk Valley recibió el premio de la Asociación de Guionistas Vascos en el Festival de Cine de San Sebastián (y, además, obtuvo la mención especial del Premio Irizar del Cine Vasco), el cortometraje de ficción Kinka recibió el Premio Fundación SGAE Mejor Guion Vasco, en ZINEBI. ¿Cómo recibes esos premios? ¿Para qué sirven?

Es bonito recibir el reconocimiento por tu trabajo. De hecho, a fin de cuentas, también haces las películas para las demás personas, para que otras personas las vean y las escuchen. Por lo tanto, cuando sabes que un trabajo llega a las demás personas, sientes una gran satisfacción. Pero los premios también tienen un lado práctico: el recibir financiación para llevar a cabo ayuda; el que tu nombre sea oído te abre vías para materializar tus proyectos y, por lo tanto, son de gran ayuda –fundamentales a menudo– para poder seguir trabajando.


Han pasado más de 20 años desde que dirigiste tu primera película (La muerte de Sardanápalo). Teniendo en cuenta la experiencia de todos esos años, ¿qué es lo que más te gusta del proceso de realizar una película? ¿Y qué es lo que más quebraderos de cabeza te crea?

En general, el proceso creativo es muy bonito. El camino suela ser largo, muy productivo, rico y diferente. Cuando no es más que una idea o sensación, comienza un momento de exploración, el proceso de redacción, y eso es algo muy bonito; todo está abierto, y empiezas a crear ese universo. Ese instante inicial, el de la exploración y redacción, me parece muy bello y lo disfruto mucho.

Luego, la búsqueda de financiación es agotadora. Ya que depende de ello que puedas llevar a cabo la película; es decir, todo está en riesgo. Ahí entra otro lado práctico: además de creer en el proyecto, se necesita mucha fuerza y energía para no caer, porque no es un camino fácil.

Si tienes suerte, una vez conseguida la financiación, el siguiente paso es el de preparar el rodaje. Eso también es bonito, en principio, porque tienes que buscar localizaciones (y también me gusta mucho ese proceso), crear el grupo, hablar con el grupo (eso también es muy bonito, porque el cine es un trabajo colectivo).

La preproducción, 2 o 3 semanas antes de empezar a rodar, suele ser un momento de nerviosismo: todo está por hacer, algunas cosas no se pueden hacer, tienes que pensar otras maneras de plasmar lo que querías crear, pero es imposible porque ha surgido un problema o querías trabajar con un actor o una actriz en concreto y no puedes...

Sin embargo, una vez que empiezas a rodar, te pones a ello totalmente, a solucionar los problemas, pero es muy enriquecedor para la creación. Cuanto terminas el rodaje, te queda un vacío, y también hay que aprender a despedirte.

Después de eso, viene el montaje. Otro bello proceso de creación, pero que crea muchos quebraderos de cabeza, porque es una actividad muy mental. El rodaje y los momentos anteriores están más ligados a la acción y a la intuición. A pesar de que en el montaje la intuición es muy importante, es diferente, porque tienes que hacer la película con lo que tienes y, por lo tanto, también hay que gestionar la frustración, ya que muchas de las ideas que tenías en mente no se podrán hacer, pero en el camino también aparecerán cosas nuevas. Es muy bonito, pero genera muchos quebraderos de cabeza.

Y de ahí en adelante, vienen el montaje y la mezcla del sonido. También disfruto mucho con eso.

Una vez que lo tengas todo hecho, sólo te queda el mostrar la película. Cuando tienes la copia definitiva, es el momento de enseñársela a los demás. Es un momento muy especial. Como suele ir acompañado de entrevistas y promoción, muchas veces es agotador, pero realmente es bello.

Para finalizar, poco a poco, tienes que despedirte del proceso que durante mucho tiempo ha sido el eje de tu vida, para poder dirigirte a otros lugares.


Entre otros, colaboras con la Elías Querejeta Zine Eskola y con la asociación (H)emen. ¿Qué consejos les das a los y las jóvenes que empiezan en el mundo del cine?

Llevo muchos años trabajando en la enseñanza y transmisión del cine. Es un trabajo muy bonito, pero también una gran responsabilidad. La Zinema Eskola es una cosa y otra muy distinta trabajar con adolescentes y jóvenes.

Me exige una formación continua, porque no es nada fácil dar con la manera de transmitir la pasión por el cine y la manera de ayudar en los procesos creativos.

Los consejos pueden ser muchos y diferentes según el momento en el que se encuentre el alumnado. Pero, en general, además de la pasión por el cine, para mí es importante tener una responsabilidad con lo que cuentas (sea realidad, sea ficción), contigo misma y con la perspectiva que tienes como cineasta: qué quieres contar y desde qué punto de vista.


En tu opinión, ¿cuál es la situación actual del cine en Euskal Herria? ¿Cuáles son los retos de futuro?

Euskal Herria es muy pequeña. Somos pocas las personas que trabajamos en el mundo del cine, a pesar de que, al mismo tiempo, somos muchas. No diría que hay una industria, pero, poco a poco, cada vez hay más personas haciendo películas, hay muchos y muchas jóvenes creando hermosas películas...

En general, diría que vivimos un momento muy bonito, pero hay mucho trabajo por hacer, sobre todo en la producción y financiación. Hay pocas fuentes de financiación. Creo que, por un lado, hay que impulsar la producción y crear fuentes de financiación, y, por otro, fortalecer el vínculo entre las personas creadoras y productoras. Muchas personas creadoras tienen muy buenas ideas, pero ese camino se suele interrumpir por la falta de fuentes de financiación y de personas productoras. Ante esa falta de equilibrio, hay que educar a más personas que aman el trabajo de producción e incrementar las fuentes de financiación.


Y para finalizar, ¿en qué estás trabajando ahora? ¿Tienes algún nuevo proyecto entre manos?

Irrits acaba de nacer. La estrenamos en Málaga, pero al estar en el catálogo Kimuak, todavía hay que ayudarle un poco. Además, he empezado a trabajar en otros proyectos. Aunque se hallan en la fase inicial, tengo muchas ganas de desarrollarlos. En este momento, estoy escribiendo un largometraje.

 

(Especial publicado el 31 de agosto de 2022)

Euskadi, bien común