Santurzine, el festival que llevó el cine a la calle, cumple 10 años

  • Santurzine, el festival que llevó el cine a la calle, cumple 10 años

En 2013, un pequeño grupo de personas se planteó crear un evento para agitar un poco Santurtzi, y decidió llevar el cine a bares y espacios no convencionales, ofreciendo a los autores y al público un espacio donde poder interactuar. Diez años después, aunque la esencia sigue siendo la misma, Santurzine ha adquirido también una visión de acción social. Con motivo de la 10ª edición del festival, que se celebrará del 6 al 22 de octubre, hemos hablado con Iñigo Cobo.


¿Qué es Santurzine y cómo surgió?

El Festival, en verdad, surge como consecuencia de una serie de casualidades, con un pequeño grupo de personas muy variado y diferente que nos habíamos conocido en un curso de verano de la Universidad del País Vasco. Tras esa experiencia, de apenas una semana, nos volvemos a juntar al de unos meses para crear un cortometraje para una campaña del Club de Remo Itsasoko Ama, la Sotera, que buscaba financiación y el apoyo de la gente, o "la marea morada" como se le llamó. La experiencia es tan positiva que queremos seguir haciendo cosas por el pueblo y con el pueblo. Es 2013, con la crisis aún resonando fuerte, y se plantea crear un evento para agitar un poco Santurtzi, sobre todo desde una dimensión de hostelería, comercio, vida social y nocturna... Las zonas de bares están muertas, no hay acciones culturales... y decidimos llevar el cine a la calle.


¿Cuál es el elemento distintivo de Santurzine? ¿Qué lo hace único?

Lo que pronto nos queda claro, y es una idea que se ha fortalecido con el paso de los años, es que festivales de cortos hay muchos, y con mucha frecuencia con un objetivo de simple exhibición. La tarea y responsabilidad de organizar un festival es tanta que, si vamos a hacerlo, queremos que sea algo diferente y que suponga una experiencia distinta. Por tanto, si bien el corazón del Festival es la proyección de cortometrajes en bares y espacios no convencionales (este año se suma la Cofradía de Pescadores, en la histórica sala de subastas que usaban las sardineras para vender el pescado), con los años ha madurado una visión de acción social vinculada a asociaciones como Amnistía Internacional y Bizitegi, que trabaja con personas en exclusión; con esto, colocamos como Jurado (de los premios Ibiltariak y Kalean) a adolescentes y jóvenes, de la Universidad de Deusto de Bilbao y San Sebastián, y a personas en exclusión y sus educadores, respectivamente.

Además, el hecho de proyectar en bares, permite acercar a directoras y directores al público de la manera más cercana posible, con una cerveza o una copa en mano, y el habitual bullicio de un bar cede espacio al silencio y la atención en exhibiciones que mezclan cortometrajes de producción estatal con autorías locales, a veces amateur, y muchas veces noveles: gracias al formato del Santurzine, mucha gente coge la cámara por primera vez y experimenta con las imágenes.


Una de las líneas de acción del festival es la puesta en valor del cine vasco, y de manera muy especial, del cine grabado en Santurtzi. ¿Cómo se materializa?

Euskal Pantailak nació sobre el tercer año del Festival; este año, EITB se ha incorporado como patrocinadora y, por primera vez, es una sección competitiva. Era una evolución natural, prácticamente, y tiene que ver con el interés que nos despierta lo que se produce en nuestro entorno, en ocasiones fruto de autorías a un paso de la profesionalización y que buscan dar un paso más y conseguir presencia en Festivales y visibilidad. Todos los años intentamos hacer una mezcla entre largometrajes, documentales y cortometrajes vascos.

La sección local, como solemos decir, es el núcleo duro, el apartado que más ilusión e interés desprende. Hay gente que, religiosamente, lleva participando desde el año uno, como una rutina más, y es increíble ver cómo hay evoluciones, experimentaciones... Es una manera de democratizar el cine y dejar ver que plasmar ideas es toda una aventura.


Asimismo, Santurzine siempre ha tenido la mirada puesta en la educación y en la sensibilización de los y las más jóvenes. ¿Con qué herramientas contáis para ello?

Ha sido también una evolución progresiva hasta que se ha asentado. El cine es una herramienta muy poderosa, sobre todo de expresión, y usarla con las personas más jóvenes da sus frutos, sin duda. Nuestra acción educativa empezó con un proyecto un poco loco llamado Santurzine XS, y como la talla indica, estaba destinado a alumnado de Primaria. Esto, bajo una pauta de autogestión creativa: íbamos a colegios, les dábamos nociones básicas, una cámara y un único mandato: haced lo que queráis y lo ponemos en el cine de Santurtzi. Poco después, esto llamó la atención de Amnistía Internacional y se incorporó al proyecto, y cambió para convertirse en: os contamos esto sobre este tema concreto de los Derechos Humanos, y contad lo que queráis partiendo de lo que habéis entendido. Esto hizo que, de pronto, más de un centenar de niños de colegios de Santurtzi realizasen cortos sobre temas como el comercio internacional de armas o la discriminación. Fue una experiencia maravillosa, duró unos pocos años y luego evolucionó al mencionado Jurado Joven de la sección Ibiltariak o nuestro trabajo con Bizitegi, que un año también propició que alumnos de bachillerato hiciesen un documental de media hora sobre el sinhogarismo.


¿Se espera alguna novedad con respecto a años anteriores?

La décima edición va a estar una marcada, primero, por un regreso a actividades más lúdicas como las pre-pandémicas; esto es, la fiesta en barco o una cena secreta, así como el asentamiento del área Santurtzi Zine Lantegia, que empezó en 2020 y este año viene con una masterclass de Ramón Barea y una nueva edición del Foro de Creación, ahora auspiciado por EITB y que tendrá lugar en el Palacio de Oriol.


¿Qué destacaríais de la programación de esta 10ª edición? ¿Habéis organizado alguna actividad especial?

Además de las cosas que acabo de mencionar, el punto de celebración va a estar en actividades como la Fiesta de Aniversario en el bar Music, el sábado 15, que tendrá invitados especiales y un "micrófono abierto" por el que pasarán conocidos, amigos y algún artista invitado. No podemos olvidarnos de la exposición en el Metro, que recorre carteles, momentos e imágenes desde 2013, y que estará hasta el 23 de octubre en la salida de Casa Torre del municipio.

La víspera de la gala habrá alguna sorpresa en el Harold y, por supuesto, la ceremonia de clausura va a tener mucha espectacularidad: vuelven los 40 músicos que conforman la Banda de Santurtzi, se incorpora la Koral Maitia, con veinte coralistas, y alguna que otra sorpresa... El escenario va a estar bastante completito.


10 años dan para mucho. ¿Qué lectura hacéis de estos años y cuáles son los retos de futuro que os planteáis?

Este es un festival que va de año en año, prácticamente. Como suelo decir, cuando acaba una gala, una edición, no puedo decir si habrá una nueva edición; no por cansancio, sino por viabilidad. Es sorprendente que llevemos diez ediciones, cuando prácticamente al principio nadie daba un duro. El mayor éxito ha sido definir una personalidad clara y, sobre todo, haber conseguido ser coherentes con ello: un festival para todos, en igualdad, donde todo el mundo es bienvenido. Un festival, también, que ha querido aportar al entorno con su sola existencia. Es una obviedad, pero también una máxima. A día de hoy, contamos con apoyos sólidos, por parte del Ayuntamiento y varias instituciones, que nos dan seguridad, así como un maravilloso equipo de personas fieles al proyecto y comprometidas. Eso es nuestro presente, y eso es bueno, y enriquecedor, y motivante. De cara a la undécima edición, ya iremos viendo... Año a año.


(Especial publicado el 5 de octubre de 2022)

Euskadi, bien común