Bertha Gaztelumendi y Rosa Zufia, directoras de "Arnasa betean. A pulmón": «El solo hecho de incorporar la mirada, o las miradas, de las mujeres cambia necesariamente el cine»

  • Bertha Gaztelumendi y Rosa Zufia, directoras de "Arnasa betean. A pulmón": «El solo hecho de incorporar la mirada, o las miradas, de las mujeres cambia necesariamente el cine»

Estrenado a nivel mundial en la 71.ª edición del Festival de San Sebastián, el documental Arnasa betean. A pulmón propone una inmersión en el cine realizado por mujeres cineastas vascas de ayer y de hoy. Asistimos a la temática de sus películas, su mirada, sus sueños, sus esfuerzos por salir adelante y, sobre todo, su aportación al cine. Nos guían en este viaje tres buceadoras. Hemos hablado con Bertha Gaztelumendi y Rosa Zufia, directoras de la película.


¿Cómo nació el proyecto, con qué intención? ¿La película es un ejercicio de memoria y reconocimiento? ¿Qué queríais contar exactamente?

Arnasa betean. A pulmón nació de nuestra propia experiencia como periodistas y de la experiencia de Bertha como realizadora. Hemos visto muy de cerca las dificultades que han tenido las mujeres para hacer cine y la falta de reconocimiento a su trabajo. Y pensamos que podíamos hacer una pequeña aportación para mostrar que, a pesar de todo ello, las mujeres han hecho cine, buen cine además, y que su mirada, o sus miradas, son imprescindibles.

 

El documental está guiado por una ficción en imágenes que se desarrolla en el mundo submarino, a través de un viaje de tres buceadoras que hacen apnea. ¿Fue la parte más difícil del rodaje? ¿Qué habéis querido representar a través del mar?

La ficción submarina nos dio muchos quebraderos de cabeza. Y finalmente decidimos filmarla en Menorca. Ya desde el primer día de rodaje nos bastó con ver la fuerza, la elegancia y la implicación de las tres apneistas -Erea López, Lara Larrañaga y Ainhoa Incógnito- para saber que íbamos a hacer realidad nuestro sueño. El director de Fotografía, Rubén Crespo, se encargó de que incluso lo superáramos.

En nuestras escenas submarinas representamos el esfuerzo, el deseo de libertad, ese mundo bello y a la vez árido que bien podría ser el de las mujeres, y también el lugar donde se esconden tesoros como el cine hecho por ellas. Son momentos de un viaje a través del mar que va guiando la película.


El documental propone una inmersión en el cine realizado por mujeres cineastas vascas de ayer y de hoy, de la mano de 19 cineastas y de una investigadora*. ¿Tuvisteis claro desde el principio quiénes iban a participar y los temas que queríais abordar con ellas?

Al principio trabajamos sobre una base mayor de cineastas. Vimos muchísimas películas, y de ellas y de algunas ideas que teníamos previamente surgieron los temas que conformaron el guion. Después tuvimos que reducir esa lista de cineastas. Lo hicimos buscando un equilibrio de edades, tipos de cine, etc., y también en base a los propios temas que queríamos tratar. Fue un proceso duro pero totalmente necesario para que la película fuera viable.


En la película muchas repiten las dificultades que han tenido en su carrera para obtener financiación, las carencias que se les han atribuido para liderar proyectos por el hecho de ser mujeres y el cuestionamiento constante sobre la calidad de los trabajos dirigidos por mujeres. En ese sentido, Mireia Gabilondo dice que lo primero que hay que agradecerles es tener la valentía de hacerlo. Sin embargo, habrá diferencias y entre las mujeres cineastas del último cuarto del siglo XX y de las este siglo XXI, ¿no?

Sí, hay grandes diferencias respecto a aquella época. La sociedad no es la misma: hay un mayor acceso de las mujeres a las distintas profesiones y una mayor confianza hacia su trabajo. Además, gracias a la resistencia, la tenacidad y la organización de las cineastas, se han conseguido ayudas públicas que están siendo cruciales para que algunas películas puedan salir adelante, entre ellas los trabajos de cineastas vascas que están triunfando en los últimos años. De todas formas, no podemos olvidar que la brecha sigue existiendo. Basta con ver las diferencias por género en las distintas profesiones del cine y, por supuesto, la enorme distancia entre los presupuestos que hombres y mujeres consiguen para sus películas.


Además de los testimonios de las entrevistadas, habéis recogido fragmentos de sus películas. Hay trabajos de todo tipo. ¿Cómo las habéis seleccionado entre tanto contenido?

Ha sido un trabajo de hormiguitas. Hemos visto cada una varias veces hasta seleccionar los fragmentos que mejor representaran a esas películas y a lo que en ese momento del documental estábamos contando. También ha sido muy laboriosa la gestión de los derechos y todo el proceso hasta que el clip se incorporara a la película. Pero estamos muy satisfechas porque es algo que muchísima gente nos comenta al final de la película: que ha sido todo un descubrimiento y que quisieran tener esa lista de películas para poder verlas.


Las mujeres cineastas están recibiendo en los últimos tiempos numerosos premios. Y en palabras de Arantxa Echevarría, "no es porque las mujeres estemos de moda, sino porque al final hemos hablado. Al final alguien nos ha escuchado". ¿Cómo está cambiando el cine gracias a la mirada de las mujeres?

El solo hecho de incorporar esa mirada, o esas miradas, de las mujeres cambia necesariamente el cine. Gracias a ellas aparecen temas, situaciones o emociones que no se reflejaban en las películas y, sobre todo, personajes femeninos con un mundo propio, que intentan alejarse de estereotipos y en los que podemos reconocernos mejor. Quizás podríamos hablar de otras aportaciones: de una manera diferente de representar los cuerpos femeninos, de cómo muestran más su mundo interior a la vez que se preocupan por el que les rodea, de su pasión por la experimentación... Las mencionamos con muchas reservas, sin olvidar que el cine hecho por mujeres es muy diverso.