Karmele Mitxelena, escritora: «Puedo pasar días dándole vueltas a un párrafo que no me gusta, o escribir un cuento en un solo día. Es el proceso creativo el que marca los tiempos, y no al revés»

  • Karmele Mitxelena, escritora: «Puedo pasar días dándole vueltas a un párrafo que no me gusta, o escribir un cuento en un solo día. Es el proceso creativo el que marca los tiempos, y no al revés»
    Autora de la foto: Naiara Mitxelena Etxebeste

Karmele Mitxelena llegó a la literatura tras ganar numerosos concursos de «bertso-paperak» (versos escritos en euskera), con la idea de "seguir jugando con la palabra". Presentó su primer cuento a un concurso y fue premiado. Desde entonces, han llegado otros muchos premios. Por ejemplo, este año ha ganado el Premio Euskadi de Literatura Infantil y Juvenil en Euskera con la obra Aitona Floren, y ha recibido el Premio de la Crítica Española y el Premio Euskadi de Plata con la novela Zoriona, edo antzeko zerbait. A lo largo de su trayectoria también ha realizado un cortometraje (junto a Alaia Martin e Iraitz Mateo) y ha creado diversos espectáculos basados en sus obras. Hemos hablado con Karmele de todo esto y mucho más.


Antes de dedicarte a la literatura, estuviste en el mundo del bertsolarismo, y la lista de premios que has conseguido en concursos de «bertso-paperak» a lo largo de los años es muy larga. ¿Qué relación tienes actualmente con el bertsolarismo?

Hace tiempo que dejé el bertsolarismo improvisado, y diría que el bertsolarismo escrito también va por el mismo camino, aunque sigo sintiendo el bertsolarismo como algo muy mío. Me adentré en ese mundo gracias a mi padre, que era bertsolari y gran aficionado. Por desgracia, perdí a mi padre y me quedé con el bertsolarismo. Para mí el bertsolarismo sigue estando muy ligado a la memoria de mi padre. No hay sesión de versos que pueda escuchar sin acordarme de él. Constantemente pienso: "esto le gustaría a mi padre" o "a esto no le aplaudiría". De alguna manera, dentro de mí, comparto las sesiones con él y eso es lo que me da el verso.

Durante años he sido muy aficionada a escribir «bertso-paperak», porque exige mucho esfuerzo mental. Es un juego muy interesante entre la palabra y la métrica, una lucha constante hasta que el verso adquiere forma. Si tuviera más tiempo libre, quizá se lo dedicaría al verso escrito, pero no es el caso.

Hoy en día trabajo sobre todo en tareas de promoción y organización en el pueblo. También he querido indagar un poco en la memoria de las mujeres bertsolaris de antaño, como Martzelina Lopetegi Olaiz, y de ahí han surgido distintos proyectos. Por otro lado, Alaia Martin es muy amiga mía y soy muy seguidora suya, sobre todo en los campeonatos. Yo trato de estar allí donde está ella, y eso me obliga a seguir el campeonato de cerca; lo agradezco mucho.


¿Qué te llevó a la literatura? ¿Cómo recuerdas aquellos primeros años?

Creo que necesitaba jugar con la palabra. Escribir versos me ofrecía eso, y trabajar la narrativa era también seguir jugando con las palabras, pero en otro formato, construyendo una historia. Recuerdo mi primer cuento: lo presenté a un concurso y resultó premiado. A partir de ahí, poco a poco, los campeonatos fueron marcando mi trayectoria. Fui conociendo los concursos y me presenté a ellos, y la mayoría de las veces era premiada. Creo que eso fue importante porque me dio una gran confianza en mí misma. Y es triste decirlo, pero si no hubiera ganado tantos premios, no sé si hubiera sido capaz de ponerme en valor; seguramente no.


En tu trayectoria, el género que más has trabajado ha sido el cuento. En 2022, con tu primera colección de cuentos Haragizko mamuak ganaste el Premio Literario Kutxa Ciudad de San Sebastián. ¿Por qué es tan atractivo el cuento para ti?

Disfruto mucho escribiendo cuentos. Tienen mucho de ese juego del que hablaba antes. En la mayoría de los casos se trata de historias redondas, momentos, frases, palabras que van muy unidas desde el principio hasta el final, y vas creando hilos a lo largo de todo el cuento con personajes, elementos o metáforas. Yo en particular diría que disfruto creando esos hilos.

Creo que un buen cuento puede ser un texto perfecto. Una novela difícilmente lo será desde el principio hasta el final. En los cuentos nada se te puede escapar, tienes que elegir muy bien qué decir, porque no puedes contarlo todo. Todo tiene que estar muy conectado, los tiempos están muy marcados, no hay rellenos, no hay tiempo para tonterías. Cada párrafo, cada palabra debe ser imprescindible para que esté ahí.

En mi caso, escribir un cuento supone una gran autoexigencia. El primer borrador no suele servir de nada, pero luego lucho con cada párrafo hasta que se convierte en lo que para mí es un párrafo perfecto. Puedo pasar días dándole vueltas a un párrafo que no me convence, o escribir un cuento entero en un solo día. Es el proceso creativo el que marca los tiempos, y no al revés. Me esfuerzo mucho hasta que el resultado final me parece perfecto. Si para mí no es perfecto, no es posible y no está acabado.

Por otro lado, las colecciones de cuentos ofrecen la posibilidad de abordar muchos temas diferentes, y me gusta esa sensación de sorprender al lector o a la lectora de un relato a otro. A mí como lectora me gusta encontrarme con eso.


La literatura infantil y juvenil también te ha dado grandes alegrías. Por ejemplo, con tu obra Aitona Floren (ilustrada por Jokin Mitxelena) has ganado este año el Premio Euskadi de Literatura en la categoría de Literatura Infantil y Juvenil en Euskera. El jurado ha destacado que "aborda la muerte y el duelo sin dramatismos, en un relato muy cercano, construido a partir de la voz de una niña protagonista, en forma de monólogo íntegro y directo". ¿De dónde surgió la idea? ¿Cómo se aborda un tema tan difícil en una obra infantil?

El tema de la muerte siempre está presente, basta con poner un poco de atención. Vivo rodeada de niños y niñas y tengo muy claro que el significado de la muerte es muy distinto para ellos y ellas que para nosotros y nosotras. No sé por qué, quizás porque no tienen una noción real del tiempo, o quizá sí. Me atrae mucho alejarme de mi persona y meterme en la cabeza de otra, pensar qué pensaría, qué diría, qué sentiría en una situación o contexto determinado, construir el discurso desde su voz. En el caso de los niños y las niñas este ejercicio es aún más divertido, porque de hecho son mucho más naturales y me siento muy libre al escribir para el público infantil.

A menudo a las personas adultas nos cuesta hablar de la muerte y por eso decimos que es un tema difícil. Pero no sé si realmente es así, es una cuestión muy fácil de entender. Tal vez sea difícil de aceptar.


Eres profesora de profesión. ¿Qué lugar ocupa la literatura en las escuelas? ¿Se trabaja como se debería?

Se intenta, pero no creo que en general se crea realmente en la fuerza de la literatura, ni en la educación ni en ningún sitio. Se dice que sí, que está integrada en el sistema, pero creo que el lugar de la literatura en la educación depende totalmente de las personas que están en cada centro. Muchas veces, además, se propone ligada a objetivos didácticos muy concretos, olvidando que nada nos va a aportar más que la literatura que se vive desde el placer.


Zoriona, edo antzeko zerbait es el segundo libro que has escrito para el público adulto. Es tu primera novela, escrita gracias a la beca Augustin Zubikarai, y este año ha recibido el Premio de la Crítica Española y el Premio Euskadi de Plata. Aquí también se habla de la muerte. ¿Qué es la felicidad o eso que se le parece? ¿De qué querías hablar?

Quería hablar del duelo, del duelo de la pareja de una persona que se ha suicidado. Era una situación que tenía en la cabeza desde hacía tiempo y pensaba mucho en eso, en lo que le quedaba a esa persona después de la muerte de su pareja. A partir de ahí construí una historia, con una visión más amplia de la enfermedad y de la muerte, y quería reivindicar el deseo de seguir viviendo, de ser feliz, o algo parecido a ello. Me parecía importante poner palabras a ese sentimiento, con todas sus contradicciones y con toda la culpa que conlleva. De ahí el cuestionamiento del propio concepto de felicidad, el desconocimiento de lo que se entiende por felicidad, que puede tener significados muy diferentes en función de la persona, el lugar y el momento.

[Autora de la foto: Naiara Mitxelena Etxebeste]


"Zu ez zintuen itsaso honek hil. Beste itsaso bat izan zen, harroagoa, zakarragoa, zikinagoa, itsasoa bakarra bada ere" (A tí no te mató este mar. Fue otro mar, más orgulloso, más áspero, más sucio, aunque el mar sea único). Así comienza la novela. La narradora es la propia protagonista, que se dirige a un "tú", su marido. ¿Quién es María? ¿Cuál es el viaje que se plantea en la novela?

El viaje de María es psicológico, aunque en el libro se refleje como un viaje físico. Para mí lo más importante era sacar a la luz todas esas vicisitudes internas de la protagonista, mostrarlas tal y como las sentía María, de manera desordenada y llena de contradicciones. Ese relato que la protagonista dirige al mar se convierte en algo verdaderamente transformador para ella: la rompe por dentro y, al mismo tiempo, la libera.

Creo que María busca una reparación en lo que dice y hace, no de forma consciente, pero su voz así lo exige; y creo que, de algún modo, el mar —o Josu— le ofrece precisamente eso.


Escribes tanto para público adulto como para niños, niñas y jóvenes; cuentos y también relatos más largos. ¿Cómo planteas cada nuevo proyecto? ¿Qué te lleva a elegir uno u otro?

No sabría decirlo. Las ideas llegan a mi cabeza ya con una forma determinada, y no necesito pensar para quién quiero escribir; de alguna manera, ya viene pensado.

Seguramente dependa de mis ganas al menos una pequeña parte de mi decisión, el tema que quiero tratar o la voz que quiero trabajar influirán en ello. De hecho, me encuentro en situaciones muy diferentes cuando escribo para una edad u otra. Cuando escribo para los niños y las niñas, por ejemplo, me siento muy libre para decir lo que quiero de la manera que quiero, sin filtros. Intento apropiarme de su naturalidad e incluso me río a la hora de escribir. Eso no quiere decir que no me exija, al contrario, me exijo mucho y le doy muchas vueltas a cada cosa.


Has dirigido el cortometraje Pentsatzen dut junto a Alaia Martin e Iraitz Mateo, que se ha podido ver, entre otros, en el circuito Laburbira y en la Zine Bilera de Lekeitio. ¿Qué nos cuenta?

Narra la historia de una mujer que no logra compaginar la maternidad con la vida creativa, mostrando el bloqueo que siente ante su trabajo creativo. Deja a un lado los roles de madre y creadora, muestra un esfuerzo por seguir apoyándose en sus amistades y en la creatividad, y acude a una exposición sobre mujeres artistas olvidadas, que le resulta casi desalentadora.

Fue toda una aventura decidir hacer un corto desde cero. No fue fácil, sobre todo porque estábamos en un mundo que no conocíamos demasiado. Yo por lo menos pasé meses duros, pero mimamos mucho el proyecto, le dimos mucho y parece que el resultado final ha gustado al público. Ha merecido la pena y estamos muy contentas con ello.


El año pasado se estrenó un espectáculo basado en el libro Erraldoi erraldoiak que tú escribiste y en el que tú misma trabajaste como cuentacuentos. ¿Cómo ha sido la experiencia?

La experiencia siempre es muy positiva, tanto los niños y las niñas como las familias son un público muy agradecido, me llena mucho poder ofrecerles momentos tan mágicos.

Yo no soy cuentacuentos, en absoluto, y no es mi intención seguir ese camino. Pero es cierto que en algunos momentos me han pedido que, como presentación del libro, hiciera la narración del cuento. A partir de ahí, no me hace falta mucho para liarme la manta a la cabeza. Disfruto mucho con el reto de crear un espectáculo desde la nada, enseguida pongo la cabeza en marcha. Elaboro un guion, aporto ideas y el entorno me ayuda a conseguir el atrezo, la música y otros elementos, porque sola no podría. Lo hicimos primero con el libro Erraldoi erraldoiak y luego con el libro Gau beltz on, y en ambos tengo un recuerdo muy bonito, en ambos el resultado fue muy exitoso y los niños y las niñas me lo recuerdan todavía.

No es algo que pudiera hacer con frecuencia. Invierto mucho tiempo y energía en este tipo de propuestas. Las mimo y las cuido mucho, y eso es lo que las hace tan especiales para mí. No las haría de otra manera, el resultado no me satisfaría.


Benetako Zirkua (Premio Mikel Zarate) es tu obra más reciente, una novela corta para niños, niñas y jóvenes, con ilustraciones de Bruno Hidalgo. ¿Qué es lo que el público lector va a encontrar en ella? ¿Ya estás trabajando en nuevos proyectos?

Benetako Zirkua, en comparación con mis otros trabajos, diría que es un relato con mucha acción. Es intenso, rápido, tiene mucho de la voz acelerada del protagonista. Un circo italiano llega a un pueblo aburrido y común, en el que comienza una historia humorística que combina momentos de tensión y de risas. Trata muchos temas, pero sobre todo diría que habla de la amistad, de esa amistad incondicional.

En cuanto a los nuevos proyectos, en este momento estoy terminando una colección de cuentos dirigidos a los y las jóvenes, en la que estoy poniendo todas mis fuerzas. No es un público fácil, y escribir esta colección de cuentos está siendo para mí un gran reto y a la vez muy especial.


(Especial publicado el 21 de noviembre de 2025)