Creada en Bilbao en 2002, Belleza Infinita edita y distribuye publicaciones que se mueven entre el arte, el cómic experimental, el fotolibro, el ensayo visual y la poesía gráfica. Su fundador, Garikoitz Fraga, ha sido recientemente distinguido con uno de los premios Gure Artea 2025 por su labor al frente de un proyecto editorial que busca fomentar otras maneras de percibir, expresar y pensar. Hemos hablado con Garikoitz de los inicios del proyecto y de las diversas tareas que debe llevar a cabo un editor que, como él, se dedica a la publicación de libros de infinita belleza.
¿Qué es Belleza Infinita? ¿Cómo nació? ¿Hubo referencias importantes que sirvieron de ejemplo para comenzar a definir aquellas primeras ediciones?
Lo más decisivo fue haber montado la revista Eseté desde cero con Ricardo Antón y Joaquín Gañez. Buscar el concepto, la financiación, elegir los temas, las maneras, buscar colaboraciones, trabajar con ellas, redactar, organizar los contenidos, maquetar y diseñar con 'Quimi', ver cómo lo hacía él, porque yo no tenía ni idea, y descubrir que también se escribe con las tipografías, la maquetación, las imágenes, etc.
Cuando me fui de la revista, hice un curso del INEM de Freehand, Photoshop y QuarkXPress, con idea ya de montar una editorial de libros de dibujo, foto... Hice prácticas en una empresa de publicidad con mi amigo Manu Legarreta y, con su ayuda, publiqué los primeros títulos. Una de las ideas era publicar y llevar los dibujos de artistas que admiraba, pero que sólo se veían en el mundito del arte, a librerías y tiendas de cómic. Y, al revés, dar a conocer cómics artísticos y trabajos de 'outsiders' en galerías o librerías de museos.
Mi referente, además de los históricos Bruno Munari, Sol Lewitt, Ed Ruscha, los vanguardistas rusos, algunos fotolibros, Peter Fischli & David Weiss, era Taschen, que tampoco era exactamente lo que buscaba, pero publicaba monográficos de autores bizarros y curiosidades, a precios asequibles y que encontrabas en todo tipo de librerías. Ahora me hace gracia esa referencia, pero es que en aquella época no había la diversidad de ahora. Los artistas estaban con sus catálogos y los comiqueros no habían llegado a la novela gráfica o lo experimental más que en las revistas Víbora o Cairo... Fue después de sacar los primeros títulos cuando me hablaron de Nieves (nieves.ch), por ejemplo. Había alguna librería que acogía estos libros, como Zuloa (Gasteiz) o Loring Art (Barcelona), pero vi aparecer otras como Panta Rhei (Madrid), Anti (Bilbao), Dadá (Valencia), Fatbottom (Barcelona)... Comenzaron las primeras ferias dedicadas a este tema: Proxecto-edición, en Galicia, Cliblick en Bilbao, Zink en Valencia, organizada por Martín el Alegre, alma de Tenderete, una de las ferias más interesantes de autoedición, etc. Así conocí otras iniciativas tangentes y se fue creando una pequeña familia de pequeños editores y libreros que se mantiene con los años. Quiero decir que era algo que se estaba cociendo entonces, por lo que mis primeros referentes eran más imaginarios que concretos hasta que me fui encontrando con personas afines y, tal vez, contribuimos con nuestro ejemplo a que surgieran más propuestas.
Desde el primer momento te propusiste huir del catálogo institucional y apostaste por otro tipo de proyecto. ¿Cómo son las publicaciones que edita Belleza Infinita?
Intento que el libro sea en sí la obra de arte. Me llaman la atención las propuestas más esenciales, realizadas con elementos sencillos, con un lápiz o un rotulador. El humor, romper los lugares comunes y los tópicos. Los autores que crean un universo en su obra...
[Gutter, 2017]
Belleza Infinita defiende la importancia del editor como eje central en la creación de un libro de arte. ¿Cómo es esa labor? ¿Cómo eres tú como editor?
Le doy la importancia del comisario de una exposición o de un productor musical. En casi todos los libros he tenido que buscar el concepto general y la estructura para organizar el material. Hay que mover todo continuamente, observando qué pasa, y seguir al día siguiente, y mirar otros libros, y abandonar unos días, y seguir. Hasta que un día, una combinación o una colocación fortuita, zas, despierta la forma de organizarlo. Y, entonces, empieza a rodar. También he sufrido con propuestas de autores que tenían algún material que prometía, pero no terminaba de resonar y he tenido que interrogarlos, acosarlos y buscar por cajones de sus casas y carpetas de sus ordenadores hasta que ha aparecido el hueso o la carne que le faltaba al asunto. Pero el editor no es el eje central. Pongo por delante la obra, antes que al artista o al editor. Hay un punto, después de los tanteos, en el que la obra impone sus órdenes y sólo te queda escuchar y obedecer. La obra es la que tiene que dirigir todas las decisiones. Doy más tamaño al título que al nombre del autor, y la marca editorial, muchas veces, va en la contracubierta. Cada autor es diferente y aprendo mucho con todos. Si propongo algo que no convence al autor, buscamos otra opción hasta que nos guste más a ambos. Con cada autor he aprendido nuevas maneras de entender no sólo los libros, sino también el arte e, incluso, la vida.
Cada pequeño detalle influye en el resultado final de un libro, y hace que, llegado el caso, elijamos comprar uno y no otro. ¿La edición en sí es un arte? ¿Cómo trabajas todos esos aspectos respetando la lógica de cada proyecto?
El libro es otro soporte para desarrollar propuestas artísticas. Un lugar en el que también puede darse el acontecimiento artístico, ese misterio que, a veces, ocurre al unir dos imágenes, o una frase con un dibujo, al cambiar una tipografía que no acababa de funcionar... El diseño y la maquetación son tan parte del contenido como las palabras y las imágenes. El tamaño, el papel, el tipo de encuadernación y hasta el precio o la manera de distribuirlo son también el 'texto' de la publicación. Cada proyecto es diferente y va pidiendo su propia forma. Al principio, sueles tener un concepto previo que en la cabeza es perfecto, pero no hay que cegarse con eso. La magia va a aparecer después, mirando los materiales, entrando en ellos, moviéndolos, probando, estando atento con lo que va ocurriendo. Y también suele haber alguna duda final. O no. Pero casi siempre dejo el libro un par de semanas macerando antes de entregarlo a imprenta. Y siempre me alegro de hacerlo, porque siempre cambias detalles que resultan determinantes. Aun así, siempre hay errores y cosas mejorables (además de los fallos de imprenta y encuadernación), por eso me pongo en duda continuamente y soy muy autocrítico.
[Trabajo de imprenta]
Una vez editado un libro, hay que distribuirlo, difundirlo y promocionarlo. ¿Cómo es ese proceso? ¿Qué importancia tienen las ferias, los encuentros y los festivales? ¿Hay un equilibrio real entre la oferta y la demanda?
La función de la editorial es hacer la mejor edición, promocionarla y venderla. La distribución es determinante, pero no hay una distribuidora para los libros artísticos, así que me toca hacer ese trabajo de hacer paquetes, enviarlos, liquidar con los puntos de venta, perseguir a morosos, ir a ferias. Intento que los libros estén en muchos puntos de venta donde, al menos, mucha gente los va a ojear, aunque después no los compre. Y hacerlo de manera profesional. Con contratos a los autores, eficiencia atendiendo los pedidos, buscando que las ventas financien la empresa y no depender exclusivamente de las ayudas públicas, aunque eso exige una estructura mínima: trabajo solo en mi propia casa y me encargo de todos los aspectos. No tendría por qué ser así, pero las editoriales de proyectos de este tipo que conozco funcionan parecido.
Los festivales son importantes para conocer el panorama y darte a conocer. Suelo escaparme de la mesa para mirar lo que hacen los demás. Haces amistades y es la ocasión de fichar nuevos proyectos, de contactar con librerías de otros países, de saber qué aporta tu editorial, comprobar cuál es tu público, oír comentarios y analizar cómo ojean o ignoran tus libros... Un montón de información y sensaciones que te llevas de vuelta y con las que sigues aprendiendo.
También organizas eventos y compartes tus experiencias en charlas y talleres. ¿Cuáles son las principales preocupaciones de la gente que trabaja en este ámbito?
Desde la artista que quiere publicar un catálogo de su obra, al escritor que quiere hacer una bonita edición, las charlas cambian dependiendo del público, si es para universitarios de Bellas Artes o para una biblioteca municipal. El libro sigue siendo un soporte muy atractivo. Intento transmitir las muchas posibilidades, las realidades que se dan con estas publicaciones, los errores habituales, muestro muchos ejemplos inspiradores, estrategias narrativas, estructuras, etc.
Recientemente has comisariado la exposición Laberinto, donde has reunido cerca de un millar de piezas de Juan Carlos Eguillor, del que ya editaste en 2021 Agur, amante. No habrá sido una labor sencilla. ¿Cómo ha sido la respuesta del público?
Espectacular. Muchos visitantes y muchos que han repetido varias veces. Los más mayores han sumado el factor emocional de los recuerdos, porque la obra de Eguillor recoge el aire de aquel tiempo. Ha habido sorpresa por el desconocimiento de las diversas facetas de este artista, asombro por el volumen de su producción y reconocimiento de su calidad.
[Mutantes, 2022]
Tras recibir el Premio Librarte en 2022, este año has sido distinguido con el Premio Gure Artea 2025 a la Actividad Realizada por Diferentes Agentes por tu labor al frente del proyecto Belleza Infinita. El jurado ha reconocido tu "visión creativa, independencia y continuidad, que hacen de Belleza Infinita un proyecto esencial para la proyección y el conocimiento del arte contemporáneo". ¿Cómo has recibido el reconocimiento? ¿Qué supone después de tantos años de trabajo?
Estoy muy contento y agradecido de que los Gure Artea tengan en cuenta no sólo a los artistas sino también a otras personas que están en el arte de otras maneras.
¿Cómo ha evolucionado Belleza Infinita en estos años? ¿Los planteamientos iniciales han cambiado mucho? ¿Cuáles son sus retos de futuro?
He cambiado yo y ha cambiado el contexto. Han aparecido más editoriales dedicadas a este tipo de libros, hay más ferias, hay librerías que acogen estos libros, se vende menos, lo que era curioso hace veinte años ahora no funciona o, al revés, vendo mejor títulos que estaban parados, estoy cansado de algunas tareas, otras las he mejorado. En general, estoy yendo a nichos concretos, como el caso de Eguillor, que estoy trabajando exhaustivamente. En lo local, ha tenido muy buena repercusión y, fuera, es una propuesta diferente y sólida. También quiero desarrollar más la faceta expositiva para complementar los contenidos impresos y aprovechar el estudio previo.
¿Estás trabajando ya en los próximos lanzamientos?
Prefiero no adelantar mucho, pero sí os digo que hay cuatro cómics. De dos autores actuales y de dos pioneros. Dos inéditos y dos rescates que aparecieron en prensa hace más de cincuenta años. Así que, después del año tan social que he tenido, voy a estar encerrado una larga temporada.
(Especial publicado el 19 de enero de 2026)