El músico eibarrés Xabier Badiola acaba de publicar su segundo disco en solitario, Leiho ondoan xori bat. Aprovechando este nuevo trabajo, hemos conversado con él sobre sus primeras experiencias con la música, sus principales referentes, el proceso de creación de sus canciones, las diferencias entre sus dos primeros álbumes y sus planes de futuro.
¿Cuáles fueron tus comienzos en el mundo musical? ¿Por qué la guitarra? ¿Qué tiene la guitarra que no tengan otros instrumentos?
Empecé con la guitarra a los 10 años, en una academia de música de mi pueblo. La música me gustaba mucho, y como un amigo del barrio iba también a esa academia, mis padres me preguntaron si me gustaría aprender a tocar la guitarra. Así es como empecé. La verdad es que no fue una decisión especialmente meditada. Me parecía un instrumento muy atractivo, y pasar de no saber tocar nada a empezar a hacer mis pinitos con la guitarra fue todo un salto.
Lo que más me gusta de la guitarra es la capacidad que tiene para el juego y la personalización: los distintos sonidos, las afinaciones... Esa posibilidad de tener entre las manos un instrumento que de un momento a otro puede cambiar por completo me parece excepcional. Abre muchísimos caminos por los que perderse, y, en la composición, de esa exploración suelen surgir cosas muy especiales.
Tras participar en numerosos grupos y proyectos, en noviembre de 2023 publicaste tu primer disco en solitario con la discográfica Gaztelupeko Hotsak. Hasta entonces habías trabajado principalmente como guitarrista, así que ese paso también implicó aprender a cantar. ¿Qué querías contar con aquel primer trabajo?
En aquella época solo formaba parte de Sotomonte, junto con algún otro proyecto suelto, y cantábamos en inglés. Para entrar en la banda tuve que aprender a cantar, y el hecho de tener que hacer armonizaciones a tres voces y cantar por encima de un equipo terriblemente alto me hizo ponerme las pilas rápidamente. Con el tiempo, fui acumulando una serie de canciones con un estilo más personal. Conversando con un amigo, decidí dar el paso y cantar en euskera, porque, tratándose de una música tan cercana y directa, no me parecía adecuado encorsetarla en otro idioma. Además, me movía en entornos bastante castellanohablantes, y sentía la necesidad de volver a adentrarme en circuitos y ambientes euskaldunes a través de la música.
El proceso de creación de aquel disco fue precioso. Antes ya había grabado con otros grupos, pero nunca con tanta calma, sin ningún tipo de presión. Estaba pensado para gente muy cercana y para cuatro gatos frikis.
[Autor de la foto: Eneko Caos]
Lo grabaste en casa. ¿Qué aportó esa circunstancia al resultado final?
Me apasionan los discos grabados con pocos recursos, y el reto que me planteé fue grabar en casa, un poco también como parte de un juego. Al ser un proyecto totalmente personal y partir desde cero, resultó muy liberador poder disponer de un espacio de experimentación. Eso puede aportar al disco un punto de delicadeza o intimidad. En lo que respecta a las identidades sonoras, al pasar por tan pocas manos, considero que el disco adquiere un sonido muy particular. Quedé muy satisfecho con el resultado. Desde muy joven he tenido alrededor modelos con una fuerte filosofía DIY (Hazlo tú mismo/a) en el ámbito musical, y me alegra seguir por ese camino.
¿Qué tipo de música haces? ¿Cuáles son tus principales referencias? ¿Eres de esas personas que buscan nuevas fuentes y beben de ellas?
Siempre resulta difícil definir la música que uno compone; para eso están las personas críticas, por suerte (en los mejores casos). Se puede englobar dentro del amplio paraguas del folk. Al estar presentado en general solo con guitarra y voz, ambos elementos tienen un gran peso. También doy mucha importancia a los arreglos de guitarra, y quizás más a las letras y a las melodías que al propio tratamiento de la voz. La música acústica que más me gusta es la que me trasmite una cierta angustia sublime, que sitúo muy cerca de la inexistencia. Esa es la sensación que pretendo trasladar con lo que hago: perpetuar ese instante en que la canción está en el aire, o simplemente compartirlo con el público y guardarlo en la memoria.
A la hora de escuchar música soy bastante obsesivo cuando encuentro algo nuevo; me sumerjo durante un tiempo en esa fuente de obsesión, y después la llevo conmigo hasta que una situación personal, meteorológica o de cualquier otra naturaleza me la vuelve a traer. Puede parecer que tengo un fetiche con lo antiguo, pero en general soy muy melómano: en todos los géneros encuentro pequeñas joyas que me interesan. Cuando algo me apasiona, me gusta comprarlo en formato físico, por una cuestión de autosuficiencia o algo así, y más aún en estos tiempos de dependencia de las plataformas de streaming.
Por citar un par de referencias, me encanta la guitarra acústica de corte "primitivista" y experimental. Hablaría de Gwenifer Raymond y de William Tyler; este último, además, en su último disco ha incorporado también electrónica y musique concrète. También me interesa mucho Daisy Rickman. Tengo sus dos discos y son realmente espléndidos. Por citar intérpretes o proyectos locales, he disfrutado mucho del último disco de Gartxot, producido por Amaia Miranda. También destacaría el trabajo Amaitasuna, de Maddi Etxeberria. Cuando he tenido ocasión de verla en directo me ha dejado atónito.
[Autor de la foto: Eneko Caos]
¿Cómo creas las canciones?
Normalmente, las ideas me brotan experimentando con la guitarra. Voy apuntando todo en un cuaderno: acordes, riffs, ideas sueltas... Después, a la hora de dar forma a la canción, llega el trabajo de albañilería: encontrar las melodías, asociar las palabras que voy escribiendo con lo que la música me transmite, crear desde cero... No tengo una única metodología, pero, en general, es una actividad que afronto con mucha calma. Siempre resulta más fácil partir de algo que ya existe y hacerle unos retoques que empezar desde cero, así que diría que se trata, sobre todo, de un proceso de ajuste. Para mí lo más importante es no dar nada por sentado hasta que la canción tome forma. Si hay que cambiar o cortar algo porque la canción lo pide, se hace. Y, una vez terminada, procuro no pulirla más de lo necesario, dejando también espacio para las imperfecciones.
En marzo publicaste tu segundo disco, Leiho ondoan xori bat. A diferencia del anterior, esta vez lo has grabado en el estudio Abadetxe junto a Xabier Agirre, y lo has publicado de la mano del colectivo Balio Dute. ¿Qué objetivos había detrás de estas decisiones? ¿Y qué te ha cantado al oído ese pájaro junto a la ventana?
Nos conocimos cuando empecé a tocar en solitario, y a medida que íbamos charlando y haciéndonos amigos, vimos que compartíamos muchas ideas sobre cómo escuchar, hacer y grabar música. Esa confianza me ha ayudado muchísimo. Era la primera vez que grababa un trabajo propio en solitario en el estudio de otra persona, y, además, decidimos trabajar con tomas directas, con toda la exigencia técnica que ello conlleva, tanto a la hora de tocar y cantar como de grabar. Nos hemos entendido a la perfección, y Xabi me ha ayudado mucho a no caer en el perfeccionismo: si una toma es buena, si tiene magia, adelante.
La decisión de incorporarme al colectivo Balio Dute responde, sobre todo, a una reflexión que he compartido muchas veces con Xabi. Ser solista te lleva a estar bastante solo, y sentía la necesidad de formar parte de una comunidad o de una red en el entorno. La gente de Gaztelupeko Hotsak me ha ayudado muchísimo y les estoy muy agradecido, pero echaba en falta un intercambio más cercano con los y las "colegas de sello". Como llevaba años siguiendo y disfrutando de muchos grupos y solistas de Balio Dute, fue una decisión muy sencilla. Conocía su trabajo en favor de la música y de la escena vasca, y además siempre me han tratado con una enorme cercanía.
El pájaro junto a la ventana siempre anda cantando. No es fácil seguirle el ritmo, pero, mientras siga haciéndolo, tendré que aprovecharlo al máximo.
En tu anterior trabajo, podían escucharse sutiles pinceladas vocales de Regina Luisa Zigaran. En esta ocasión, los coros corren a cargo de Jone Laspiur, y también has incorporado el chelo de Eñaut Zubizarreta. ¿Había canciones que te pedían acompañar la voz y la guitarra con otros elementos? ¿Qué buscabas con esta nueva sonoridad? ¿Qué diferencia este trabajo del anterior?
Componiendo el disco y, especialmente, durante la grabación, la secuencia de las canciones sugería una serie de temas o "subtramas". Yo no suelo hacer discos conceptuales, pero me gusta que los discos tengan un cierto hilo narrativo. El lugar y el tiempo donde se crean las canciones te ofrecen esa oportunidad casi de forma involuntaria. Quisimos destacar esos temas que iban surgiendo sin alejarnos demasiado de la sencillez de la guitarra y la voz. Tenía claro que quería incorporar el violoncelo, porque me encanta el color con el que tiñe las canciones de Nick Drake ("Cello Song") o Nirvana ("Something in the way"), por citar un par de ejemplos, y dejarlo en manos de Eñaut Zubizarreta ha sido la mejor decisión que podía tomar. Nos presentamos mutuamente en Abadetxe sin escuchar previamente maquetas y audios, y grabamos lo que traía escrito en un santiamén. Xabi y yo nos quedamos boquiabiertos en el control.
La invitación que hice a Jone Laspiur para que cantara proviene también de la admiración, al igual que con Eñaut. Me encanta cómo canta en Nakar: sabe "enseñar los dientes", pero al mismo tiempo tiene un lado etéreo y suave. Tiene una gran facilidad para el canto. Con nosotros tuvo mucha paciencia, ya que intentamos llevarla al límite. Las tomas que elegimos quizás no eran las perfectas técnicamente, sino las que tenían ese otro "algo". Agradezco mucho haber podido colaborar con dos artistas así.
En general, creo que este segundo álbum es más redondo: la secuencia de las canciones, el itinerario que propone a quien lo escucha, las dinámicas, los sonidos... Puede que el primero fuera algo más "folkie", como una pequeña colección de canciones. Este segundo presenta otro tipo de recorrido o secuencia de principio a fin. Las personas que han participado en el disco y muchas otras que he conocido en los últimos años han tenido un gran impacto en el proceso y, cómo no, en el resultado final.
[En la sala Le Tube de Seignosse, abriendo la sesión para Tinariwen. Autor de la foto: Mickael Vendermaesen]
Las canciones "Gazte ta hilezkor" y "Esan nora doan" hablan, al menos en parte, del paso del tiempo. ¿Dirías que es una de las ideas transversales del disco? ¿Qué otros temas has tratado en este disco?
Es curioso explicar de qué tratan las canciones, porque, a medida que el tiempo avanza, vas descubriendo nuevas lecturas. En el caso del tema del tiempo, cuando compuse la música tenía ciertas inquietudes, carencias y preocupaciones... y el paso del tiempo es la corriente que atraviesa todo eso. Por eso aparece de una forma u otra en muchas partes. También están el enamoramiento –cómo no–, la amistad, el duelo... El trabajo... La interpretación que yo realizaba al escribir las canciones se la explico solo a la gente de mi entorno; como oyente, no me gustan los espóilers.
La música catalana Magalí Datzira y tú sois los artistas seleccionados para la segunda edición de la Residencia Ozen i Fort. ¿En qué consiste exactamente Ozen i Fort? ¿En qué estáis trabajando?
Ozen i Fort es una residencia musical impulsada por los organismos Musika Bulegoa, L'Afluent y Fabra i Coats, que tiene como objetivo actuar como enlace entre las escenas de Euskal Herria y Cataluña. En la primera edición participaron Verde Prato y Clara Aguilar, y en esta ocasión nos han seleccionado a Magalí y a mí. Hemos creado una pieza musical de aproximadamente media hora, un puñado de canciones que presentaremos en Vic en septiembre. De momento, ese es el plan... Luego, ya se irá viendo.
El tipo de música que haces no es muy habitual por aquí. ¿Cómo lo recibe el público? ¿Qué espacio crees que existe para propuestas como la tuya en la escena musical actual? ¿Dónde puede seguirte quien quiera descubrir tus actuaciones?
Eso mismo me preguntaba yo cuando empecé como solista, pero en el camino he ido conociendo a músicos y músicas que trabajan en mi misma línea. Es cierto que muchas veces permanecen en un segundo plano, aunque se merecen todos los elogios del mundo, pero, como oyente, me interesa especialmente cuidar y compartir esas pequeñas joyas, esos "artefactos" que alguien guarda, sin la necesidad de imponerlos continuamente. Hasta ahora, la respuesta del público ha sido genial. Últimamente percibo además un ambiente especialmente positivo en el panorama musical, y lo que más me llama la atención es que se trata de un público muy heterogéneo. Creo que hoy en día la gente ya no está tan atrincherada en un único género, quizá por ese efecto de la "sociedad líquida" de Bauman. Entre mis oyentes hay personas aficionadas a artistas vascos y vascas, otras muy implicadas en la escena musical actual, folkies, rockeros y rockeras, punkis o pospunkis...
Es estupendo tener un público tan ecléctico, porque yo mismo soy bastante heterogéneo en mis gustos y esa pluralidad hace que, en cierto modo, me sienta respaldado. Si se tratara de un público poco flexible, no me sentiría tan empoderado a la hora de probar cosas nuevas en el futuro. En ese sentido, siento que tengo mucha libertad creativa.
Para estar al tanto de las actuaciones y las novedades, lo mejor es Instagram, que es donde comparto mis cosas. También publico los contenidos más relevantes en Facebook, para mantener al día a un público algo más maduro.
Autor de la foto: Eneko Caos
¿Qué hay del resto de tus proyectos (Sotomonte, Mandragora...)? ¿Hacia dónde te gustaría dirigir tus pasos?
En este momento ambos proyectos están parados. Con Sotomonte tenemos alguna actuación prevista antes de fin de año. Mandragora fue un proyecto muy fugaz. No me pilló en buen momento y no le pude seguir el ritmo, pero le tengo mucho aprecio a aquel EP, que con el tiempo se ha convertido en un auténtico tesoro oculto. Quizás en el futuro... Actualmente, también formo parte de la nueva banda Sugramas, junto a Jon Gurrutxaga, Miguel Moral y Andoni Etxebeste. En verano presentaremos en directo el single grabado con Ekaitz Garmendia. Además, en los últimos meses he realizado otras colaboraciones que irán saliendo a su debido tiempo. Solo voy a adelantar que se trata de personas del ámbito musical a las que admiro profundamente. Conocer otros proyectos ha sido una experiencia muy enriquecedora, como una bocanada de aire fresco.
De cara al futuro, estoy empezando a trabajar en otro disco. Me gustaría experimentar con otras cosas: nuevas afinaciones y timbres, distintas ambientaciones, el uso de la síntesis y otras técnicas de grabación... Y, por supuesto, siempre está la enorme sombra de la guitarra eléctrica. Tengo que reconocer que en algún momento me sentí algo encorsetado dentro del molde del rock y el blues. He participado en proyectos bastante clásicos y guitarreros, y me apetece explorar algo más crudo. También estoy trabajando en esa línea. Me cuesta estar quieto, así que de algún modo voy a tener que canalizar toda esa energía.
[Especial publicado el 25 de junio de 2026]