Miren Larrea y Valentina Raposo (Anita Maravillas): «Los títeres son pura poesía»

  • Miren Larrea y Valentina Raposo (Anita Maravillas): «Los títeres son pura poesía»

Miren Larrea y Valentina Raposo crearon hace casi 20 años la compañía de teatro de títeres Anita Maravillas. Hemos repasado con ellas su trayectoria, y nos han hablado, con auténtica pasión una pasión que se hace notar en cada palabra suya, de sus inicios, de la gran influencia de Pepe Otal, de las posibilidades que ofrecen los títeres, de su proceso creativo y de nuevos proyectos, entre otras cuestiones.

¿Quiénes son Miren Larrea y Valentina Raposo? Y ¿qué las llevó a crear, en aquel ya lejano 2005, la compañía Anita Maravillas?

Somos alumnas de Pepe Otal. Nos transmitió su pasión por los títeres, por aquello que se cuenta y por el disfrute del oficio. Las dos nos formábamos y construíamos marionetas de hilo en su taller del Raval, y allí nos conocimos. Creamos un primer trabajo para algunas funciones en cafés-teatros de Barcelona, sin demasiada pretensión. En un espacio así de creativo era bastante usual crear piezas pequeñas con compañeras y compañeros por el disfrute de improvisar y experimentar cosas. Pero ya no pudimos parar de crear historias, y construir juntas.

Cuando la compañía vuelve a Euskal Herria, se une con la productora cultural PORTAL 71 para continuar creando, y se integran a la compañía Iván Alonso, responsable de la dirección, y Ion Chávez, en iluminación, escenografía, ayudantías, cachivaches e inventos.

Si algo nos llevó a crear la compañía fue el ejemplo de Pepe Otal. Entendía su oficio y su taller como una forma de vida, como una trinchera frente a un mundo hostil. Era un ser muy coherente con su forma de pensar, tremendamente generoso con su alumnado, sin duda la mayor influencia en la creación de Anita Maravillas.

¿Por qué títeres? ¿Qué posibilidades ofrecen?

Los títeres nos dan la posibilidad de crear imaginarios únicos. Tienen su propio e inabarcable lenguaje y una fuerza como ninguna otra arte escénica nos puede ofrecer a la hora de crear. Nos hemos enamorado de ellos y ellos nos han dado una manera de expresarnos y de vivir.

Su universo abarca el mundo de los objetos, de la materia maleable y de las cosas, de eso que no está vivo. El universo material que nos rodea, desde una cuchara de la cocina hasta el polvo de las estrellas, pasando por el etéreo universo de la luz y de las sombras. A la vez, los títeres nos sitúan en las coordenadas del cuerpo y del movimiento. Cuerpos inventados, desde los más sofisticados a los más sencillos, pero al final cuerpos que se despiertan a la vida. Que respiran, que miran, que sienten y nos interpelan. Y parece que nos miraran y nos dijeran: "Si yo estoy vivo, ¿lo estás tú de verdad?". Los títeres son una metáfora de nuestra propia existencia.

Se dice que fueron los primeros dioses y que encierran el misterio del infinito y el conocimiento de la muerte: los cuerpos de madera y cartón de los títeres conocen el vacío. Son capaces de representar nuestra humanidad con sentido del humor y otras veces con crueldad. Amables o perversos, actúan nuestra carnalidad y el misterio de la vida. Como criaturas pertenecen al reino del imaginario y lo simbólico, de lo terrenal a la vez que a lo cósmico. Un títere puede, por ejemplo, hacer volar su cabeza hecha de cartón, sacarse de ella el corazón, lanzarlo a la platea, morir y volver a convertirse en un objeto. Los títeres son pura poesía.

En ellos convergen muchas artes, son multidisciplinares por naturaleza, reúnen la plástica, el movimiento, el ritmo, la música, la poesía y tienen una infinita capacidad de crear metáforas. Son de figura camaleónica, gigantes o diminutos, robóticos o hechos de tela y manos. Nos ofrecen técnicas innumerables: guante, hilo, habitados o corpóreos. Nos ofrecen torrentes de imágenes y son una fuente vertiginosa para crear. No tenemos suficientes vidas para poder abarcarlos.

Hasta el momento habéis estrenado siete obras, además de una propuesta de calle. Todas ellas, excepto Los sueños de Leonor, dirigidas al público infantil y familiar, y, en la mayoría de los casos, con muy poco texto. ¿Por qué? Aunque las propuestas son muy diferentes entre sí, ¿hay algún elemento que subyace en todas ellas?

Nos gusta crear sin texto, ya que ello nos obliga a trabajar un mundo más visual, buscar nuevos códigos escénicos. Trabajar sin texto te obliga a buscar una comunicación más directa en aquello que cuentas, las florituras son visuales. Es nuestra mejor forma de expresión, los títeres y el movimiento, y toda composición escénica que conseguimos crear sobre ello. Buscamos un lenguaje titiritero mediante el movimiento y la estética.

Intentamos que la comunicación sea instintiva e intuitiva. Pero nunca nos cerramos del todo al texto. Cuando hemos optado por integrar texto, lo hemos hecho a través de las letras de las canciones en Kotondarrak (Las Cotton) o la poesía en Andereño (La Maestra). Contamos con el trabajo de Miren Amuriza, que supo poner las palabras exactas reforzando la imagen o la acción de las escenas. Pero sí que el texto está al servicio del teatro visual.

Todas nuestras obras comparten una estética muy cuidada. Intentamos crear un imaginario, una estética propia para cada historia, que se crea a la par de la dramaturgia y la construcción de los títeres. Todas comparten el reto de la manipulación, de la búsqueda y la experimentación de nuevos códigos titiriteros. Tanto en la manipulación como en la relación del títere con la escenografía. Y sobre todo, todas comparten la necesidad de contar una historia, una historia llena de esperanza relatada con humor y ternura. Comparten elementos pero siempre son distintas, en colores, texturas, formas, manipulación... ya que planteamos nuevos retos durante cada producción.

Andereño (La Maestra)

¿De dónde surgen vuestros espectáculos? ¿Cómo es vuestro proceso creativo?

Una lectura, una foto o una reflexión puede ser inspiración de aquello que al final contaremos. Durante días se reproduce en tu cabeza, y surge la necesidad de seguir desarrollándola. Así nacen nuestros trabajos. Creamos en nosotras mismas esa necesidad de contar una historia. Después, seguido, llegará el "cómo contarlo". Y es aquí, acto seguido, donde surgen los primeros personajes, sus contextos y el imaginario que los acompañará.

En Jon Braun Caliban y Sicorax de La tempestad nos invitan a hablar de la colonización, y nacen Jon Braun, Malintxe y Muma. En Kotondarrak (Las Cottonuna lectura de Angela Davis nos pone sobre la pista de aquellas trabajadoras de la industria textil, su bravura, lo temidas que eran. Sus protestas aparecían en la prensa de la época. Este dato nos invita a imaginar una familia, una historia y una propuesta. En esta búsqueda, buscamos lo local, las cigarreras de Bilbao o las conserveras de Ondarroa, y nos regalan conflictos y perfiles más locales. En Andereño (La Maestra) unas imágenes de la guerra civil de barcos cargados de niñas y niños huyendo de la guerra hacia el exilio nos invita a imaginar un cuento para ellas y ellos en una situación distópica. Intentamos traducir estos conceptos más "adultos" a clave de cuento para poder abrirlo a la comunidad y generar una comunicación sobre distintos temas.

Kotondarrak (Las Cotton)

Somos de procesos creativos lentos, para dar tiempo a que las ideas surgidas en cada residencia artística realizada reposen. Para que las podamos revisar y para que todas las colaboraciones tengan tiempo para entender lo que queremos hacer. Contagiarles esa necesidad de crear este relato, cómo lo queremos hacer y dar tiempos para que cada una traiga su mejor propuesta.

Cuidamos mucho el proceso, más teniendo en cuenta que el mundo de los títeres necesita tiempos de construcción tanto de protagonistas como de cachivaches que los acompañen. Intentamos llegar con las ideas de mesa bien trabajadas a una primera residencia artística. El refuerzo del trabajo de mesa es un constante en nuestras creaciones. Después seguirán otras 4 residencias con distintos objetivos en espacios distintos: Harrobia, TOPIC, La casa de los títeres de Abizanda o Zornotza Aretoa son espacios amigos para ello.

Jon Braun

El taller de construcción es otro de los puntos fuertes de la compañía, donde no solo ideáis y creías vuestros propios títeres, sino que también atendéis encargos. En vuestra opinión, ¿qué debe tener un títere para que funcione? ¿Es muy difícil dar forma a las ideas de otras personas?

Un títere funciona cuando se juega con él y se consigue crear en el público una complicidad, un salto a la libertad y a la imaginación. Un buen títere te dice: "Estoy vivo". Y el espectador dice sin dudar: "¡Sí, estás vivo!". Entonces, que un títere funcione o no a veces no depende tanto de la construcción en sí, porque un buen títere a veces puede ser un simple trozo de papel, y lo importante es cómo lo movemos y, sobre todo, cómo se crea ese lazo con el público, a través de la poesía que hay en escena.

Desde el taller, tienes que ser consciente de que lo que construyes es un instrumento, y tienes que construir sobre todo posibilidades y también espacio para ser completado, como una copa al agua.

Por una parte, creas una imagen de los personajes, y a nosotras nos gusta que sean de una plasticidad que invite al público a vivir con ellos la historia que vamos a entregar. Nos entretenemos en el color, las texturas, los volúmenes, las formas, en la mirada de los personajes, sus siluetas, sus caracteres, su expresión vital, su vestuario, la textura de su piel o de su pelo, en cómo son sus manos (si las tienen), o el color de los zapatos; todos los detalles dicen cosas. ¡Aquí los títeres ya son presencias que nos están interpelando!

Por otra parte, desde el taller se tiene que cuidar la capacidad de esos instrumentos de generar movimiento, porque en el lenguaje de los títeres no es importante sólo la imagen del títere, sino su capacidad de crear movimiento a movimiento el aliento de la vida. Revisamos pesos, inercias, mandos, mecanismos, centro de gravedad, articulaciones, materiales blandos, livianos o pesados, tipos de mandos y técnicas de manipulación. Tienen que ser instrumentos versátiles, cómodos y generosos para que cuando se animen tengan mucho que ofrecer.

Proceso de creación en el taller

Cuando desde Anita Maravillas construimos nuestros propios instrumentos de trabajo es un lujo: se tiene en cuenta el qué se quiere contar, el cómo se quiere y se puede contar, cuál es el tono de la historia, cómo son los personajes o cosas prácticas como cuántas manos tenemos. Desde ahí se comienzan a crear unos imaginarios de manera conjunta y permeable desde el taller con el proceso de dramaturgia, la animación y puesta en escena. Siempre teniendo en cuenta que lo más importante es el público, pensar en las almas que tocará lo que estamos contando, en quiénes se llevarán a esos personajes en la retina de los afectos y la memoria.

Cuando hacemos encargos para otras compañeras artistas, es bonito y desafiante porque hay que trabajar la escucha e intentar resolver y ofrecer lo que necesitan con la misma generosidad que tenemos hacia nuestra propia compañía. A veces es un ejercicio de contención y de asesoramiento porque muchas veces son artistas que recién asoman la nariz en el mundo de los títeres y tienes que intentar hacer algo que les vaya como un guante y no les quede grande. También es entretenido ver y aprender de otros procesos creativos y es maravilloso poder contemplarlos y participar desde otro lugar. Se aprende mucho.

Vuestras obras no solo divierten al público. También plantean cuestiones interesantes que posteriormente se pueden trabajar, por ejemplo, en las aulas. Elaboráis para ello fichas didácticas con diversas actividades. ¿Hay que estimular la mente de las generaciones más jóvenes?

Creemos en que un espíritu crítico solamente se crea y estimula a través de las preguntas y la curiosidad. Quizás por ello nunca hemos sido de muchas moralejas en nuestros cuentos. Creemos en que mediante la emoción de aquello que ves desde la butaca se deberían generar preguntas o simplemente algún sentimiento que sugiera algo. Las personas jóvenes y las niñas y los niños captan rápidamente cuando algo sobre la escena es honesto.

Muchas veces durante el proceso de creación nos decimos: "¿Qué queremos contar aquí?". Y otras veces: "¿Qué pregunta nos gustaría generar en el público?". A veces el teatro para la familia ha sido tratado como un simple entretenimiento, y en nuestro caso el entretenimiento puede ser el camino pero no el fin. Queremos remover algo. Por otro lado, las niñas y los niños y la gente joven no tienen ningún problema con la profundidad de las propuestas, es algo más de las personas adultas. Es curioso, a veces la gente adulta quiere que el teatro para niñas y niños hable con un tono infantilizado sobre conceptos como la alegría, la generosidad o la paz mientras en la realidad construimos un mundo basado en el egoísmo, la competitividad y la guerra. En la medida de lo posible, intentamos ser honestas con el público a la hora de construir nuestro relato.