En el marco de la Semana de Música Antigua de Álava 2021.
“Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”
Estos versos pertenecen a La vida es sueño, y fueron escritos en 1636 por Pedro Calderón de la Barca. En esta obra se da la dualidad entre el destino previsto por seres superiores al hombre frente al libre albedrío o la libertad de elección del ser humano.
Con esta dialéctica de pensamiento que marca profundamente el Barroco, presentamos nuestra interpretación a través de la música, representando esta bifurcación filosófica con los Preludios.
Los preludios son composiciones de carácter improvisado que permiten al músico afinar y calentar en el escenario antes de llevar a cabo la interpretación de una obra. La libertad de tempo permite mejores oportunidades para la fantasía y la imaginación, para el cambio de humor, para la pasión y para la emoción.
El príncipe Segismundo, hijo del rey Basilio de Polonia, es, en este programa, el músico que lleva a cabo una fantasía. El preludio nos permite movernos de una tonalidad a otra con elocuencia y sentido, dejando al músico decidir qué camino quiere tomar y cómo quiere llegar desde su origen a su destino.
El momento en el que Segismundo regresa a palacio sin tener plena consciencia de quién es realmente y creyendo que todo es un sueño, ese momento, decimos, es el momento que el músico debe evitar. Los Preludios no están predestinados, la interpretación de los preludios no debe responder a ese falso libre albedrío que no funciona, porque en ellos no es todo estrictamente improvisado, hay unas reglas de base que un músico debe conocer y debe tener en cuenta si no quiere caer en el caos, en el sueño sin sentido, en lanzar a un sirviente por una ventana sin tener importancia, porque al fin y al cabo, las acciones tienen consecuencias.