Se quedó solo. Perdió su nombre. Ahora todos le llamaban Moko (“pico de pájaro”, en euskera). Moko deseaba ser uno más, tener amigos, ser querido. Y encontró la manera cuando descubrió que tenía un don casi mágico: veía volar las palabras, y como antes las lagartijas o los pajarillos, ahora las cazaba y las convertía en verso.
Ahora cuando los demás le miraban no veían un monstruo deforme sino un poeta con un alma bella. Se hizo mayor y se convirtió en Bilintx, el poeta amado por el pueblo.
Moko es un viaje poético sobre la empatía, el respeto y la capacidad de ver más allá de las apariencias. Una historia de dolor convertida en arte, un niño desfigurado con un don mágico: el de crear los versos más hermosos. Porque no es el rostro lo que nos define sino lo que hacemos con lo que la vida nos da.
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