La compañía de danza Eva Guerrero estrenó el pasado noviembre de 2025 Hasta el último baile, una obra que habla del paso del tiempo a través del cuerpo. Hemos repasado con Eva su trayectoria como creadora, directora y pedagoga en el ámbito de la danza, y hemos hablado de su nueva creación, de la actual situación de la danza contemporánea y de Doos Colectivo, proyecto que comparte con Jemima Cano, entre otras cuestiones.
¿Cómo llegaste a la danza? ¿Qué es la danza para ti?
Yo me puse a estudiar teatro con 18 años pensando que quería ser actriz. Por aquel entonces yo no tenía ni idea de qué era la danza contemporánea, nunca me habían llevado a ver nada ni tenía nadie en mi entorno que bailara, pero en 1.º de la BAI (Bizkaiko Antzerki Eskola) entre otras asignaturas teníamos danza contemporánea, ¡y flipé! Me provocaba algo por dentro, no sé, me conectaba cosas... me enamoró. Ahora que han pasado muchos años, puedo ponerle más palabras o explicar mejor a la gente que no ha bailado nunca, pero creo que el cuerpo y la expresión es algo universal, y desde el movimiento canalizo emociones, me siento mejor conmigo, con el entorno; es otra manera de relacionarme conmigo misma, pero también con el resto de personas. Hay muchas cosas en juego, que no encontramos, por ejemplo, en el deporte: expresión, emoción, creatividad, relaciones, contacto, espacio para la imaginación, no necesidad de poner palabras... Hoy por hoy, no imagino la vida sin la danza, de una manera u otra.
[Gorpuztu laburra. Foto: Eva Guerrero]
Recién cumplidas dos décadas de trayectoria, la Compañía de Danza Eva Guerrero estrenó en noviembre del año pasado Hasta el último baile. ¿Cuál es el origen de esta nueva propuesta escénica? ¿De qué habla? ¿Con qué tono? ¿Con qué mimbres la has construido?
Hace un par de años, gracias a un proyecto de danza y salud, estuve trabajando con un grupo de personas de más de 65 años, a quienes antes de las 9 sesiones que les impartí de danza, se les tomaron unas mediciones de salud, y al finalizar las sesiones lo mismo, de tal manera que, gracias al trabajo, se vio que la danza les había aportado un beneficio en su salud; así, a modo de resumen rápido. El hecho de trabajar con ellas y ellos, las cosas que me iban contando a lo largo de las clases, verles y escucharles, me hizo pensar en esa generación, en la vejez, en cómo van evolucionando los cuerpos, en la soledad...
Esa fue la primera piedrita del proyecto. Hasta el último baile es un trabajo de danza contemporánea con música en directo y textos, que es ya la seña de identidad de mis creaciones, donde hablamos del paso del tiempo, de las pérdidas y de cómo se reflejan en el cuerpo, de las ausencias y los recuerdos... Tiene una puesta en escena poética, con elementos de escenografía y atrezo que nos lleva a una época pasada, con unos objetos clásicos como abrigos, maletas y sillas. A mi me gusta decir que es una tragicomedia, porque lo mismo hay cosas que te hacen reír como otras que te emocionan; un poco como la vida, ¿no? También compartimos extractos de voces de mujeres a las que hemos entrevistado y a quienes se les preguntó por la vejez, el paso del tiempo, cómo lo ven desde ellas y desde su cuerpo. Tiene unas partes emotivas.
La danza es bastante expresiva, y el texto en esta ocasión es bastante narrativo. Dentro de la parte musical, además de dos voces, usamos también piano y guitarra.
[Gorpuztu. Foto: Eva Guerrero]
La corporeidad vuelve a cobrar fuerza en esta nueva propuesta, donde el cuerpo de las personas mayores se ha puesto en el centro. Es una constante en todos los trabajos de la compañía, como Tierra de nadie, donde se planteaba el espacio que existe entre un cuerpo y otro, y Entre cuerpos y Gorpuztu, donde el cuerpo está presente ya desde el mismo título. ¿Por qué es tan importante la investigación sobre el cuerpo -y su uso- para ti?
El cuerpo es algo universal que todas las personas tenemos, y digamos que me interesa mucho explorarlo, desde el cuerpo que cada cual traemos, me parece muy bello verlo como un campo lleno de posibilidades. En la danza académica parece que, si no levantas la pierna hasta u lugar, o si no tienes una flexibilidad concreta o no has hecho no sé cuántos años de "técnica", no eres bailarina... y creo que eso es una única manera de entender el cuerpo, la danza, el movimiento... Yo creo que todas las personas pueden bailar, y creo que hay muchas maneras de entender el movimiento. Yo tengo la mía, que es la que indago, me pregunto, investigo, pruebo... No es algo estático, sino que es algo que, valga la redundancia, está en constante movimiento, porque el cuerpo está en constante movimiento.
Como artista, pedagoga y persona que se relaciona con otras personas, tengo la cabeza llena de preguntas en cuanto al cuerpo y su movimiento. Para mí el cuerpo es mi herramienta de trabajo, pero también es un vehículo con el que me relaciono con las personas, y veo, en general, que hay mucha desconexión hacia el cuerpo, poca responsabilidad también desde un punto de vista de salud, por ejemplo, y un gran desconocimiento también, porque no nos enseñan a conocerlo, entenderlo, respetarlo, acompañarlo... y creo que, cuanto "más estamos en el cuerpo", nos relacionamos mejor con nosotras y con nuestro entorno, somos seres más sensibles y perceptivos, y creo que eso, entre otras cosas, nos hace ser mejores personas.
[Tierra de nadie. Foto: Eva Guerrero]
Hablando del cuerpo, no hay dudas de los muchos beneficios que tiene la danza para la salud, ¿verdad?
¡¡Desde luego!! Como ya comentaba anteriormente, gracias al proyecto que hicimos junto a EUNEIZ, pudimos comprobar, por una serie de mediciones, cómo, tras 9 sesiones de 1h30 de danza contemporánea, hubo un beneficio claro.
Ahora mismo hay ya muchos estudios que corroboran esto; desde la neurociencia se está hablando muchísimo de esto también.
Yo llevo muchos años dando clase, y veo las caras de las personas: cómo entran y cómo salen de clase, lo que te van contando, que van menos al/la fisio u osteópata cuando vienen a clase, que les duele menos el cuerpo... pero ya no es solo desde un plano físico, sino desde un plano emocional y relacional, desde un plano sensitivo y perceptivo. La danza aporta un montón de cosas necesarias para una misma, para encontrarse mejor y canalizar mejor las emociones. A mi modo de ver, es mucho más completo que hacer deporte, porque, además, en la danza está la parte creativa, está el contacto con las personas...
En Hasta el último baile habéis hecho una gran labor de mediación antes de encarar el trabajo de creación artística, entrevistando a personas mayores de diferentes perfiles. ¿Cómo ha enriquecido eso el resultado final? ¿Tenéis pensado ir cambiando esas entrevistas?
Las entrevistas se irán actualizando según vayamos avanzando en la gira, de esta manera iremos conectando con diferentes personas de los municipios a los que vayamos.
Las entrevistas son muy enriquecedoras, porque durante el proceso de creación nos han servido para aportarnos ideas, sensibilidad... Es alucinante lo que la gente te cuenta, todo lo que se llegan a abrir; eso es un regalo. Y aunque en la obra al final se escucha bastante poco en comparación, es una maravilla escuchar a las personas hablar de sus visiones, sus sensaciones y vivencias.
Hasta el último baile inició su andadura en el Teatro Arriaga. ¿Cómo fue? ¿Cómo se presenta el calendario de funciones?
Podemos decir que el estreno fue todo un éxito desde el punto de vista del panorama de la danza vasca y la asistencia de público, ya que se llenó todo el patio de butacas, y eso, para ser una compañía de Euskadi y actuar un jueves, es todo un éxito.
La siguiente cita ha sido este 8 de febrero, en Errenteria, donde hemos estrenado la versión en euskera.
Teniendo en cuenta lo poco que se exhibe la danza contemporánea en los teatros, en este caso en los teatros públicos vascos, y las pocas actuaciones de media anual que tenemos, nosotras con esta obra no podemos quejarnos, ya que cuando estrenamos en noviembre en el Arriaga, ya teníamos cerradas siete actuaciones. A fecha de hoy tenemos ocho actuaciones por delante a lo largo de 2026, que realmente es poquísimo, pero es que el panorama es paupérrimo. Parece que los y las artistas solo nos quejamos, de eso se nos acusa, pero es que realmente la danza contemporánea vive en la decadencia absoluta. Yo no vivo de las actuaciones, y asumo que no voy a vivir nunca de actuar. A final de mes llego sumando una serie de actividades en relación a la danza contemporánea, e insisto, en mi caso porque tengo una pequeña estructura que hace muchas cosas más allá de crear y producir espectáculos profesionales.
[Entre cuerpos. Foto: Curruscu]
¿Crees que se programa suficiente danza? ¿Hay diferencias significativas en cuanto al volumen de las funciones que se programan dependiendo de si se trata de un espectáculo de sala o de calle? ¿Está el público lo suficientemente predispuesto a la danza?
Absolutamente no. Ahora mismo no sé las cifras exactas, pero, en un cálculo aproximado, la red de teatros vascos la forman alrededor de unos 50 teatros (o alguno más) y me arriesgo a decir que igual programan danza el 50 o 60 % de ellos, el resto no.
De ese 50-60 %, la gran mayoría de teatros programan sólo tres espectáculos al año, en una programación que, en general, va de octubre a mayo aproximadamente. Hablo en líneas generales, luego habría que analizar caso a caso.
La danza en la calle se programa en verano. Así como el circo o el teatro de calle, tiene cabida en la programación de las fiestas de los pueblos, por ejemplo. Eso no sucede tanto para la danza contemporánea... La tradicional lleva otros caminos. La danza en la calle sobre todo se programa dentro de festivales. Y tampoco se programa tanto.
El público está predispuesto; de hecho, la gente en general no ve danza, y, cuando la ve, flipa. Claro que habrá gente a la que no le guste, como hay gente a la que no le gustan el teatro o la ópera o el pescado. Es cierto que, a veces, la gente no le da una segunda oportunidad... porque, ¿cuántas películas que no te gusta ves? Pero no por eso dejas de ver películas. ¿Cuánto mal sexo has podido tener en tu vida? Pero no por eso has dejado de tener sexo, ¿verdad? Pues con la danza, a veces, se es tajante: vi un espectáculo que no me ha gustado, y entonces considero que la danza no me gusta. No se debe juzgar todo un arte por sólo un espectáculo, ¿no?
A mí muchas personas me vienen después de un bolo, y me cuentan un montón de cosas, de la experiencia que han tenido, de la expresividad que han visto en escena, de lo que les ha provocado... Y no es a mí solo. La danza, el cuerpo... es universal. La gente conecta. A veces te dicen: "No sé ni qué he visto, pero me ha gustado. No sé qué me quería decir, pero me ha provocado una cosa aquí dentro...".
En 2012 creaste, junto con Jemima Cano DOOS Colectivo. ¿Qué es exactamente? ¿Cuáles son los ejes de vuestra labor como colectivo? ¿Cómo entendéis la danza?
DOOS se creó además de para producir espectáculos de danza, que es lo que yo venía haciendo cuando nos conocimos, para sacar la danza de la caja negra y llevarla a otros contextos, lugares, visiones... De hecho, DOOS es el acrónimo (a Jemima le encantan los acrónimos;) de Dance Out Of the Scene.
La danza la entendemos de una manera muy amplia, en el sentido de no solo hacer espectáculos, sino de cómo llegar a ellos, de investigar; de cómo llegar a las personas, al público, de cómo medir el grado de satisfacción del público, de qué maneras transversales utilizar la danza para llegar a ese público; de cómo podemos conectar el sector profesional con contextos estatales o internaciones, de cómo participar en foros, en asociaciones sectoriales... Gestionamos, además, Punto de Fuga donde pensamos maneras diferentes de usar la danza, no solo como oferta formativa, sino para establecer diálogos y contextos...
Es una labor muy amplia la que realizamos de DOOS. Gracias a Jemima y a su manera de ser y entender la danza, colaboramos con varios teatros para el tema de públicos, ella trabaja para instituciones llevando a cabo diferentes proyectos, secretarías técnicas..., gestionamos Punto de Fuga, impartimos clases, producimos espectáculos, investigamos... Hasta hemos publicado. Hacemos muchísimas cosas.
[Hasta el último baile. Foto: Eva Guerrero]
Háblanos un poco más del espacio Punto de Fuga. ¿Qué ofrece?
Punto de Fuga es un espacio enfocado a las prácticas del cuerpo y el movimiento, principalmente. Lleva desde 2003 en pie, y yo llevaré unos 10 años ya al frente, aproximadamente.
Por un lado, hay clases regulares semanales: danza contemporánea, Tai chi, danza africana y yoga. Por otro lado, a lo largo del año se ofrecen un par de residencias artísticas en las que se aportan 600 €, 7-14 días de uso del espacio y acompañamiento si la artista lo requiere.
Además, organizamos algunas actividades a lo largo del año: cursos, encuentros... Siempre con el cuerpo y el movimiento como eje principal, pero no necesariamente clases de danza, es decir, que también hemos organizado cursos de crítica de danza, autogestión cultural, distribución, etc.
Tenemos también una línea editorial, donde hemos publicado ya cinco libros: desde publicaciones de procesos creativos hasta nuestra publicación estrella: 10 mujeres que pusieron a bailar al mundo.
Seguro que este no será "el último baile" de Eva Guerrero. ¿En qué nuevos proyectos te gustaría embarcarte en el futuro?
A veces no os creáis que no pienso en que igual sí que hay un último baile, ya que, como voy contando, es un camino muy difícil, muy cansado, y te vas haciendo mayor y te preguntas: "¿voy a seguir aguantando todo esto de manera infinita? ¿Esta incertidumbre constante? ¿Estos tiempos marcados por el juego político y de subvenciones? ¿Esta precariedad? ¿Esta falta de actuaciones? ¿Este riesgo económico que como compañía estamos asumiendo constantemente? ¿Ya me compensa?". Si lo pones en una balanza, no sé yo... Es muy significativo que cada vez seamos menos compañías profesionales en Bizkaia, por ejemplo. Creadoras que tienen más años de experiencia que yo han ido cambiando el rumbo, dejando de producir, y no me extraña... es insostenible.
Me encantaría embarcarme en proyectos con unas condiciones ideales, como cualquier otra profesión. O que me llame un teatro para hacer una producción propia como sucede en el teatro, o que una compañía me escriba para dirigirles, o que una escuela me ofrezca una temporada de trabajo como coreógrafa invitada... y ya por pedir, vacaciones pagadas, pagas extras, bajas dignas, cesta de navidad.
(Especial publicado el 18 de febrero de 2026)