Amaia Ispizua, promotora musical: «El streaming no es la causa del cambio en el consumo de la música, sino la consecuencia de nuestra forma de vivir actual»

  • Amaia Ispizua, promotora musical: «El streaming no es la causa del cambio en el consumo de la música, sino la consecuencia de nuestra forma de vivir actual»

Amaia Ispizua lleva más de dos décadas trabajando en el sector de la música en vivo, en empresas como Syntorama y ahora Get In, donde es promotora. Pertenece a la junta directiva de las asociaciones MIE y Musika Bulegoa y es socia de MIM (Mujeres en la Industria de la Música) y APM (Asociación de Promotores Musicales). El 27 de noviembre impartirá un curso práctico online sobre booking. Hemos hablado con ella de cuestiones como la promoción en el ámbito musical, la autoproducción, el auge del streaming y la demanda cada vez mayor por parte de la gente de experiencias reales.


¿Qué hace un/a promotor/a musical? ¿Cómo te iniciaste en este oficio?

Un/a promotor/a musical, organiza, produce y financia eventos musicales en vivo, asumiendo el riesgo económico y la responsabilidad de los mismos.

En mi recorrido profesional he pasado por diferentes facetas alrededor de la organización de un concierto, como la comunicación o el ticketing, pero la promotoría es la que en mi opinión engloba prácticamente todas las áreas de organización de un evento, desde la búsqueda de propuestas artísticas, la contratación, promoción, ticketing, hasta la financiación.

Hasta hace unos años no existía ninguna formación específica en organización de conciertos, pero es cierto que la mayoría de la gente que me he encontrado en el camino ha aterrizado en este sector un poco por casualidad, compartiendo siempre el gusto por la música y el arte, y un cierto espíritu aventurero. Es habitual que la gente tenga formación en comunicación, idiomas, o empresa, y curiosamente, he encontrado a pocos músicos y músicas trabajando en promotoría. En mi caso, empecé realizando prácticas en el Jazzaldia de Donostia, primero en logística y después en comunicación, sin ser consciente aún de la magnitud de todo un sector que trabajaba alrededor de un artista, y poco a poco me vi involucrada en diferentes proyectos y empresas como Syntorama y Get In, que ahora están unidas, y en las que he aprendido todo lo que sé ahora.


En los últimos años el streaming ha cambiado radicalmente el negocio de la música. Abordaste ese tema en julio del año pasado en el curso "Música en streaming. El negocio de la música en la era digital y su preservación como manifestación cultural para el futuro". En él hablaste de los cambios que se están produciendo en la industria musical y de los retos a los que se enfrentan los y las artistas emergentes. ¿Qué destacarías?

Efectivamente, el streaming ha transformado de una forma radical la forma y la velocidad en la que consumimos música, y de alguna manera, refleja cómo vivimos hoy en día. Es decir, en mi opinión, el streaming no es la causa del cambio en el consumo de la música, sino la consecuencia de nuestra forma de vivir actual.

Destacaría como ventaja innegable del streaming la accesibilidad, tanto del público a todo tipo de música, como de los artistas al público global sin intermediarios. Y como consecuencia negativa, la gran saturación del mercado y la ansiedad de muchos artistas por llamar la atención entre tanto ruido. Además, la esclavitud impuesta por un sistema que paga cantidades demasiado bajas por escucha a los artistas (Spotify por ejemplo paga a los artistas entre 0,0025 y 0,0040 € por reproducción), abre un debate entre a la necesidad de tener un escaparate global en el que mostrar tus canciones, frente a la vulnerabilidad económica de los artistas.

[Autora de la foto: Irantzu Pastor]


Este auge del streaming parece estrechamente relacionado con las redes sociales. ¿Cuáles son las principales ventajas e inconvenientes de las redes sociales para los y las artistas actuales?

Hoy en día la exigencia a la que se somete a los artistas pasa no sólo por la composición de canciones, sino también por su capacidad para generar comunidad. En este plano, el streaming y las redes sociales plantean una forma de comunicación global, en la que, si no estás presente, no existes. Como contrapartida, las redes sociales permiten un vínculo directo con el público sin intermediarios, y la posibilidad de mostrar el contenido creativo en tiempo real.

En definitiva, como todo en la vida, la cuestión es encontrar un equilibrio entre concentrar los esfuerzos en el proyecto creativo, y utilizar las distintas plataformas y herramientas digitales para mostrarlo, sin que el proyecto dependa en exceso de ellas.


¿Dónde queda el trabajo de edición? ¿Qué función cumple el editor o la editora en la industria musical actual?

El papel de la editorial en la música sigue siendo de gran relevancia, aunque es cierto que ha cambiado mucho, diversificándose y adaptándose a las nuevas necesidades de las y los músicos. Las editoriales tenían antes una labor sobre todo ligada a la gestión de contratos editoriales, derechos de autor, registros... Ahora, además, buscan estratégicamente nuevas vías de explotación, como colaboraciones y coautorías, sincros, o internacionalización y posicionamiento a nivel global. En este sentido, la exigencia es más alta, ya que los editores deben de tener un gran conocimiento artístico, legal, administrativo y tecnológico a nivel internacional.


Los días 30 de septiembre y 1 de octubre se celebraron por primera vez los encuentros profesionales Must +Pro, donde participaste en una mesa redonda, junto a Fermín Lorente y Elías Gómez, sobre el nuevo papel de un/una manager en un ecosistema digital y global. ¿A qué conclusiones llegasteis?

Fue muy interesante compartir con otros compañeros del sector que, aunque desde ángulos muy diferentes de trabajo, al final, lo que más importa es la química entre las personas. Importan las canciones, importa la emoción e importan las personas. Son sentimientos primarios que poco tienen que ver con la digitalización. Además, es cierto que hoy en día un buen manager debe de ser un buen estratega, con una visión 360º que se adapte rápidamente a los cambios. Entre sus funciones está entender de comunicación digital, análisis de datos, derechos, sincronizaciones, financiación, alianzas institucionales y planificación estratégica. Su labor no se limita a conseguir conciertos o contratos discográficos, sino a acompañar al artista en la construcción de una trayectoria sostenible, ayudándole a decidir qué caminos tomar.


Hoy en día, un sinfín de artistas optan por la autoproducción. ¿Conocen lo suficiente los entresijos del mundo de la producción para sacarle todo el jugo a su trabajo? ¿Cuáles suelen ser sus mayores dificultades para hacerse un hueco en la industria musical?

La autoproducción es una opción muy interesante, pero hay que tener en cuenta que no es un modelo que se adapta a todo el mundo. Es cierto que ofrece la posibilidad al artista de controlar mucho mejor todas las facetas de su proyecto, pero a la vez requiere mucho esfuerzo y dedicación, y es imprescindible estar bien acompañado y asesorado. Cada vez hay más conocimiento técnico gracias a la democratización de las herramientas, y los artistas dominan mucho mejor todas las patas de su proyecto, lo cual es una grandísima ventaja, pero no todo el mundo tiene que ser bueno en todas esas facetas. Por lo tanto, opino que esta decisión de escoger su modelo de gestión es personal y depende absolutamente de cada artista.


El 27 de noviembre impartirás el curso práctico online "SGAE: Cómo hacer un booking de un proyecto musical". En él abordarás cuestiones fundamentales a tener en cuenta a la hora de realizar y llevar a cabo los trabajos de booking de un proyecto musical. ¿Por qué es tan importante el booking?

Saber planificar una gira, contactar con programadores, preparar materiales y negociar condiciones es tan importante como grabar o comunicar. Sin un booking bien pensado, es difícil que el proyecto sea sostenible en el tiempo. Este trabajo lleva mucho tiempo y esfuerzo, y como he mencionado antes, el artista muchas veces lo vive como un freno o un obstáculo a su necesidad de crear. Además, vender el proyecto de uno mismo nunca fue fácil...

Por eso, en este curso me gustaría ofrecer algunas herramientas prácticas para que los artistas o gestores puedan profesionalizar esa parte, entendiendo cómo funciona el circuito, cómo definir objetivos y cómo adaptarse a cada contexto.


El streaming tiene cada vez más cabida entre las formas de consumo de música del siglo XXI, pero al mismo tiempo la gente quiere más directos, quizá más que nunca. ¿Qué dicen los datos?

Efectivamente, los datos confirman esa aparente paradoja: nunca se había escuchado tanta música y nunca se había asistido a tantos conciertos. El streaming ha hecho que la música esté presente en todos los momentos del día —mientras conducimos, trabajamos, viajamos o cocinamos—, y eso ha ampliado enormemente la base de oyentes. Pero, al mismo tiempo, esa abundancia digital ha generado una necesidad de experiencias reales, que refuerzan los valores sociales, de compartir emociones y de vivir en comunidad.

En España, por ejemplo, el Anuario de la Música en Vivo 2024 (APMusicales) señalaba un aumento del 26 % en facturación respecto a 2019, con cifras récord tanto en grandes festivales como en giras medianas, con un incremento constante de aproximadamente un 20-25 % desde 2022. Es decir, el directo se ha convertido en el espacio donde el público reconecta con la música después de descubrirla en plataformas.

En resumen, lo digital y lo presencial no se oponen: se retroalimentan. Escuchamos en streaming lo que nos emociona en los conciertos, y vamos a los conciertos de lo que descubrimos en streaming. La clave para los artistas está en conectar ambos mundos.


Desde fuera, parece que el mayor auge se ha dado en los macroeventos musicales. ¿A qué se debe? ¿Cómo afecta esto a todo lo demás? Es decir, ¿qué lugar queda junto a ese tipo de eventos para las salas de música pequeñas, los grupos y solistas en euskera...?

Es cierto que los macroeventos concentran muchísima atención y recursos, y últimamente parece que sólo existen este tipo de eventos, pero es importante darse cuenta de que no pueden sostener por sí solos el tejido musical. Las salas pequeñas y los proyectos locales son el lugar donde todo empieza: donde se prueba repertorio, se crean escenas y se forman públicos.

Es muy importante tomar consciencia de esta realidad, y revalorizar ese circuito intermedio, del que los medios de comunicación y la sociedad parecen haberse olvidado, y crear condiciones justas y visibilidad para que convivir con los grandes festivales no genere una brecha cada vez mayor. En Euskadi, por ejemplo, hay una red de espacios con mucho potencial si se articulan mejor las ayudas y la comunicación.


Teniendo en cuenta lo visto y aprendido durante todos estos años, ¿cuáles crees que son los principales retos de la industria musical a corto y medio plazo?

Con la velocidad que nos marca la sociedad, la industria musical tiene varios retos urgentes que sin duda marcarán la dirección del sector a corto y medio plazo: en primer lugar, la sostenibilidad profesional, tanto económica como emocional, para artistas y equipos. Después, la inteligencia artificial, como herramienta que cuestiona la propia noción de autoría y propiedad intelectual. Puede ser una herramienta creativa muy útil, pero también genera conflictos éticos y legales cuando utiliza obras de otros sin consentimiento. Y también el equilibrio entre cultura y negocio, para que la música siga siendo una manifestación cultural y no solo un producto financiero.

El futuro pasa sin duda por formación, cooperación y nuevas formas de relación entre creadores, instituciones y público.


(Especial publicado el 18 de noviembre de 2025)