Gaua, tercer largometraje de Paul Urkijo tras los éxitos de Errementari e Irati, ha llegado a los cines. A pesar de estar metido de lleno en la promoción, Paul ha encontrado un hueco para hablar con Kulturklik. Esto es lo que nos ha contado.
Tu nombre y el cine de fantasía están inevitablemente unidos. ¿De dónde te viene esa fascinación por la fantasía? ¿Te imaginabas de pequeño contando este tipo de historias a través de películas?
La fascinación por la fantasía me viene desde muy pequeño. Por un lado, me encantaban las películas fantásticas que alquilábamos en aquella época: Veíamos películas como Legend, Jason and the Argonauts, Indiana Jones, The Dark Crystal, Labyrinth, Conan... y me encantaban. Por otro lado, recuerdo que cuando íbamos al monte nuestros padres nos contaban cuentos de la mitología vasca. Creo que ahí se me quedó grabado para siempre en la cabeza.
En mi entorno no había nadie que se dedicara al cine, y el mundo del cine era para mí como otro planeta. Además, en el Estado no se hacían películas de fantasía. Así que nunca imaginé que iba a ser director de cine. Siempre he dibujado; he contado historias en otros formatos. Cuando terminé el bachillerato estudié Bellas Artes, al principio con la idea de ser ilustrador, y allí me encontré con el audiovisual y el lenguaje del cine. Fue entonces cuando empecé poco a poco a hacer cortometrajes.
Tras realizar varios cortometrajes, en 2018 estrenaste tu primer largometraje, Errementari, que tuvo una gran repercusión, y en 2023 llegó el segundo, Irati, que supuso un hito en el cine en euskera; no en vano es la película en euskera que más dinero ha recaudado en la historia en salas de cine. Este éxito puede tener dos caras: por un lado, puede ayudar a abrir las puertas a nuevos proyectos, pero, por otro, puede generar mucha presión. ¿Cómo lo vives tú?
Por un lado, ayuda, claro. Tienes más credibilidad a la hora de mostrar un proyecto a los productores. Mis películas son difíciles de visualizar y, en cierto modo, también es difícil creer en ellas, ya que son complejas, en la medida en que incluyen fantasía y efectos. Así que, al ver que las anteriores han funcionado, los productores están más tranquilos a la hora de poner el dinero. Por otro lado, siempre hay un poco de presión, pero para mí lo importante es que la gente vaya a los cines, más o menos, pero que vaya, y que se emocione con la película.
Tras su su paso por Sitges y por la Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donostia, el viernes 14 de noviembre llegó a los cines Gaua, tu tercer largometraje. En nuestra tradición, la noche, la oscuridad, a diferencia de la luz, siempre ha tenido mala fama: se ha asociado con brujas, monstruos, miedos... Tú le has dado la vuelta a esa idea. ¿Qué representa la noche en esta nueva obra? ¿Qué cuenta la película?
Sí, en principio, la oscuridad siempre guarda monstruos, aquello que da miedo. Pero, al mismo tiempo, la oscuridad también puede ser el refugio de quienes llevan esas máscaras aterradoras creadas por los prejuicios. A mí los monstruos y seres de ese tipo siempre me han fascinado; creo que detrás de ellos puede encontrarse algo humano o empático. Detrás de esas máscaras grotescas siempre hay un corazón, alguien incomprendido que merece nuestra empatía y que también puede ser un espejo en el que ver nuestro reflejo.
Lo que hace Gaua es enviar un mensaje de libertad a todos esos monstruos de la noche y a las brujas que estuvieron en los akelarres. Tenemos en mente la iconografía de esas mentiras inventadas por la Inquisición: mantenían relaciones sexuales con el diablo, se comían a los niños y a las niñas... Sabemos que todo eso fue en definitiva un instrumento de represión, y lo que yo he hecho ha sido recoger esas mentiras creadas por la Inquisición, relacionarlas de una manera con la libertad y dotarlas de un nuevo significado.
Apartarse del camino previamente marcado todavía hoy se castiga con dureza. Así que, en algunas cosas, el siglo XVII y el XXI no están tan alejados, ¿no?
Sí, siguiendo lo que dice Gaueko, el dios de la noche, la película plantea en cierto modo que el día pertenece a los diurnos y la noche a los nocturnos. De alguna manera, la sociedad nos marca el camino correcto y, para volver a casa como Caperucita Roja, no tienes que salir de allí. Bajo esa luz vas a ser una persona correcta, bella, normativa, bien adaptada a la sociedad. Pero si no compartes esa idea, quizá prefieras apartarte del camino y sumergirte en la oscuridad, atravesar esa oscuridad para vivir o descubrir tu esencia, bajo la luz de la luna que nos muestra que todas las personas somos bellas, valiosas y perfectas.
Traído al presente, aquellos inquisidores de antaño también pueden encontrarse hoy con otra apariencia, con discursos conservadores y opresivos que nos dicen cómo debemos ser para encajar en su marco. También encontramos pueblos que han sido oprimidos a través de las mentiras.
El guion lo has estructurado siguiendo la idea de las conocidas muñecas rusas, es decir, dentro de un cuento hay otro y así sucesivamente. ¿Cómo has dado unidad a todo esto?
Yo, a través de la película, he querido rendir homenaje a los cuentos cortos de mitología que se cuentan junto al fuego —en este caso, en el lavadero—. Nuestra protagonista, Kattalin, huirá de su caserío y, en plena noche, se adentrará en el bosque hasta llegar a un lavadero. Allí encontrará a tres mujeres totalmente libres que están bebiendo y contando cuentos. La película está estructurada en cuatro cuentos. Esas mujeres contarán los relatos, y Kattalin se convertirá en la protagonista de ellos. Al final, estos cuentos se irán enlazando hasta llegar al climax. Para ello he realizado bastante trabajo técnico. Al principio escribí el guion de forma instintiva, pero después le he dado muchas vueltas. También lo he puesto en una estructura cronológica, para comprobar que no quedaban cabos sueltos. Ha sido un proceso bastante interesante, lo he hecho con gusto. En esos cuentos y capítulos se muestran algunos personajes y situaciones conocidas de la noche en Euskal Herria, y dentro de cada uno de ellos aparecen diferentes cuentos. He querido incluir en todos ellos infinidad de objetos, blasfemias, frases, etc.
¿Qué ha sido lo más difícil durante el proceso? Rodar de noche también tendría complicaciones, ¿verdad?
Lo más complicado siempre es conseguir dinero, eso es lo más duro, lo más pesado. Pero una vez obtenida la financiación, mis proyectos siempre tienen una dificultad añadida: por un lado, son históricos, y, por otro, tienen efectos, tanto físicos como digitales.
Además, siempre vamos a localizaciones reales (bosques, montañas...), porque creo que dan un golpe visual más realista y enriquecedor a la película. En este caso, además, lo hemos hecho de noche, lo que en parte ha aumentado la dificultad. Asimismo, tuvimos que grabar en un plató una pequeña parte final de la película. Recreamos un bosque donde grabamos un plano secuencia con más de doscientos figurantes, mostrando cómo la cámara se sumergía en un mar de cuerpos hasta llegar a una especie de invocación. Eso también tuvo mucha complejidad.
Has trabajado con un equipo de actores y actrices extraordinario. ¿Tuviste claro desde el principio quién iba a dar vida a cada personaje? ¿Ha sido difícil atraer esos grandes nombres al proyecto?
Cuando estoy escribiendo pienso en las caras, y mientras trabajaba en el guion de esta película pensé en Yune Nogueiras. La había visto en la película Akelarre y en la serie Intimidad, y de repente vi la mirada de Kattalin en los ojos de Yune. El personaje de Kattalin tiene un arco: al principio es alguien que está oprimida, con una mirada triste, emotiva; después tendrá una evolución, se empoderará y adquirirá una mirada llena de fuerza. Yo vi que Yune tenía eso. Además, el rodaje ha sido muy complicado, muy físico, y tenía claro que Yune también lo haría de manera excelente. La verdad es que ha hecho un trabajo impresionante.
En la película también hay un trío de mujeres formado por Ane Gabarain, Elena Irureta e Iñake Irastorza. Ha sido un auténtico placer trabajar con esas tres actrices míticas del País Vasco: había una química muy buena y lo pasamos genial. También ha participado más gente en el proyecto: Erika Olaizola, por ejemplo, ha creado un personaje impresionante y con mucha luz, Xabi "Jabato" López hace de Pello, un personaje que representa la masculinidad tóxica; Manex Fuchs ha dado vida a un Mateo Txistu impresionante, muy salvaje. Tampoco puedo olvidar a Elena Uriz, Laura Iturregi y Jon Juarez. Mención especial para Elias García, que ha dado vida a personajes de la mitología vasca en la película; ha sido un actor protésico, ha interpretado personajes muy complicados, y ha hecho un gran trabajo.
Al igual que tus trabajos anteriores, este seguramente tendrá un largo recorrido en las plataformas, pero ver obras como esta en las salas sigue siendo algo mágico. En ese sentido, tus películas son también una reivindicación de las salas de cine, ¿verdad?
Sí, claro. La aspiración de mis películas es que la gente las vea en la gran pantalla. Intento reflejar los estados mágicos y mitológicos de nuestro imaginario de la manera más épica y espectacular posible, y la mejor forma de disfrutar de ello es ver la película en pantalla grande, rodeado de gente; es decir, vivir junto al pueblo esos mitos y leyendas que forman parte de nuestra identidad. Después, claro, las películas llegan a las plataformas, y eso también es positivo, porque les da una vida más larga.
Se habla mucho del buen momento que vive el cine vasco. ¿Cómo lo ves tú desde dentro? Tú has optado por el euskera. ¿Hay espacio en las salas para las obras de aquí? ¿Y para las películas en euskera? ¿Y para las películas que cuentan historias de fantasía en euskera?
En realidad, el cine no está muy bien, cada vez va menos gente a las salas. Este año hemos tenido bastantes películas vascas, la cosecha ha sido abundante, pero el año pasado no fue así, y habrá que ver qué pasa el año que viene. No, la situación no es buena. Es cierto que tenemos ayudas –el Gobierno Vasco y ETB nos ayudan-, pero lo más importante es que la gente vea nuestras películas. Sabemos que lo que hacemos tiene que ser interesante para atraer al público y, como hemos elegido crear nuestras obras en euskera, están dirigidas a los y las euskaldunes. Tenemos que seguir luchando. Nada está hecho y, si nosotros paramos, el cine vasco desaparecerá. Así que tenemos que seguir peleando, militando. El público tiene que ver las películas en las salas, de lo contrario será difícil mantenerlo.
En cuanto a la narración de historias de fantasía en euskera, con Errementari e Irati se vio que funciona; el público las recibió muy bien, y espero que Gaua siga el mismo camino. Eso reflejaría que hay espacio para la fantasía en euskera.
Comenzaste tu camino de cineasta haciendo cortometrajes y, aunque tus tres últimos trabajos han sido largometrajes, nunca has dejado de hacerlos. En 2020, por ejemplo, estrenaste Dar-Dar, que recibió numerosos premios, en Sitges y Errenteria, entre otros lugares. ¿Por qué son tan importantes los cortometrajes? ¿Cuál es su punto fuerte?
Así como en la literatura hay novelas y relatos cortos, en el cine ocurre lo mismo: hay historias que funcionan mejor en corto; otras, en largo. Para mí, los cortometrajes son, ante todo, un formato de aprendizaje; al final, resulta más barato hacer una película corta, pero, además, cuando se trata de hablar de conceptos concretos, es mejor hacerlo en corto. Yo creo que un buen cortometraje se caracteriza por eso: tomar un concepto y trabajarlo bien, condensar la idea. En los largometrajes la evolución es mayor. Hay un camino más largo, los personajes pueden evolucionar mucho, puedes convivir con ellos. En hora y media puedes mostrar la vida de los personajes, compartir su evolución y desarrollar más el universo.
Mirando hacia atrás, ¿cómo valoras el camino recorrido? Aunque ahora sea el momento de ver qué acogida tiene Gaua por parte del público, seguramente ya estarás dando forma a nuevos proyectos. ¿Paul Urkijo aún tiene muchas historias por contar?
Estoy contento porque al final estoy cumpliendo algunos sueños que tenía de pequeño. Creo imágenes de mitología y, en parte, también me sirve para expulsar mis fantasmas. Estoy disfrutando. También estoy trabajando en nuevos proyectos. Seguiré por el mismo camino, haciendo fantasía. El siguiente proyecto se basará, en parte, en una leyenda de mitología vasca. Todavía tengo muchas historias por contar.
(Especial publicado el 17 de noviembre de 2025)
Fotos: Filmax (www.filmax.com)