En 2017, la bailarina y coreógrafa Janire Etxabe dio un salto desde la escalada a la danza vertical y fundó la compañía Dimegaz, que desarrolla obras audiovisuales, proyectos de investigación y obras escénicas para la compañía Harrobi Dantza Bertikala. Además, a través del proyecto Dingilizke impulsa iniciativas de mediación con el objetivo de acercar la danza vertical al público. El año pasado publicó también el libro Geure(R)a, nacido de la obra escénica homónima. Sobre todo ello —y mucho más— hemos conversado con Janire.
¿Cómo descubriste la danza vertical? ¿Qué te sedujo de ella?
La danza vertical me permitió conciliar dos de mis pasiones: el arnés y la danza, y eso me parecía fascinante. Pasaba prácticamente todos los fines de semana escalando. Me encanta estar colgada del arnés: en la roca, en la nieve... donde sea. Y fue precisamente a través de la escalada como llegué a la danza vertical. Un día, en un sector de escalada, me enseñaron por casualidad un vídeo de Antoine Le Menestrel. Me fascinó por completo. A partir de ahí decidí centrarme en ello: entrenar, formarme, viajar al extranjero y aprender de las personas pioneras.
[Aprendiendo con Antoine Le Menestrel en Venecia]
En 2017 creaste Dimegaz, y tres años después, en 2020, cuando una pandemia puso el mundo patas arriba, fundaste la compañía Harrobi Dantza Bertikala. ¿Cómo funcionan ambas estructuras?
Dimegaz y Harrobi Dantza Bertikala son dos estructuras distintas que nacen de una misma mirada. Dimegaz, creada en 2017, es la plataforma desde la que desarrollo mis proyectos personales, y también funciona como productora. Desde esta estructura se impulsan obras audiovisuales, proyectos de investigación que enlazan con las artes plásticas, creaciones escénicas para la compañía Harrobi Dantza Bertikala e iniciativas de mediación de Dingilizke.
Por su parte, Harrobi Dantza Bertikala, fundada en 2020, se centra en el desarrollo de creaciones escénicas. Cada creación cuenta con un equipo formado por bailarinas verticales, personal técnico y artistas de múltiples disciplinas.
Ambas estructuras tienen como objetivo difundir, a través de la danza vertical y suspendida, el euskera, la cultura vasca y la memoria histórica, entablando un diálogo entre el movimiento contemporáneo y las raíces culturales del territorio, y utilizando la naturaleza y la arquitectura como soportes del movimiento.
[Primeros aprendizajes en el exterior]
En el año 2021 estrenaste Harria Herria, un espectáculo que centraba su atención en la imagen de la mujer y que llegó a ser finalista en los Premios Max, en la categoría de mejor espectáculo de calle. Antes de convertirse en una obra de danza vertical, fue un cortometraje que recibió numerosos premios a nivel internacional.
Sí, y nos sorprendieron muy gratamente tanto los premios que recibió el cortometraje en el plano internacional como la mención que obtuvo el espectáculo en los premios Max. Cuando echo la vista atrás y recuerdo esos momentos, me emociono, porque fue un proceso muy difícil. Dejé prácticamente todo de lado para iniciarme en la danza vertical. Tenía mucho miedo y la inversión económica fue importante. Fueron momentos muy duros. Pero después empecé a trabajar con la compañía Harrobi Dantza Bertikala, con gran dedicación, y estoy profundamente agradecida a mi equipo. Ya llevo cinco años trabajando con la misma gente, y es un auténtico placer.
[Harria Herria]
En 2022 llegó Dendu, una obra que gira en torno al concepto de "equilibrio", desarrollada junto con el grupo Oreka TX, y en 2023 se presentó Geure(R)a, que cuestiona la memoria sobre las mujeres y que, al igual que Harria Herria, fue finalista en los premios Max. Son obras muy distintas entre sí. ¿Qué queríais contar en ellas?
En Dendu (2022) nos interesaba ahondar en el concepto de equilibrio. El propio título ya sugiere la idea de encontrar un punto de estabilidad entre fuerzas opuestas. El trabajo con los txalapartaris del grupo Oreka TX fue fundamental en ese proceso, porque la txalaparta es un instrumento vinculado al ritmo, al diálogo y a la escucha entre dos personas. Quisimos trasladar esa relación entre equilibrio, ritmo y colaboración al movimiento y a la conexión con el espacio escénico, en distintos niveles.
Por su parte, La obra Geure(R)a (2023) se centra en la memoria histórica de las mujeres. A través de la danza vertical, la poesía, la música y la imagen, la pieza reflexiona sobre el acoso que sufrieron aquellas mujeres acusadas de brujería, y también sobre la repercusión que esa mirada histórica sigue teniendo en la sociedad actual. Así, el espectáculo propone un viaje poético que enlaza pasado y presente, planteando una pregunta: ¿quiénes son hoy las brujas y quiénes las oprimen?
[Geure(R)a]
En el año 2025, en el Festival Loraldia, presentaste la versión completa en sala del espectáculo Atxine. En escena, una mujer con un tocado. Se trata de Janire Etxabe. ¿Supuso un gran reto actuar en solitario, tanto durante el proceso de trabajo como en el escenario?
Sí, sin duda. Ha sido un reto colosal. Atxine es un proyecto muy personal; al asumir el proceso de creación en su totalidad, pasé por muchas fases de investigación, incertidumbre y descubrimiento. Trabajar de esa forma proporciona mucha libertad para desarrollar un lenguaje propio, pero al mismo tiempo implica asumir toda la responsabilidad del proceso: desde el movimiento y la escritura de la dramaturgia hasta las decisiones escénicas. En este sentido, ha sido un camino duro y exigente, pero también muy enriquecedor.
Salir sola al escenario supone, además, un reto especial. En Atxine se entabla un diálogo entre mi cuerpo, mi tocado y un objeto que va adquiriendo diferentes significados a lo largo de la pieza, y que se convierte en un amigo escénico. Esta relación fue clave para construir la dramaturgia del espectáculo, ya que cada escena propone una forma diferente de interactuar con él, generando imágenes y situaciones diversas.
Al mismo tiempo, aunque haya una única presencia en escena, siempre digo que se trata de un baile en pareja, porque estoy directamente coordinada en todo momento con el personal técnico de altura. Las colaboraciones artísticas —como la de Garazi Etxaburu y la de Magalie Lanriot, por ejemplo— han sido muy importantes para mí, al contribuir al desarrollo de la pieza y aportar miradas externas muy valiosas. La presentación de la versión íntegra en un festival como Loraldia fue un momento muy especial, porque me permitió compartir con el público un trabajo de investigación íntimo que reflexiona sobre la memoria, la identidad y la transmisión intergeneracional, y porque la obra estaba perfectamente alineada con la filosofía del festival.
[Atxine]
También creáis espectáculos a medida para eventos y celebraciones, ¿verdad?
Sí, nos encanta realizar los Site Specific. Son trabajos que adaptamos a un espacio determinado o que creamos a medida. Nos cuentan el objetivo del evento, el tipo de público, el espacio... y a partir de toda esa información comenzamos a diseñar la propuesta. Hemos tenido la oportunidad de bailar en la inauguración de Euskararen Etxea, en la grúa Carola, en los hornos de Aizpea, en eventos privados, en aniversarios de varias empresas y edificios, y en la apertura de una exposición.
[Bailando en la grúa Carola]
Entre una producción artística y otra, siempre encuentras un hueco para las obras audiovisuales, situando la danza vertical siempre en el centro, eso sí. Muestra de ello son el cortometraje Iretargi (2022) y el documental Haize lerroak. ¿Qué te aportan las obras audiovisuales?
Las obras audiovisuales me permiten ampliar el lenguaje de la danza vertical y explorarla desde perspectivas que en escena no siempre son posibles. En ese sentido, proyectos como Iretargi o Haize lerroak funcionan también como espacios de investigación, en los que la danza vertical se relaciona con el territorio desde otra mirada. Los audiovisuales me permiten construir un relato más amplio. En el caso del documental Haize lerroak, además de mostrar las intervenciones realizadas en esos paisajes a través de la danza, se articula una historia que conecta el movimiento con el territorio y con la experiencia personal.
Muchas de las intervenciones artísticas que realizo, ya sea en solitario o acompañada por las bailarinas de Harrobia, se llevan a cabo en espacios naturales como montañas, cuevas, bosques o acantilados, donde no hay público. En esas ocasiones, el trabajo se desarrolla mediante una conexión íntima entre el cuerpo y el paisaje. Los audiovisuales me permiten registrar esos momentos y mostrárselos más adelante al público, compartiendo así esos momentos tan especiales vividos de manera privada.
El año pasado publicaste el libro Geure(R)a, inspirado en la obra escénica del mismo nombre, con textos de Toti Martínez de Lezea e ilustraciones de Eli Azurmendi. ¿Qué tipo de libro es?
Se trata de un libro que transforma la danza vertical en palabra, imagen y sonido. Fruto de la obra escénica de Janire Etxabe con Harrobi Dantza Bertikala, rinde homenaje a las mujeres que fueron quemadas en la hoguera durante la caza de brujas y hunde sus raíces en la memoria y cultura vascas. Cuenta con ilustraciones de Eli Azurmendi, prosa poética de Toti Martínez de Lezea y música de Juantxo Zeberio. La publicación ofrece una experiencia artística, dinámica y conmemorativa, potente y poética, y celebra la resiliencia y el poder transformador de las mujeres. El libro incorpora un código QR para escuchar la música de Geure(R)a, y otro QR que permite leer el libro en otras lenguas: castellano, francés, inglés, catalán e italiano.
El objetivo del libro ha sido presentar Geure(R)a en otro formato y acercar la danza vertical a diferentes públicos, en dialecto vizcaíno, claro.
[Portada del libro Geure(R)a]
A través del proyecto Dingilizke se ofrece la posibilidad de conocer la danza vertical y de formarse en ella. ¿Qué ofrecéis exactamente?
El proyecto Dingilizke tiene como finalidad acercar la danza vertical a diferentes públicos. Pretende ofrecer la oportunidad de descubrirla o de formarse en esta disciplina, partiendo siempre desde el euskera y la cultura vasca. Este proyecto se desarrolla en cuatro ámbitos:
Por un lado, está el proyecto educativo en centros escolares, dirigido al alumnado de Educación Primaria y Secundaria. El alumnado tiene la oportunidad de conocer de primera mano la danza vertical a partir de una experiencia real, mientras adquiere de manera significativa las competencias básicas.
Por otro lado, se ofrecen formaciones continuas e intensivas. A través de ellas, se brinda la posibilidad de aprender la técnica de la danza vertical con las integrantes de la compañía Harrobi Dantza Bertikala, Dimegaz y personas coreógrafas pioneras de otras compañías. Las clases son de carácter intensivo. Estos cursos se imparten en la escuela de circo Txitatoki en Gernika y en el frontón de Gautegiz Artega. Las formaciones intensivas, por su parte, se imparten en diversas localidades.
La tercera línea del proyecto la componen las charlas danzadas y las proyecciones audiovisuales. En ellas, el público puede ver en directo actuaciones de danza vertical o suspendida y conversar con las bailarinas de la compañía. También ofrecemos proyecciones de audiovisuales y coloquios.
Y, por último, están las formaciones en el monte. Ofrecemos formaciones intensivas en paredes de montes y en árboles, compartiendo los espacios naturales donde la compañía realiza sus creaciones coreográficas y brindando experiencias de fin de semana.
¿Cómo se puede atraer al mundo de la danza vertical a personas que solo tienen un conocimiento superficial de esta disciplina?
A través de nuestra oferta en el proyecto Dingilizke invitamos a la gente a probar la danza vertical, para que pueda sentir las emociones en su propia piel. En mi opinión, es una experiencia que merece la pena probar al menos una vez en la vida.
¿En qué estás inmersa en estos momentos?
Estamos preparando la temporada primavera-verano, ensayando a fondo los espectáculos de Geure(R)a y Harria Herria. Tenemos muchas ganas de conocer los edificios y frontones de los pueblos y de bailar en ellos. Hay muchas zonas de Navarra y de Iparralde que aún no conocemos, y nos encantaría mostrar también allí nuestro trabajo.
Además, estoy trabajando en la nueva producción para Harrobi Dantza Bertikala: Ainarak. En el siglo XX, aquellas mujeres atravesaban los Pirineos en otoño en busca de trabajo en la industria de las alpargatas de Maule. Salían del valle en octubre, vestidas de negro, y regresaban en mayo, cual golondrinas siguiendo los movimientos migratorios. Se cumple el quinto aniversario de la compañía y quería hacer algo especial: una producción de sala. Esta obra se adentra en el pasado y combina la danza de arnés con la danza contemporánea en tierra para narrar una historia de migración, sacrificio y resiliencia, inspirada en ese episodio histórico de la cultura vasca. En tierra bailarán Garazi Etxaburu, Leire Otamendi y Miren Lizeaga, mientras que las bailarinas de Harrobi lo harán con el arnés. Esta producción ha contado con el apoyo de Aiaraldea Ekintzen Faktoria y de la Diputación Foral de Bizkaia.
Por otra parte, en el ámbito personal, sigo inmersa en la investigación "Dilindatze. Gorputz eta objektu esekiak: interakzio eta eraldaketa berriak dantza esekiaren bidez" ("Dilindatze. Cuerpos y objetos en suspensión: nuevas interacciones y transformaciones a través de la danza suspendida"). Mediante sesiones de improvisación con objetos colgantes, estoy analizando los efectos que estos generan en el movimiento corporal. "Dilindatze" tiene una dimensión interdisciplinar, en la que las disciplinas se retroalimentan con audiovisuales, instalaciones y medios digitales. Se desarrolla en dos niveles: uno performativo, que explora la relación del cuerpo con los objetos en tiempo real, y otro de instalación, donde los objetos y los registros del proceso conforman un paisaje autónomo. El objetivo no es producir una pieza cerrada, sino abrir, como lenguaje escénico y poético, un campo de exploración sobre el potencial de transformación de la suspensión.
(Especial publicado el 25 de marzo de 2026)