Itxaso del Castillo, autora del libro "Mujeres furiosas": «Me interesa mucho la relación entre poder, feminidad y cuerpo»

  • Itxaso del Castillo, autora del libro "Mujeres furiosas": «Me interesa mucho la relación entre poder, feminidad y cuerpo»
    Varios ejemplares del libro

Itxaso del Castillo, profesora adjunta en el Departamento de Comunicación Audiovisual de la Universidad del País Vasco, obtuvo el año pasado el Premio Euskadi de Ensayo en Castellano por su libro Mujeres furiosas. El monstruo femenino en el audiovisual de terrordel que el jurado destacó que se trata de una obra que «aborda un tema original: el análisis del monstruo femenino en el cine de terror contemporáneo, enfatizando cómo las figuras monstruosas, en palabras de la propia autora, "cristalizan las definiciones contradictorias de la feminidad y su relación con el cuerpo y el poder"». Hemos tratado con Itxaso distintos aspectos de su investigación.


¿Qué te motivó a escribir Mujeres furiosas. El monstruo femenino en el audiovisual de terror y cómo surgió la idea de centrar el estudio en la figura del monstruo femenino en el cine? ¿En el proceso de investigación, ¿hubo alguna película o personaje que te resultara especialmente interesante para el enfoque que querías darle al libro?

El detonante para investigar sobre la mujer monstruosa en el cine y la televisión fue constatar que, como el terror siempre se había considerado "de chicos", había poco escrito sobre mujeres y terror. En esa relación me decanté por las monstruas, aunque en un primer momento investigué sobre qué directoras han hecho películas de miedo. Las monstruas son muy ricas en significados, lo que es alentador, aunque, paradójicamente, todo lo que leía hacía referencia a las conclusiones de Barbara Creed y su monstruoso-femenino, de los años 90 y de corte psicoanalítico. Pensé que muchas películas actuales, sobre todo las dirigidas por mujeres, no encajaban con ese modelo interpretativo y por eso me puse a ello. Teeth (Vagina dentata, Mitchell Lichtenstein, 2007) es una de estas películas, porque es una sátira de lo monstruoso femenino tal y como se ha promulgado desde la óptica psicoanalítica en el cine, y, aunque luego no la he incluido en el libro, sí me pareció que marcaba un cambio de época, no solo en lo referente a los estudios fílmicos sino en la representación de lo monstruoso, que aparecía ahora como una fuente de poder positivo. Me interesa mucho la relación entre poder, feminidad y cuerpo.

[Itxaso del Castillo]


Dices en la introducción que el monstruo cinematográfico, tradicionalmente masculino, "en el siglo XXI se hace mujer". ¿Qué factores crees que han impulsado ese cambio?

Lo que defiendo en mi libro es que lo monstruoso está muy ligado a que, en la actualidad, no sabemos qué hacer con el cuerpo. Vivimos una época en que el cuerpo se ha convertido en una carga, en algo obsoleto, frente a la virtualidad de lo digital. Como la mujer lleva sintiendo muy presente su corporalidad desde siempre, se ha convertido en el agente idóneo para encarnar lo monstruoso. Porque el monstruo muestra nuestras contradicciones, nuestras categorías en crisis, y si antes fue la división de clases, etnias, la sexualidad, ahora nos muestra nuestras contradicciones con lo corporal.


¿Qué es lo que diferencia a los monstruos masculinos y femeninos?

Depende de la época en la que se construyan y qué tipo de monstruo sea. El hombre lobo, por ejemplo, siempre ha sido una criatura que ha cuestionado la masculinidad; habla sobre ese estado primario y salvaje del hombre, algo atávico que debe controlar. Apenas hay mujeres lobo en la historia del cine, solo actualmente, y cuando las hay son parte de una manada (Bitten, 2014-2016) o se trata de una relectura metanarrativa del género (Ginger Snaps, 2000). En cambio, las brujas siempre han sido mujeres. De hecho, feminismo y brujería han estado vinculados desde las sufragistas, como símbolo de las mujeres que no se sometían a una sociedad injusta, que tenían poder.

Hay momentos del cine que las vampiras, por ejemplo, eran más la encarnación de un temor de los hombres respecto a la sexualidad desenfrenada de las mujeres que un miedo de origen femenino.

Lo bueno de los monstruos y monstruas es que siempre regresan. Por mucho que se les clave una estaca en el corazón, siempre regresan, para hablarnos sobre los miedos de la sociedad que les pide volver. Y ahora nos hablan también de los miedos de las mujeres.


Al comienzo del libro relatas un episodio vivido por la directora Julia Ducournau en una de las presentaciones de su película Crudo (Grave, 2016) que muestra a las claras que todavía hay quien considera que el terror no es cosa de mujeres. ¿A qué crees que es debido?

Porque violencia y mujeres solo se entienden cuando la mujer es la víctima. Expresar rabia y violencia no se considera femenino, cuando es una emoción humana que todos y todas tenemos.

[Imagen del interior del libro]


Hablas de diferentes tipos de monstruas. ¿Cuáles son? ¿Qué características tienen respecto a las monstruas de antes del cambio de siglo? ¿Hay alguna que consideres más representativa en estos momentos?

Hago una tipología que se divide en mujer-animal, no muertas (zombis y vampiras), brujas y malas madres. La mujer-animal comprende tanto las licántropas como las caníbales. En cada una de estas categorías echo la vista atrás para ver cómo eran sus antecesoras. Siempre escojo películas en las que ellas sean protagonistas; me interesa que partan ya de ese lugar de poder en la narración.

Cada época hace una monstrua: conflictos sobre la feminidad (La mujer pantera, J. Tourneur, 1942); la orientación sexual (La hija de Drácula, L. Hillyer, 1936); el colonialismo y el racismo (Yo anduve con un zombie, Tourneur, 1943); la bisexualidad y la liberación de la mujer (Las amantes del vampiro, 1970) o las mismas brujas adolescentes de la televisión como Sabrina, cosas de brujas, que se enmarcaba en el Girl Power como una representación del postfeminismo de la época.

Cuando finalicé mi investigación asistíamos al resurgimiento de las brujas, pero creo que ahora, en 2026, han perdido un poco de preminencia. Se han estrenado varias películas sobre la belleza (entre ellas The Substance) como una tortura disciplinaria, un espectáculo de Body Horror, hecho desde una óptica más femenina muy interesantes.


En tu análisis, te refieres no solo al cuerpo del monstruo, sino también al cuerpo del espectador o espectadora y al cuerpo fílmico. ¿Nos podrías explicar un poco en qué se basa esa centralidad del cuerpo?

En el cambio de siglo tuvo lugar un cambio de paradigma respecto a la experiencia fílmica. Desde los años 60-70, en los estudios fílmicos se ha dado centralidad al ojo, al placer visual del espectador (y lo pongo en masculino a propósito) que veía el film mediante la identificación con los distintos personajes. Sin embargo, nuevos teóricos y teóricas empezaron a hablar de la emoción y no tanto del placer visual, y algunas, en concreto Vivian Sobchack, postularon la experiencia de ir al cine como algo multisensorial, como algo corporal, enmarcándolo dentro de la filosofía fenomenológica. El sonido y la sinestesia que la imagen puede provocar en tus otros sentidos hace que disfrutes y entiendas la película con todo tu cuerpo. A este planteamiento se le suman más voces que llegan a hablar del cuerpo del filme, entendiéndolo como algo orgánico, que es muy difícil separar del cuerpo de la audiencia. El filme, según Laura Marks, por ejemplo, tiene una cualidad táctil; puedes llegar a tocar la textura que te propone con la mirada. El filme apela a los sentidos y se construye con ellos.

Esta propuesta teórica anula la distancia entre audiencia y película, que también es indispensable en los postulados especulares anteriores.

Creo que todo esto es especialmente cierto en el cine de terror, donde no asistimos a una experiencia racional ni verbal, sino a emociones sensoriales, que nos hacen entender cosas que no se pueden explicitar. De hecho, el cine de terror, como decía Clive Barker es el cine de los cuerpos; de eso trata: su decadencia, su mutación, su fractura y desgarro. Es el género que trabaja más profundamente lo orgánico, lo sensorial tanto en el filme como en el espectador. Aquí el sonido es clave.

En este juego de corporalidades, cómo se construye, se representa y se muestra el cuerpo de la monstrua es fundamental porque, como cuerpo cultural, cristaliza una subjetividad femenina muy basada en sus experiencias, ansiedades y terrores corporales.

[Itxaso del Castillo, Markos Zapiain, Koldo Biguri y Garazi Albizua junto Andoni Iturbe, Viceconsejero de Cultura del Gobierno Vasco. Fuente: Irekia]


¿Cómo crees que la presencia de más mujeres directoras o guionistas ha influido en las representaciones del terror y de las monstruas en el cine actual? ¿Cómo está cambiando el paradigma del triángulo víctima-héroe-monstruo tradicional?

Las mujeres que se han incorporado al terror están revitalizando el género al aportar perspectivas femeninas, como, por ejemplo, las de la maternidad tratada de una forma ambivalente en The Babadook, (Jennifer Kent, 2014) o incluso tomada con humor macabro en Prevenge (Alice Lowe, 2016). Apuntalan la construcción de un cine que, como decía De Lauretis, subvierte las representaciones tradicionales femeninas. Ya no hay damiselas que rescatar.

Mi propuesta de análisis se enmarca aquí en la pregunta de si los monstruos femeninos y las referencias a las experiencias femeninas, principalmente corporales, que realizan constituyen una nueva ruta en la construcción de una representación de la mujer como sujeto, que haga referencia a su verdadera subjetividad. Creo que efectivamente esto se produce y en un género que se consideró de "chicos" está siendo, paradójicamente, el lugar en el que cuestionar y sacudir la representación femenina en el audiovisual.


Según Jeffrey Jerome Cohen, el monstruo es un cuerpo de "cierto momento cultural", y en este momento los monstruos parecen más humanos que nunca. ¿Estamos ante la creación de un nuevo bestiario en el audiovisual actual?

Los monstruos eran, en el siglo XIX y XX, guardianes de lo que no se permitía hacer, tecnologías de la subjetividad tal y como describe Halberstam, que delimitaban lo debido de lo indebido. Pero el mal siempre estaba fuera de nosotros, eran los otros. Desde los años 70, lo monstruoso no está tan claramente fuera, ahora es ubicuo, oculto, camuflado, de límites fluidos. Simultáneamente, lo monstruoso va unido a la idea de la metamorfosis: colmillos que crecen, garras que aparecen en la luna llena..., un concepto que nos habla de potencialidad, de qué puedo llegar a ser. Los y las monstruas están llenas de posibilidades, se saben subversivas para con las definiciones rígidas del sistema cultural y tienen el encanto del outsider. Vivimos en una época de fascinación hacia los monstruos porque los sentimos más libres y poderosos que nosotras. Porque, ¿qué diferencia hay entre los superhéroes y los monstruos? Yo diría que, entre otras, es una diferencia del género cinematográfico en el que se enmarcan, pero considero que, como sociedad, tenemos ganas de poder. Sin ir más lejos, Sinners (Ryan Coogler, 2025), una película de vampiros afroamericanos en el racismo de entreguerras, se presentaba como favorita en la 98.ª edición de los premios Óscar.

[Itxaso del Castillo en el acto de entrega de los Premios Euskadi de Literatura 2025]


Recibiste el año pasado el Premio Euskadi de Literatura en la modalidad de Ensayo en Castellano. ¿Qué significa ese reconocimiento para ti y para la difusión de los estudios de género en el audiovisual?

Me quedé muy sorprendida al recibir el premio porque no es algo a lo que te presentes. Para mí ha sido un reconocimiento personal al trabajo ingente que he realizado y que a veces me preguntaba "¿y esto para qué?". Es muy satisfactorio comprobar que el esfuerzo sí tiene recompensa.

También me satisface que las investigaciones que ponen el foco en el trabajo de directoras o en nuevas formas de representarnos se valoren institucionalmente; son necesarias porque sedimentan un nuevo suelo sobre el que las siguientes generaciones pueden construir.


¿Estás ya trabajando en nuevas líneas de investigación?

Actualmente sigo con las monstruas, y he ampliado a varios tipos que antes había dejado atrás. Por un lado, las fantasmas, que hibridan con la crítica social, porque vienen a recordarnos traumas, injusticias que no pueden ni deben olvidarse. También existe un ramillete de películas sobre emigrantes y fantasmas que reescriben el género gótico sobre la base de creencias y referencias no occidentales, apuntando nuevos códigos de representación. Por otro lado, y como resultado de estas reflexiones, estoy con la idea del tiempo y los niños monstruosos, a veces representados como fantasmas, otras veces como poseídos; y su diferencia según géneros. También me gustaría escribir algo sobre el Black Horror. Me interesa mucho el terror como forma de denuncia social, lo social mezclado con lo sobrenatural.


(Especial publicado el 31 de marzo de 2026)