Tras obtener la beca Imanol Urbieta del Ayuntamiento de Zarautz, la pianista, pedagoga musical y profesora Itziar Pérez de Ciriza Macaya decidió convertir el vínculo personal que mantenía con Urbieta desde la infancia en el tema central de su investigación. Al adentrarse en su fondo personal, descubrió que, detrás del compositor ampliamente conocido, se encontraba un creador y pedagogo tremendamente prolífico, aspecto en el que ha profundizado en la tesis doctoral que ha defendido en la Universidad Pública de Navarra.
¿Qué te llevó a centrar tu tesis doctoral en la figura de Imanol Urbieta?
He estado vinculada a las canciones de Urbieta desde la infancia. El aita, aunque no sabía euskera, se las aprendía para cantarlas conmigo. Siempre estábamos cantando, y también en la ikastola. Son canciones que forman parte de la banda sonora de mi infancia. En 2020 obtuve la beca Imanol Urbieta del Ayuntamiento de Zarautz, y aquel vínculo tan personal se convirtió en el objeto de mi investigación. Pasé seis meses analizando su fondo personal y elaborando el primer inventario. A medida que iba abriendo las cajas, descubrí que detrás del conocido compositor había un creador y pedagogo sumamente prolífico. Sentí que estaba ante un auténtico tesoro, y comprendí que ese trabajo no podía quedarse a medio camino. Para entonces yo trabajaba como docente en la universidad, y observé que la tesis doctoral me permitía analizar en profundidad, organizar y poner en valor ese patrimonio. Por eso asumí el reto.
[Itziar, de pequeña, junto a su padre, con un libro de Imanol Urbieta]
¿Cómo has articulado tu trabajo?
El trabajo se articula en torno a tres ejes principales. En primer lugar, he reconstruido la trayectoria biográfica y musical de Urbieta, contextualizándola en el marco social, cultural y educativo de su época. En segundo lugar, he analizado su pensamiento pedagógico y sus recursos didácticos, identificando su forma de entender la música, la infancia, el juego, el cuerpo y el euskera. En tercer lugar, he recopilado, comparado y catalogado sus canciones, tanto las publicadas como las inéditas. Las tres partes están interrelacionadas, porque no cabe entender las canciones sin el contexto vital, escolar y social en el que fueron creadas.
Nos comentabas que el punto de partida de la investigación fue el acceso al fondo personal de Imanol Urbieta. ¿Qué encontraste allí? ¿Qué sentiste ante semejante hallazgo?
Encontré de todo: partituras originales manuscritas, copias, hojas sueltas, cuadernos que parecían preparados para una publicación, dibujos, cuentos, juegos y ejercicios didácticos. Algunas canciones estaban repetidas; otras llevaban distintos títulos o presentaban pequeñas variaciones; y muchas de ellas iban sin firma. El fondo no solo reunía un amplio repertorio de canciones, sino que también permitía conocer de cerca la forma de trabajar de Urbieta: cómo experimentaba, corregía, adaptaba y reelaboraba continuamente sus propias ideas. En un primer momento sentí un gran asombro. Encontré al Urbieta que todo el mundo conocía, pero también al Urbieta desconocido para la inmensa mayoría. Me sentí impresionada ante la grandeza del hallazgo, pero también entendí que tenía la responsabilidad de preservarlo, entenderlo y hacerlo más accesible.
[Imagen del día de defensa de la tesis. 27 de febrero de 2026]
¿Cómo ha sido el proceso de catalogación y organización de todo ese material?
Ha sido un proceso largo y muy minucioso, casi artesanal. En los 80 cuadernos y carpetas que componen el fondo personal registré un total de 3.643 partituras. El primer paso fue digitalizar todo el material y documentarlo en una base de datos. Después, ordené las partituras alfabéticamente, comparé los títulos y clasifiqué las distintas copias, versiones y variantes. Para ello he tenido que cantar, interpretar o escuchar muchas de las canciones, con el fin de identificar las versiones y determinar si, pese a llevar títulos diferentes, correspondían a la misma pieza o a otra similar. Al mismo tiempo, recopilé el material publicado en libros, discos, casetes, CDs y soportes audiovisuales, y lo crucé con el fondo. Gracias a ese trabajo, pude identificar 2.295 canciones diferentes del fondo personal y, tras compararlas con las editadas, comprobar que 1.701 de ellas permanecían inéditas. De esta forma, además de las 2.487 canciones publicadas, el último catálogo recoge un total de 4.188 canciones. Esas cifras reflejan la magnitud del trabajo realizado por Urbieta a lo largo de su vida.
¿Por qué gran parte de la obra de Imanol Urbieta ha permanecido hasta la fecha descatalogada y dispersa, sin ser objeto de estudios académicos sistemáticos?
Las causas son diversas. Muchos materiales fueron creados para dar respuesta a una necesidad o un proyecto específico: para una clase, para un programa de radio o televisión, por encargo de una editorial, para un trabajo colectivo... Las canciones se componían en muchas ocasiones para su uso, adaptación y reutilización, no pensando en su posterior publicación o en la elaboración de un archivo conjunto. Urbieta conservaba gran parte de ese material en casa, en cuadernos y carpetas que utilizó durante años.
Al fallecer Urbieta en el año 2016, su pareja, Kontxi Aizarna, analizando las posibilidades que ofrecía ese patrimonio, dejó varias cajas a disposición del Ayuntamiento de Zarautz. De ahí surgió la idea de crear una beca, gracias a la cual una parte muy importante del material que se conservaba en casa pudo salir a la luz. Además, muchas publicaciones se encuentran descatalogadas y dispersas entre bibliotecas, archivos y fondos privados, mientras que los catálogos institucionales presentan lagunas o datos contradictorios. Hay que señalar, por otra parte, que la música infantil y los materiales educativos en euskera no siempre han recibido la misma atención académica que otros repertorios. Por todo ello, existía un patrimonio ampliamente utilizado y muy valorado que, sin embargo, nunca había sido estudiado en su integridad.
[Fondo de Imanol Urbieta]
Para realizar tu trabajo has recogido el testimonio de varias personas. ¿A quién has entrevistado? ¿Con qué objetivos?
En realidad, no llevé a cabo entrevistas formales basadas en un cuestionario cerrado. Las relaciones que he mantenido en el curso de la investigación han sido mucho más cercanas y fluidas: conversaciones distendidas, llamadas telefónicas, intercambios de mensajes y charlas alrededor de un café. La referencia fundamental ha sido Kontxi Aizarna. También he tenido contacto directo con su hijo Joxean Urbieta, con Josu Txapartegi «Txapas» y con Jaione Eskudero, intérprete habitual de muchas de sus canciones. También he conversado con amistades y colegas de Urbieta, como Anjel Lertxundi, «Andu», y Toti Martínez de Lezea. Esta última trabajó con Urbieta en varios programas de televisión. También he recogido aportaciones realizadas por otras personas que participaron en su labor educativa, como es el caso de Malu Aduriz.
Esos testimonios me han ayudado a afinar la biografía, clarificar fechas y hechos imprecisos, comprender mejor su pensamiento pedagógico y constatar el origen o la autoría de varias canciones. He realizado, asimismo, una triangulación de los datos. Es decir, no me he limitado a recoger la información que me ha sido facilitada, sino que la he cotejado con otros testimonios, documentos, noticias de prensa o publicaciones. De ese modo, cuando fuentes distintas convergían en la misma información, he podido proporcionarla con mayor fiabilidad.
¿Cuáles son las principales claves de la propuesta pedagógica de Imanol Urbieta?
La primera de las claves es situar en el centro al niño o la niña: el punto de partida y el objetivo de la educación es la infancia, no el programa o método utilizado. La segunda es la centralidad de la canción, porque a través de ella confluyen la música, la palabra, el movimiento y la emoción. El juego, la creatividad y el cuerpo son también elementos fundamentales. Urbieta no concebía el aprendizaje como una actividad pasiva, sino como una experiencia que se vive actuando, probando y participando. Otro de los ejes principales es el euskera; no solo porque es la lengua de las canciones, sino porque genera un vínculo afectivo, cultural y comunitario. Y, por último, su pedagogía es flexible: no proponía recetas cerradas, sino que adaptaba las propuestas a las necesidades de cada niño o niña, grupo y entorno. Esa capacidad de adaptación era precisamente la clave del éxito de su método.
[Imagen del día de defensa de la tesis. 27 de febrero de 2026]
Desde el punto de vista pedagógico, ¿cuál es la idea principal que destaca tu tesis doctoral?
Resumiría la idea principal en una frase: la canción no era un recurso ornamental dentro de la escuela, sino la forma de articular todo el proceso educativo. Para Urbieta, todas las canciones tenían un objetivo, y todos los objetivos tenían una canción. A través de las canciones, fusionaba la música, el lenguaje, el cuerpo, la emoción, el pensamiento y la vida comunitaria. Y lo hacía siempre primando a la infancia: el niño o la niña no era el receptor pasivo de la actividad, sino la persona protagonista. Por eso creo que su contribución no es un método específico, sino una forma de entender la educación.
¿Cuál crees que es la mayor aportación de Imanol Urbieta para las generaciones futuras? ¿Qué puede aprender el profesorado actual a partir de su obra?
En mi opinión, su principal aportación no reside tanto en el volumen de canciones que compuso como en su capacidad para transformar la educación, a través de la música, en una experiencia viva, afectiva y comunitaria. A las generaciones futuras les dejó como legado, además de un repertorio de canciones muy bonitas, una forma de vivir el euskera, de jugar en compañía y de sentirse parte de una comunidad. El profesorado actual puede aprender de su obra, sobre todo, la importancia de mirar y escuchar al alumnado. No se trata de aplicar la misma fórmula a todos los grupos, sino de dedicar el tiempo necesario a observar, adaptar las propuestas y otorgar un espacio real al juego, la creatividad y el cuerpo. Su obra nos recuerda que incluso una canción sencilla puede dar lugar a un profundo aprendizaje cuando consigue conectar con el mundo del niño o de la niña.
¿Cuáles dirías que son las principales aportaciones y conclusiones de tu investigación, y qué nuevas oportunidades abre para el profesorado, el personal investigador y las personas amantes de la música?
Situaría las aportaciones en dos niveles. Por un lado, la investigación ha permitido reconstruir la trayectoria biográfica y pedagógica de Urbieta y poner de manifiesto que, además de ser un compositor ampliamente reconocido, fue una figura clave en el desarrollo de la pedagogía musical en euskera. Por otro lado, ofrece por vez primera una visión sistemática y unificada de su repertorio: 4.188 canciones diferentes, de las cuales 1.701 son inéditas.
Una de las principales conclusiones es que su propuesta pedagógica no respondía a un método rígido, sino a un modelo vivo y flexible que se adaptaba a la infancia y a cada situación. De hecho, muchos de sus principios siguen estando vigentes.
El catálogo abre nuevas oportunidades. El profesorado podrá acceder a un repertorio organizado y contextualizado; el personal investigador contará con una base más fiable para el estudio de la autoría, la educación musical, el euskera o la cultura, y las personas amantes de la música podrán recuperar canciones que permanecían fuera de su alcance o que les eran desconocidas. En definitiva, el objetivo no es consignar todo ese patrimonio en un depósito, sino volver a ponerlo en circulación.
[Libros varios publicados por Imanol Urbieta]
Desde 2018 eres profesora del área de Didáctica de la Expresión Musical de la Universidad Pública de Navarra. En tu tesis pones de relieve que la canción no es un mero recurso didáctico, sino que se trata de una herramienta que conjuga la música, el lenguaje y las emociones. ¿Qué lugar ocupa actualmente esa visión en las aulas? ¿Cómo se puede fomentar?
Considero que la canción debería ocupar un lugar destacado en el aula actual, especialmente en Euskal Herria, donde la tradición del canto ha tenido siempre una presencia importante. Pocos recursos consiguen activar al unísono la música, el lenguaje, el cuerpo, la memoria, la emoción y la relación comunitaria. Cuando cantamos en grupo, no solo aprendemos una melodía, sino que aprendemos a escucharnos mutuamente, a respirar al mismo ritmo e incluso a formar parte de la comunidad.
Para promover esa visión, la canción necesita un espacio también en el día a día, y no solo en festivales o en momentos de ocio. En la práctica, resultaría bien sencillo: bastaría con dedicar todos los días un ratito a cantar; asociar una canción a un cuento, una rutina o un tema que se esté estudiando; y permitir que niños y niñas se inventen gestos, versos, ritmos o nuevas versiones. No es preciso que el profesorado tenga una voz perfecta; la cuestión es generar un ambiente seguro en el que atreverse a cantar y favorecer la participación. La formación del profesorado debe incluir el trabajo de la voz, el conocimiento del repertorio y la confianza para guiar el canto. No se trata de recopilar muchas canciones, sino de vivir cada canción.
Por otro lado, observo que actualmente en algunas escuelas los niños y las niñas solo escuchan o ven las canciones a través de las pantallas, de una forma pasiva, y eso me preocupa. La tecnología puede ser muy valiosa, pero la canción no debe limitarse a la pantalla: hay que vivirla en la voz, en el cuerpo y en el grupo.
Finalizada ya la tesis en torno a Imanol Urbieta, ¿con qué te quedas? ¿Existe alguna línea o proyecto de investigación que te gustaría desarrollar especialmente en el futuro?
Me quedo, sobre todo, con la certeza de que Urbieta fue mucho más que un magnífico compositor: fue un gran pedagogo, convencido de que detrás de cada canción había siempre un niño o una niña, una necesidad o un propósito educativo. A nivel personal, a lo largo de estos años se ha convertido en un miembro más de la familia: en casa hablábamos constantemente de sus canciones, vivencias y partituras. Cualquier momento del día era bueno para cantar o probar los cánones de Urbieta con mis hijas. Nos hemos divertido mucho y hemos disfrutado enormemente. También ha habido momentos duros a lo largo de la investigación, pero puedo asegurar que, en general, he disfrutado mucho. Considero que el haber tenido la oportunidad de acercarme tanto a su mundo ha sido toda una suerte.
Sin embargo, la finalización de la tesis no supone el cierre del proyecto. En estos momentos estoy desarrollando un cancionero digital abierto junto con Kontxi Aizarna y su sobrina Julia Urreaga. Nuestro principal objetivo es poner ese patrimonio a disposición del profesorado, del personal investigador, de las personas amantes de la música y de la ciudadanía. Urbieta trabajó siempre al servicio del pueblo, y queremos poner su obra a disposición de la sociedad.
El sitio web permitirá realizar búsquedas avanzadas, y la ficha de cada canción incluirá el audio, la partitura y la información, siempre y cuando estén disponibles. Nos interesa especialmente digitalizar las canciones inéditas y revitalizar las descatalogadas. Muchas de ellas no cuentan con audio; por ello, nos gustaría invitar a grupos y artistas a realizar nuevas versiones, para que las canciones se puedan escuchar y cantar.
Considero que la tesis no ha sido un punto final, sino un punto de partida: una manera de devolver al pueblo todo cuanto yo he recibido.
[Especial publicado el 29 de julio de 2026]